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*** Cuando el coche del guardia civil salió por los caminos, los furtivos que ocupaban el otro, se sorprendieron. No esperaban que salieran y menos con el coche. Tenían que seguirlos de forma discreta, pero era imposible por esos carriles. Eusebio maldijo por lo bajo. —Tendremos que dejar el plan para mañana. Seguiremos buscando un lugar seguro para la noche– Pedro apretó los puños con furia. Por instancia suya, intentaron buscarles, pero varias veces creyeron verlos y creían que tenían una pista segura, pero al final desistieron. Esa noche se tomarían un descanso y al día siguiente volverían al plan. Pedro no pudo evitar que la rabia que la rabia contenida saliera a flote. Acerrojó el rifle, encaró el arma hacía el tronco de un pino y apretó el gatillo.

Peligrosamente tuya raquel campos  
Peligrosamente tuya raquel campos  

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