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trabaja de secretaria en una pequeña empresa de Jaén. Como ves cada una por su lado. —Dales recuerdos de mi parte—la mujer se despidió de ella con mucho cariño. Cuando salió a la calle le sorprendió ver a otras dos chicas que conocía del instituto. No las había visto desde que se había marchado. — ¡Alma cuánto tiempo! Chica, ¿Cómo estás?—Lorena y Cecilia se habían criado con ella desde el colegio. Las jóvenes se abrazaron contentas de verse. —Yo muy bien, ¿Y vosotras? —Salimos del turno. ¿Qué tal el trabajo?—ella sonrió— . Cuando eras pequeña siempre lo decías y mira lo has conseguido. —Vosotras también, os ha tenido que costar mucho. Pero mira qué bien estáis ahora. ¿Y las demás? — Mira justamente estamos organizando una comida. ¿Te apuntas?– Alma dudaba, su trabajo no tenía horario fijo y no sabía si comprometerse —. Mira piénsalo y si quieres te acercas. Hemos quedado Segura. Cada uno llevara comeremos todos juntos. en el Nacimiento del Río algo preparado de casa y—No sé si podré, no tengo un horario fijo. De todas formas intentaré acercarme. Al llegar a su casa sus padres la esperaban para cenar y ella les contó con quién se había tropezado. — Al salir de la tienda de Lucía me he encontrado con Lorena y Cecilia. Trabajan de enfermeras y me han dicho que mañana han organizado una comida en el nacimiento —su madre la observó con calma. — ¿Vas a ir?—ella se encogió de hombros. — La verdad es que no lo sé. Todo depende si me llaman o no – mientras su madre llenaba los platos con una humeante y olorosa sopa, se acordó de lo que había oído—. Cuando estaba comprando me he enterado de algo muy interesante —su padre río de buena gana. — Si vas a la tienda de Lucía, acabas por saber todo lo que ocurre por los alrededores —Alma le miró casi desternillándose de la risa. Entre risas les contó lo del hombre que vivía en las montañas. — Pues si hay alguien en las montañas intentando criar caballos, es que está loco de remate. No me imagino cuando venga el mal tiempo y el hombre esté solo en ese lugar. Me pregunto si será el guardia civil.

Peligrosamente tuya raquel campos  

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