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— ¿Qué has dicho? — Hoy estás un poco sorda. He dicho que si te gustaría vivir en Las Cruces —se quedó paralizada, nunca habría pensado que le pasaría una cosa así. Se lanzó a sus brazos y empezó a darle pequeños besos por la cara y por el cuello. — Síiiiiii, te amo tanto que me duele. He sufrido mucho estos días sin ti. —Yo también amor. — ¿Por qué me has hecho repetirte que eres preciosa? —Porque no me lo había dicho nadie hasta ahora, solían decirme mona y guapa, pero preciosa no — él la miró. Era dulce e impetuosa, y era la mujer de sus sueños. Epílogo Alma se paseaba arriba y abajo por el pasillo de la sala de maternidad. Hacía tres horas que estaban esperando. Llevaban un par de días de felicidad cuando llamó Oscar y le dijo a Héctor que Gloria estaba de parto. Alma le dijo que no les dijera nada de que estaban juntos, les quería dar una sorpresa. — Alma, cariño, párate ya. Me estás poniendo más nervioso todavía —ella se paró y se cruzó de brazos, cuando se hacía la enfadada estaba preciosa. Esos dos días con ella habían sido como el paraíso. Era feliz y no le importaba que a su alrededor se dieran cuenta. —Lo siento, pero no puedo evitarlo —a lo lejos apareció la figura de Oscar, iba todo de verde y cuando la vio se sorprendió. Al llegar a su altura la abrazó con fuerza. — ¡Alma, qué alegría verte! ¿Te ha avisado este antipático?—desde que había dejado a Alma en su casa no se habían hablado más que el día de la discusión. — Sí, este antipático la ha traído – Héctor enfatizó las palabras de Oscar. —Oscar, estamos juntos—dijo Alma con una sonrisa en su rostro. La cara de Oscar cambió de repente. — ¡Cómo me alegra! Ah, no os lo hedicho pero tengo un hijo guapísimo y… —Si es guapo, es que se parece a su madre—estos dos ya estaban como siempre.—Me muero de ganas por verlo, a él y a Gloria– Alma estaba muy nerviosa y quería ver ya a su amiga.

Peligrosamente tuya raquel campos  

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