Page 177

se relajó durante unos minutos bajo el grifo de la ducha. El agua caía sobre su cuerpo, intentaba dejar atrás todo, pero era imposible. Las imágenes se sucedían una y otra vez en su mente y cuando se metió en la cama para dormir, todo fue mucho peor. Recordó otra noche parecida, en la que los brazos de Héctor le habían abrazado durante toda la noche. Le había dicho que quería hablar con ella. ¿Podría ser que… Era incapaz de pensar en otra cosa y al fin se durmió pensando en él y anhelándolo con toda su alma. El infernal ruido del móvil la despertó. No sabía cómo había llegado hasta allí. La última vez se lo había dejado en el coche. Sonrió al ver quién llamaba. Gloria. —Hola. ¿Te he despertado?–por detrás se escuchaba la voz de Oscar, diciendo que era muy temprano. —No pasa nada, ya es hora de que me levante. —Oh, cariño. ¿Estás bien? Madre mía, cuando Oscar me contó anoche lo que había pasado me puse muy nerviosa, pero no me dejó llamarte. —Ahora estoybien, Gloria. Tan solo que…anhelo mucho a Héctor – Alma escuchó un bufido tras la línea. —No me hables de él. Ya tenía que haber hablado contigo, por dios. Lo deja todo para el final, cuando es lo más importante. —Al menos, antes de marcharse me dijo que teníamos que hablar. — Pues claro que tenéis que hablar. Ese bruto está colado por ti, pero le entró el pánico. Eso es lo que dice Oscar. Hace unos días todo el cuartel se enteró de que te quiere, pero claro… — ¿Gloria qué dices?–esa mujer era un manojo de nervios. Hablaba de forma tan rápida, que no llegaba a entender lo que decía. —Que te quiere y espero que te lo diga pronto y… —No voy a darle tiempo. Estoy harta. Ahora mismo voy a Las Cruces. — ¡Esa es mi chica! Decidida hasta el final. No lo dudes en ningún momento. Te quiere–esas palabras se colaron en su corazón como un soplo de aire fresco. Le quería. —Gloria, te dejo –sin esperar más, dejó el móvil sobre la cama y salió para hablar con sus padres. Era su vida y quería ser feliz, así que iba a coger las riendas de su destino. Héctor había pasado la peor noche de su vida. No paraba de pensar. Tenía que hablar con ella y pronto. No quería esperar más, pero Alma

Peligrosamente tuya raquel campos  

libro

Advertisement