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*** El Land Rover llegó casi amaneciendo, sus ocupantes maldecían en silencio. Pedro era el que iba más enrabiado. — Ese guardia, se va a enterar. No puede jodernos el negocio con lo bien que nos iba a todos—Eusebio miraba a su hijo, estaba de acuerdo con lo del negocio pero no quería hacer daño a nadie. —Estoy contigo, pero no podemos hacer nada contra él —se quedó pensativo durante unos minutos—. Pero podemos hacer algo para obligarle a que nos deje en paz. —Papá, la chica. Podemos usarla contra él. Seguro que algo le importa y… puedo acabar lo que empecé. ¿Podré…? — Si ella se deja, me da igual si te la tiras o no. Solo la necesitamos para coaccionar al guardia. —Bien… —Pedro ya se imaginaba a Alma debajo de él luchando para que no la poseyera. Al joven Andrés no le gustaba el cariz que estaba tomando el asunto. Una cosa era ayudar al furtivismo y otra atacar a un guardia civil e intentar violentar a una chica. No, no le gustaban las cosas y en cuanto llegaron al pueblo se escabulló sin ser visto y fue a su casa. Pedro no podía reprimir sus ansías de sexo con Alma y fue a buscar a Juani. La joven trabajaba en un banco, era una chica de buena familia que creía que ese joven la quería de verdad. Cada vez que veía a la chica detrás de la ventanilla del banco no podía evitar ponerse duro de inmediato al observar sus escotes. Le hizo una señal y ella salió de la pequeña oficina. — ¿Qué quieres? Sabes que estoy trabajando y no puedo —la joven sintió la mirada de él en el escote. — Te necesito, por favor. Mira como estoy—se señaló la entrepierna y ella se mordió el labio. Pedro estaba encantado con esta chica, su amor por el sexo era igual al amor que creía tener por él. —Espera, voy a decir que salgo a almorzar —Pedro siguió el movimiento de su culo como hipnotizado. A los diez minutos el todoterreno estaba aparcado en un campo alejado del

Peligrosamente tuya raquel campos  
Peligrosamente tuya raquel campos  

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