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Mientras conducía la moto de forma temeraria para dejar escapar el estrés acumulado por su cercanía, pensaba en cómo había cambiado su vida desde que la había conocido. Era una mujer capaz de trastocar la tranquilidad de cualquiera, y más por su vitalidad y su manera de ser fiel, sencilla e inteligente. Ese cóctel le estaba matando por dentro. La emisora empezó a sonar y tuvo que parar para contestar. —Puesto fijo aquí central. Cambio–Héctor sonrió al escuchar la voz de su amigo. —Central aquí puesto fijo. Cambio. ¿Cómo van las cosas? —Bien, iba camino del Picón del Galayo, esa zona la he dejado algo descuidada por el tema de los furtivos y quiero comprobar un disparo que escuché anoche. Además, me pasaré por la aldea que tiene el problema del agua. —Se me había olvidado por completo. El otro día se recibió una llamada de un vecino quejándose por la falta de agua en la fuente pública. —Me pasaré a ver si hay algún problema en el manantial. —Si se complica mucho el tema, le pasaremos el caso al Delegado de la Confederación Hidrográfica del Río Segura. —Si se complica es por los vecinos y sus cabezonerías. No he conocido a gente más terca que la de esa dichosaaldea. Mira que mis humos son perfectos para liarme… — una carcajada resonó al otro lado de la emisora. La emisora se cortó y el móvil empezó a vibrar dentro de uno de los bolsillos del pantalón. Sonrió. Este Oscar era un caso, como la conversación tomaba otro rumbo dejaba de lado el trabajo. —Miedo me da preguntarte por tu humor. No se deberá a cierta chica que te trae loco perdido –eso fue lo que le espetó nada más descolgar. Joder, no se perdía ni una. —No digas tonterías. Por cierto, ayer salimos a dar una vuelta y nos siguieron. Nos escondimos en el refugio del Campo del Espino. —Esos tíos van en serio. No quiero que te arriesgues más de la cuenta. Si ves que las cosas se complican me llamas. — Tranquilo, papá–a Héctor le hacía gracia el afán de protección que tenía su amigo hacia él, pero en el fondo lo quería como un hermano. En pocos años los dos se habían convertido en inseparables. —No te pases. Gloria quedó encantada con Alma. No para de decir que es

Peligrosamente tuya raquel campos  

libro

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