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—Estoy un poco enfadada con él. No me gusta que me manden lo que tengo que hacer. —Es normal, me sucede lo mismo. Pero… ellos son así. Su oficio les ha hecho ser duros y Héctor ha pasado por mucho. — ¿No me lo contarás verdad?– Gloria negó. — Es algo que Héctor tiene que exteriorizar para tratar de sanar por dentro, pues aún no lo ha olvidado –Alma se quedó preocupada—. Pero no te preocupes, conforme van las cosas entre vosotros, creo que muy pronto te lo contará. Creo que eres especial para él. — ¡Especial! ¿Bromeas?—No se puede enterar de lo que sientes por él. Porqué le quieres, ¿verdad?—ella asintió. —Quiero estar a su lado, me conformo con perderme en su mirada y… —Estás colada por él. ¿Me permites que te abrace? Para mí es como si fueras mi hermana. Las dos mujeres se abrazaron encantadas de haberse desvelado las cosas. — Vamos con ellos. Voy a echarte una mano con Héctor y… —Me gustaría que no hicieras nada, en el fondo quiero que se sienta atraído por mí. Aunque sea algo difícil — Gloria la miró extrañada. —Difícil ¿por qué? Eres una mujer preciosa e inteligente y… — Jamás me consideraría hermosa, solo guapa. Mira, he comprobado que los hombres no quieren a una mujer que trabaja y que conduce un todoterreno—Gloria estalló en una carcajada y Alma la miró sorprendida. —Claro cariño, es porque les da miedo que tú seas más fuerte que ellos. Pero a Héctor eso le da igual, es más, creo que busca a una mujer con esas cualidades. —No voy a imaginarme cosas que luego no puedan pasar. Los hombres como él no están con mujeres como yo, es así de simple. Gloria estaba segura de que hacían una pareja perfecta, ambos tenían el carácter fuerte y eran trabajadores. Además de que se atraían a simple vista.

Peligrosamente tuya raquel campos  

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