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Sus padres eran unas personas muy sencillas, nada sabían de la vida en la ciudad ya que se habían criado en el campo, rodeados de animales y cultivos. Se alegraron mucho por ella, eso significaba que sus estudios marchaban muy bien y estaban muy contentos. Que no fuera posible ir a verles lo entendían, pero le advirtieron que querían que les llamara más a menudo por teléfono. Se contaron algunas cosas más y Alma les dejó. Cuando vio las imágenes en la televisión, se sintió perdida. Otro atentado. Se creía que el terrorismo había desaparecido de España, pero el mundo se equivocaba y golpeaban de nuevo cuando el gobierno se relajaba. Sintió pena por las vidas sesgadas de los dos guardias. Pensó en sus familiares, amigos…que no les volverían a ver nunca más y se sintió desprotegida. Quien hacía daño a los demás era porque quería y estaba embutido de falsas ideas políticas que lo único que hacían era trastornarlos. Y lo más horrible, era que a cualquier persona podría sucederle algo sin pensarlo. Se dirigió hacia las clases sacudiendo la cabeza. Ahora tendría esa sensación de miedo durante todo el día. En esos momentos caóticos, siempre acudía a su mente la paz de su tierra. El verdor de los campos, el azul del cielo y el vuelo magnífico de las águilas. Pero lo que más le gustaba, era la magnificencia multiplicaban del cielo nocturno. Las estrellas se en ese cielo carente de contaminación e incluso se podía apreciar la vía láctea. Parecía un gran cordón que cruzaba el cielo nocturno y que se perdía con la vista. Nada se podía comparar con ese gran espectáculo. Realmente el hombre era un ser insignificante si se comparaba con la magnificencia de las estrellas. Con el ánimo más calmado entró en el aula para encarar un nuevo día de estudios. 14 Enero 2011 Las prácticas habían empezado justo el mismo día que se había trasladado a una de las habitaciones del campus. La encargada del lugar le enseñó el que sería su hogar durante seis meses y le explicó los turnos que había para usar las duchas comunes. Alma tomó nota de todo, dejó sus cosas sobre la cama para arreglarlas más tarde y se fue al lugar donde

Peligrosamente tuya raquel campos  

libro

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