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de lo que dijera cambiaría el parecer de su amigo. — No voy a ir, puedes explicarle a Robles la situación. No la voy a dejar sola —la frase retumbó en la mente de Alma una y otra vez. No se lo podía creer, no la iba a dejar. Algo empezó a calentarle el corazón, un sentimiento que crecía imperturbable y límpido. Gloria sonrió al oír esas palabras, confirmaban lo que ella ya sabía. Ahora era el turno de que ellos lo descubrieran. — Bien amigo, hablaré con él en cuanto llegué a Santiago de la Espada—miró a su amigo, que se había perdido en unos ojos verdes —. Oye. ¿Nos vais a dar de comer? O nos tenemos que ir famélicos. Héctor emitió una carcajada que a Alma le heló las venas, era tan agradable oírlo reír. —Tú no cambias. Vamos a la cocina a ver qué podemos trazar — otra vez se fueron y las dejaron solas. — Esos dos son como niños; se quieren y se pelean de la misma forma—Gloria se giró para observar a Alma—. Me parece que lo ha dejado muy claro, ¿no crees?—ella se puso colorada. — ¿Sabes una cosa?–Gloria miró a su nueva amiga intrigada—. Antes de que vinierais, pensaba que Héctor tenía pareja y que vendría con Oscar. — ¿Y por qué has pensado eso? —Por la conversación que han tenido esta mañana por la emisora. Creo que ha sido un malentendido mío –Alma miró a Gloria—. ¿Tiene pareja? — ¿Crees que si tuviera pareja, yo te estaría animando?–Alma negó con la cabeza—. No pienses cosas raras. Él está solo y te ha estado esperando mucho tiempo. —Bueno, me quedo más tranquila. Gracias –Gloria le sonrió y se levantó. No aguantaba mucho tiempo en la misma posición. —Voy a ver si se aclaran. A lo mejor necesitan ayuda, ¿te apetece algo? — Sí gracias, si pudieras traerme un poco de agua— Gloria asintió, tenía una idea rondándole por la cabeza y sonrió para sí misma. Alma cerró los ojos, necesitaba descansar un poco después de todo lo que había pasado. Menos mal que todo se había arreglado, bueno todo no. No había hablado con él y tenía miedo de su reacción. Era curioso cómo su carácter cambiaba con esas personas, se notaba que las apreciaba de verdad y con ellas se relajaba. Gloria entró sonriendo a la cocina.

Peligrosamente tuya raquel campos  
Peligrosamente tuya raquel campos  

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