Issuu on Google+

Tochimilco:

luz, memoria y honor


Tochimilco:

luz, memoria y honor


Taller Producci贸n de Reportajes Gr谩ficos

Tochimilco: luz, memoria y honor Impartido por Rodrigo Cruz en Tochimilco, Puebla.

Edici贸n:

Rodrigo Cruz y Lizeth Arauz

Texto:

Juan Carlos Aguilar

Dise帽o:

Patricia Gasca


Tochimilco: luz, memoria y honor Taller Producción de Reportajes Gráficos Impartido por Rodrigo Cruz en Tochimilco, Puebla La captura fotográfica se da en un instante excepcional, irrepetible, que no acepta titubeos ni improvisaciones. Existen, desde luego, momentos de buena fortuna, como estar en el lugar idóneo, pero incluso en esas circunstancias se requiere de un profundo dominio técnico y de una intencionalidad clara para obtener una buena imagen. Más que golpes de suerte, una fotografía certera exige una planeación de producción en torno a los conceptos que se quieren transmitir. Es necesaria una metodología -un plan de trabajo- y una definición ideológica: ¿Qué queremos contar y de qué modo? También es indispensable tener mucha paciencia para tomar una fotografía en el momento oportuno. Ya lo dice la primera máxima: no disparar si antes no se han observado cuáles son las mejores posibilidades informativas y estéticas. Pero entonces, ¿cómo contar una historia de manera adecuada? Ese fue el punto de partida del taller “Producción de Reportajes Gráficos”, impartido por Rodrigo Cruz -quien es corresponsal en México para The New York Times- en Tochimilco, Puebla, en noviembre pasado. El propósito: crear, en tres días de intenso trabajo, un fotorreportaje sobre las celebraciones del Día de Muertos que ahí se realizan. Fue una labor ardua. Durante el primer día los seis talleristas fotografiaron decenas de elementos en torno a dicha celebración: altares y vendedores de flores, paisajes y fachadas, así como aspectos del panteón y de la vida cotidiana. Hubo mucha sorpresa y emoción. Después de cinco o seis horas, parecía que todo había sido fotografiado, que no había nada más por explorar. Nada más falso. Después de esa primera jornada, y luego de hacer una selección del material, abundaron las imágenes repetidas y, a cambio, hubo graves faltantes en la narración que se construía. Se vió mucho pero se observó poco. Rodrigo Cruz -fotógrafo perfeccionista y riguroso- fue claro: “Todo forma parte del tema, porque todo ocurre en un mismo espacio”. Así, los niños jugando en la calle, los músicos en

el panteón o la vendedora de antojitos son parte sustancial del reportaje. Una primerísima lección para construir adecuadamente la historia. La otra lección, que Cruz aplica en cada asignación, es: encuadrar de la manera más precisa posible desde la propia toma. “Si hay que recortar la fotografía, entonces ésta no era realmente buena”, afirma. Él no recorta y post-produce muy poco sus imágenes; trata de lograr desde la toma el resultado final de la imagen. Luego de dos días en los que se tomaron cientos de fotografías, vino lo más difícil: la selección. De un conjunto de 500 imágenes, se eligieron 10 para quedarse sólo con 5 finales. Fueron escogidas las más contundentes en términos informativos y estéticos. Una imagen floja puede estropear el reportaje. Esa fue la tercera lección. Las imágenes que se muestran a continuación son resultantes de este taller y, en la medida de lo posible, reúnen estas tres lecciones de oro… Juan Carlos Aguilar. Periodista y alumno participante en el taller.


ARLETTE ramos


Uno de los altares que pobladores de Tochimilco, Puebla, elaboran para la celebraci贸n de D铆a de Muertos.


El cempasĂşchil se utiliza para enflorar las tumbas el 2 de noviembre, DĂ­a de los Santos Difuntos.


Aspecto del altar dedicado a Natividad Duarte, quien muri贸 a los 101 a帽os. Cinco generaciones lo despidieron.


Los retratos familiares ocupan un lugar sustancial en las vistosas ofrendas.


La familia Ministro Mu帽oz posa, orgullosa, junto al altar que realiz贸 en honor de Don Ascencio Ministro.


LARRY haras


Familias completas acostumbran visitar las tumbas de sus familiares. AhĂ­ comen, beben y evocan a sus muertos.


Los vistosos altares se elaboran durante varias semanas, segĂşn el tamaĂąo, y pueden costar hasta 30 mil pesos.


Una mujer hace los Ăşltimos arreglos a las flores que colocarĂĄ en la tumba de su familiar fallecido.


Los primeros dĂ­as de noviembre, Tochimilco no duerme: pobladores dedican dĂ­a y noche a sus queridos difuntos.


No parece que sea de noche. Los cientos de velas y cirios iluminan los hogares en este peque単o pueblo.


ELENA galeana


En estas fechas, habitantes de Tochimilco acostumbran embellecer las tumbas de sus venerados difuntos.


Una mujer se dirige a casa luego de visitar las ofrendas que realizaron amigos y familiares.


Bebidas, frutas y adornos de papel picado son elementos que caracterizan a los altares que se realizan en DĂ­a de Muertos.


Habitantes visitan las casas de los vecinos y, con profundo respeto, rezan por la memoria de los ausentes.


Familias abren las puertas de su casa desde la ma単ana, muy temprano, y hasta ya entrada la madrugada.


LUIS FEliPE l贸pez


Detalle del interior de una casa, durante la celebraci贸n de D铆a de Muertos en noviembre pasado.


Durante la festividad, no puede faltar el pan y champurrado que se ofrece a todos los pobladores.


Los hogares, convertidos en verdaderos santuarios, congregan durante tres dĂ­as a familiares y amigos.


Detalle de un altar elaborado con papel picado, tĂŠcnica que algunas familias cultivan en Tochimilco.


Arreglo de una tumba en el pante贸n del pueblo con cempas煤chil, flor distintiva en esta festividad.


JUAN C ARLOS aguilar


Desde muy temprano todo est谩 dispuesto para recibir a los visitantes durante esta celebraci贸n.


En la cocina comienzan los deliciosos preparativos: cafĂŠ, chocolate, tamales, pan y, desde luego, el infaltable mole con arroz.


Los niĂąos tambiĂŠn forman parte de esta peculiar celebraciĂłn, como las brujitas de la imagen.


Habitantes de Tochimilco aprecian un altar, hecho a mano, que contiene la comida que el difunto disfrutaba en vida.


Cae la noche, pero no el รกnimo: ยกla memoria de los ausentes estรก muy viva!


DANIEL pérez


Atardecer en el Ex Convento Franciscano de la Asunci贸n de Nuestra Se帽ora, del siglo XVIII, en Tochimilco, Puebla.


De madrugada, familiares y visitantes recuerdan a sus difuntos mientras beben cafĂŠ de olla.


Detalle de un bello altar de tres niveles, hecho a base de papel picado, con comida y retratos del difunto.


Sin distinci贸n, ni帽os, adultos y ancianos visitan las diferentes ofrendas durante la celebraci贸n de D铆a de Muertos.


Y en el panteón… música, comida y flores. Una alegre fiesta dedicada a los que ya no están.


http://www.exposito-photo.blogspot.mx/

www.rodrigocruz.com



TOCHIMILCO: Luz, memoria y honor.