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mañana de febrero, pensó que no lo lograría. Se sentía agotada en todos los aspectos de su vida. Si tenía pocos amigos, ahora con ese ritmo menos todavía, ya que no tenía tiempo de salir con nadie ni a tomar café. Se miró el rostro, sus ojos estaban algo hinchados por falta la de sueño y sus ojeras caían de forma alarmante dando a su mirada un aspecto horrible. Se recogió el pelo con rapidez en una cola de caballo y suspiró mientras recogía sus libros en un ciclón. El comedor estaba lleno de alumnos que charlaban entre sí, nadie la miró ni le hizo un hueco en su mesa para decirle buenos días. Cogió un chocolate y se sentó en una mesa que estaba libre. Sacó el libro de la asignatura que tenía a primera hora. Era una de sus preferidas y en la que tenía mejor nota. Bostezó mientras pasaba la mirada por las letras y trataba de recordar algo de lo que el profesor había explicado dos días antes. Cuando se tomó el desayuno, salió para entrar al edificio donde se alojaban las clases. Estaba tan ensimismada leyendo el libro de la materia que le tocaba, que no se dio cuenta de que la seguía alguien hasta que oyó una profunda voz que le sonaba de algo. —Hola Alma, ¿cómo te va?–la joven alzó la cabeza porque no conocía la voz que se dirigía a ella. Se sorprendió al ver al hombre de la clínica. ¿Qué hacía allí y a esas horas? —Bien, ¿qué hace aquí?–la forma directa en la que lo dijo le dejó claro que estaba delante de una chica con mucho carácter y que tenía las cosas claras. — Pensaba desayunar contigo – Alma abrió los ojos sorprendida, no estaba habituada a que le dijeran esas cosas. Pero había algo en ese hombre que no le gustaba. Empezó a meter el libro en la mochila y le miró. —Lo siento ya he desayunado, además mi primera clase comienza en…— Alma miró su reloj y le volvió a mirar— …cinco minutos y me gusta ser puntual. —A lo mejor otro día…—Alma suspiró, ese hombre no aceptaba una negativa. —Perdona, tengo clase hasta las dos y luego voy a la clínica, no tengo tiempo ni de hacer los trabajos que tengo que presentar… además no me gusta contar mi vida a un desconocido. Le dejó en medio del campus y se marchó hacia la clase. No pudo notar como el hombre sonreía complacido por su carácter. Alma no fue directamente a la clase, buscó su móvil para conectarlo.

Peligrosamente tuya raquel campos  

libro

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