Page 21

expedición del título y se lo mandarían por correo a su casa. No quería esperar ni un segundo más para volver a su tierra. Anhelaba todo desde hacía tanto tiempo que ya no aguantaba más la lejanía. Atravesó el campus para dialogar por última vez con la señorita Ramos. Tenía mucho que agradecer a esa mujer. Por ella, había hecho las prácticas y gracias a ello su nota había subido hasta un satisfactorio excelente que le hacía sonreír de manera boba. No había mucha gente por los alrededores cuando salió. Tenía un último lugar al que ir. Tenía que despedirse del doctor y darle las gracias por todo lo que le había enseñado. El calor empezaba a hacer mella en la ciudad y el sudor se escurría por su cuello. Era algo que anhelaba de su tierra, el clima. Allí no sudaba y el frío era el protagonista. Cuando entró en la clínica, le esperaban todos sus compañeros con una pequeña tarta de despedida. Los ojos de Alma se humedecieron, estaba contenta de haber compartido esos meses en su compañía. La felicidad se opacó al ver entrar a César con una sonrisa de autosuficiencia en el rostro. — Hola preciosa. Yo también quería despedirme de ti– esa chica había resultado dura de pelar y no había conseguido nada. Pero se había enterado de unas cosas y sabía que no era la última vez que la iba a ver. Esa mujer sería suya aunque fuera lo último que hiciera. — Hola–se giró hacia los demás—. Gracias a todos por estos meses. Ha sido muy especial para mí trabajar y aprender de todos. Gracias a vosotros puedo decir que soy veterinaria. La pequeña fiesta duró un rato y el doctor la acompañó al campus, según él quería charlar con ella de algunas cosas. Empezaron a caminar y Alma comprobó que el doctor estaba envejeciendo a pasos gigantes. — No quería hablar delante de todos–Alma le miró extrañada—. He visto cómo te mira César. No te fíes de su persona, es un hombre mujeriego que solo atiende al dinero y al placer. —Bueno, creo que ahora que me marcho pronto será muy difícil volver a verlo. Además no me llama su compañía. — Eso me alegra oírlo. Eres una chica demasiado lista como para enredarte con un hombre de su calaña. —Gracias doctor, pero en mi tierra

Peligrosamente tuya raquel campos  
Peligrosamente tuya raquel campos  

libro

Advertisement