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Capítulo 14 Alma esperaba a Héctor, no podía creerse que hubiera estado tan bien a su lado. Pero sí, le gustaba ese hombre y le encantaba bromear con él. Lo vio aparecer de nuevo con algo en la mano, unas zanahorias. —Les llevaremos unas golosinas, no les he dejado salir hoy por miedo a que se pongan peor. Ella le miró divertida, le encantaba bromear con él y lo dejó claro con una carcajada que a Héctor le removió todas las células del cuerpo. —Seguro que están bien —estaban llegando a una gran explanada donde el caballo pastaba de forma plácida—. ¿Es aquí donde vas a hacer el cercado? —Sí, me gustaría hacerlo aquí. Voy a llamarlo para que venga y… — ¿Te hace caso como un perro? —él agitó las zanahorias delante de su nariz. —Más o menos, le encantan las zanahorias y vendrá a por ellas — ahora lo entendía. —Eres un tramposo, creía que hacías como ese hombre… Monty Roberts que acuden los caballos a su lado y… — No sabes lo que cuesta que un caballo haga eso. Se empieza por poco. Además señorita curiosa, te voy a enseñar una cosa que no ha visto nadie —ella enarcó una ceja divertida. ¿Le había llamado curiosa? Vio cómo se acercaba al caballo. El animal no huía, al revés cada vez se acercaba más a él. Era un ejemplar magnífico; su capa era castaña oscura y tenía brillo, sus crines eran preciosas y…. En libertad era todavía más espectacular, Héctor acarició al animal. No sabía si le iba a dejar, solo lo había conseguido en una ocasión. Pero montar sin silla era emocionante y espectacular. —Hola Trueno. ¿Cómo estás? Ves a esa chica. ¿Vas a dejar que te monte para impresionarla?—el caballo relinchaba como si le hubiera entendido. Desde lejos, Alma miraba fascinada a Héctor. Parecía que estaba hablando con el animal y que éste asintiera. Entonces, Héctor se agarró de las crines y de un ágil y potente salto se subió al lomo del animal. Era impresionante, estaba montando sin silla. Nunca había visto una cosa igual

Peligrosamente tuya raquel campos  

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