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Capítulo 3 Alma Septiembre 2013 (En la actualidad) Como todo principio, fue muy duro y le costó que la gente la tuviera en cuenta. Era raro encontrar una mujer veterinaria y los pastores de la zona no veían con buenos ojos a esta mujer a la que consideraban demasiado moderna. Pero poco a poco se dieron cuenta de que era una gran profesional y acabaron aceptándola. En un primer momento, puso la clínica en casa de sus padres. Una pequeña habitación en la parte de debajo de la casa le servía de consulta para algunas ocasiones, pero casi siempre se trasladaba. La ganadería en esa parte de Jaén iba muy unida a los rebaños de ovejas segureñas, siendo esos animales sus principales pacientes. Su vida se convirtió en lo que siempre había soñado. Adoraba su trabajo y era plenamente feliz, no podía pedir nada más. Así pasó el tiempo y cuando se quiso dar cuenta habían pasado casi dos años. El trabajo era duro y agotador, pues tenía muchos clientes y casi no tenía tiempo para sí misma, pero era feliz. Ayudaba a sus padres siempre que podía. Eso siempre fue un rasgo fuerte en su carácter. Un día, mientras hacía la compra en una pequeña tienda de su aldea, oyó la conversación de dos mujeres. Hablaban de un hombre que vivía solo en las montañas y estaba criando caballos salvajes. Alma no se lo creía, era imposible, en las montañas no había caballos y menos alguien criando. Se acordó del guardia civil del que le hablaron sus padres. Les preguntó por curiosidad. —Hola Lucía. ¿Estáis hablando de alguien que vive en la montaña?— la dueña se había alegrado de que volviera y había hablado de ella a los pastores de la zona. — Sí. Verás, llegó hace un par de años, no se relacionaba mucho con la gente ya que vivía a las afueras del pueblo. Solo venía una vez al mes y me parece que comentó que era del Seprona. — ¿Qué es eso del Seprona?

Peligrosamente tuya raquel campos  

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