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defensa del ciervo me dijo que tendría que ver lo que iban a hacer y luego…eh… —Héctor la miraba, sabía lo que ese loco quería de ella—, él y yo íbamos a retozar. Yo me indigné y les pregunté a los demás si no iban a decir nada. Se enfadó y me agarró del brazo —se subió un poco la manga de la camisa que llevaba para que viera el cardenal. Él miró el tono violáceo de la marca de la fuerza que le había apresado el brazo. Pero sabía que había algo más y esperó paciente—. Me besó por la fuerza y yo me dejé caer y le mordí, es cuando me pegó. — Ese tipo es un canalla. No sabes lo que siento que hayas tenido que vivir eso. Mira, anoche mientras les vigilaba dijeron cosas sobre ti—él se las contó y ella se quedó todavía más aterrorizada—. Tienes que estar tranquila, aquí no van a venir. Estás a salvo. — ¿Y mis padres? ¿Les sucederá algo?–no podía evitar pensar en ellos y en su seguridad. — Cuando venga Oscar se lo diremos y nos dirá lo que tenemos que hacer. ¿De acuerdo?—ella asintió.—Voy a echarme un rato en el sofá, todo esto me supera. — Espera. ¿Quieres echarle un vistazo a Brisa?—ella se giró y lo miró. —Sí, claro. Vamos ahora mismo — Héctor rió, su risa sonaba grave y franca y a Alma le llenó el corazón. — Eres estupenda—iba a protestar pero no le dio tiempo, tuvo que seguirlo. Estaba sorprendida por lo que le había dicho. Estupenda, no preciosa, ni otra cosa más bonita. Alma le siguió, sus pasos eran rápidos. Se notaba preocupado por los animales. Esto era lo más cerca de él que iba a estar. Si fuera suyo no lo iba a dejar andar de un peligro a otro. Le tendría que garantizar que iba a estar bien. Qué bonito era soñar con que él era suyo durante unos segundos. Al abrir la puerta de las cuadras, sus dedos se rozaron. Héctor notó el contacto de esos dedos suaves y una oleada de lujuria le inundó el cuerpo. Jamás se había sentido tan atraído por alguien como por Alma. Cada una de sus inocentes acciones declaraba un estado de alerta en su cuerpo. Parecía que tenía un incendio en su interior. —Parece que no está peor, le daré otra vez el medicamento. Lo importante es que no ha tenido fiebre. Anoche vine a verla y…

Peligrosamente tuya raquel campos  

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