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que la deseaba. Lo había sentido en sus besos, en sus caricias y en la forma en la que su cuerpo había reaccionado ante su cercanía. Él notó su incertidumbre. — Ven, acércate y déjame que te abrace–ella asintió y se tumbó a su lado. Los poderosos y fuertes brazos le rodearon para protegerla—. Duerme tranquila, no pasará nada malo. Confía en mí–confiaba en él de una forma casi ciega. Cerró los ojos y dejó su mente en blanco. Tenía que dejar de pensar para poder dormir. El sueño venció a Alma entre esos confortables brazos. Héctor la dejó sobre la esterilla y le acarició la mejilla con los nudillos. No sabía por qué le había contado todo a esa mujer, que muy pronto a lo mejor ya no estaría con él. Solo se había dado cuenta de que era una oyente maravillosa, no le interrumpió y le miró a los ojos con atención durante toda su charla. Después lo que habían compartido había sido lo más erótico que había vivido en su vida. Había sentido la entrega de Alma y su ciega confianza. Los haces de luz despertaron a Alma, que miró el lugar donde se encontraba para hallarlo vacío. Héctor no estaba y eso le preocupaba. Iba a levantarse cuando la puerta se abrió y entró con una sonrisa que la dejó pegada en el suelo. — Buenos días, se nota que no tienes que trabajar–ella sonrió a su vez. No le importaba que le dijera tal cosa. Se sentó sobre sus piernas para mirar el reloj. Le hizo una mueca al ver la hora. —Son solo las siete de la mañana. Eres un quejicón. — Este quejicón tiene que hacer una patrulla y empieza dentro de una hora. Tengo que investigar el disparo de anoche y si abatieron a algún animal –ella le miró con sorna. Se le veía tan guapo y tan grande desde el suelo. —Vaya, parece que no soléis madrugar mucho–él volvió a sonreír. Se notaba que estaba de buen humor. —No más que un veterinario con ganas de trabajar–la joven rio la ocurrencia y el hombre se quedó embobado mirándola. — ¿Puedo acompañarte? —Esta vez no, lo siento. Te puedes quedar en Las Cruces y cuidar de los caballos –no le gustó nada el chantaje que había utilizado, pues sabía de su

Peligrosamente tuya raquel campos  
Peligrosamente tuya raquel campos  

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