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trabajaría los próximos seis meses. La clínica veterinaria estaba en un barrio no muy lejano al campus, podía ir a pie pues eran unas cuantas manzanas. Mientras caminaba observaba los grandes edificios, en esa zona eran muy altos. El lugar estaba franqueado por unas hileras de árboles que daban a la calle una imagen preciosa. No se imaginaba viviendo en un piso tan alto, nada más de subir la cabeza para mirar hacia arriba le daba vértigo. Cuando se presentó en la clínica, la mujer que había en la entrada la recibió muy contenta. Le acompañó hasta uno de los despachos para hablar con el jefe. El hombre que la miraba sentado en una silla tras una gran mesa, era muy parecido a su padre, pero un poco más joven. Su rostro reflejaba la sabiduría de la madurez y una sonrisa le dio la bienvenida. —Me alegra mucho tenerte entre nosotros Alma Robles. Tus calificaciones son inmejorables. Soy el doctor Giles. — Encantada doctor Giles, espero aprender mucho. —Seguro que sí. Tu horario será de cuatro a ocho de la tarde. ¿Te parece?–Alma sonrió al buen hombre.—Me parece muy bien. Mi última clase es a las dos. Me da tiempo de comer y venir andando. —Puedes quedarte esta tarde si quieres y si no empiezas mañana. —Oh, empiezo hoy si no le importa. He venido preparada. Preparada no era la palabra adecuada para el volumen de trabajo que tuvo. Nunca había pensado que las personas de una ciudad pudieran tener tantas mascotas. Estuvo muy ocupada. Ayudó a poner las vacunas a unos cachorros que no dejaban de moverse. Le encantaban los animales, pero esos perritos la sacaron de sus casillas con tanto ladrido. El dueño la miraba con resignación. Ayudó en el parto de una husky siberiana preciosa. Sus ojos eran azules como el mar y Alma se sintió sobrecogida por la estampa de los cachorros mamando de la perra. Fue una experiencia única. Estaba a punto de acabar, cuando llegó un hombre joven vestido con elegancia. Su rostro era de película, sus ojos azules llamaban la atención. Clara, la recepcionista le miraba embelesada. En ese momento, Alma salía de la unidad donde habían dirigido el

Peligrosamente tuya raquel campos  

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