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NUESTRA PROPUESTA EDUCATIVA APRENDER A APRENDER PARA TODA LA VIDA; APRENDER ESTRATEGIAS PARA APRENDER Y CREAR CONOCIMIENTO.

El Colegio “San Agustín” es la historia de hombres de buena voluntad que vinieron del norte… y que levantaron el templo de Dios; y junto a él, el templo del saber; piedra sobre piedra, ladrillo sobre ladrillo…

Un modelo pedagógico es una representación simplificada de las relaciones que predominan en la dinámica enseñanza-aprendizaje; es una herramienta conceptual –una perspectiva pedagógica- que nos guía en la formación integral del ser humano. Es un paradigma. Los modelos pedagógicos cambian de acuerdo a las exigencias de la sociedad, el avance científico y tecnológico. Un paradigma cambia cuando ya no resuelve los problemas de su época. Evidentemente nuestros modelos del siglo XIX y XX ya no son pertinentes para el siglo XXI. La “educación para toda la vida” se presenta como una llave de acceso a este mundo globalizado de la sociedad del conocimiento del siglo XXI. No podemos negarnos a la relevancia del “aprendizaje a lo largo de toda la vida”. Jackes Delors en su informe “La educación encierra un tesoro” (1996) concluye que la única forma de satisfacer estos cambios en nuestros paradigmas tradicionales es que todos aprendan a aprender. Pero además surgen otras obligaciones tras el profundo cambio de los marcos tradicionales de nuestra existencia, la de comprender al otro, comprender mejor el mundo. Surgen exigencias de entendimiento mutuo, de diálogo pacífico, de armonía. El informe insiste en que debemos aprender a vivir juntos conociendo mejor al otro a los demás, su historia, sus tradiciones y su espiritualidad; crear juntos un espíritu nuevo que impulse la realización de proyectos comunes o a la solución inteligente y pacífica de conflictos, y a un análisis compartido de los riesgos y retos del futuro.

APRENDER ESTRATEGIAS PARA APRENDER Y CREAR CONOCIMIENTO Un alumno estratégico es aquel que ha aprendido a observar, buscar, procesar, almacenar, recuperar, evaluar, planificar; para aprender conocimientos y controlar sus propios procesos de aprendizaje. El alumno estratégico sabe cómo aprender, conoce sus posibilidades y limitaciones y, en función de ese conocimiento controla y regula esos procesos de aprendizaje para adecuarla a la tarea.

Hoy, en la sociedad, donde la información sobrepasa nuestros límites, es impensable que nuestros alumnos puedan aprender en el Colegio todos los conocimientos que necesitarán en su vida


futura. Es imprescindible que nuestros estudiantes “aprendan a aprender” porque necesitarán seguir aprendiendo toda la vida; es decir aprendan estrategias para aprender conocimientos. Tenemos que formar aprendices estratégicos. Pero esta formación no basta. Tiene que aprender sobre todo a discernir la voluntad de Dios. Aprender a discernir es cultivar una actitud fundamental de libertad delante de todas las cosas; aprender a ver que todo es transitorio, pasajero, excepto Dios. Aprender a discernir es crearse una postura fundamental de oración. La cual en términos teológicos significa poseer un espíritu de fe, esperanza y caridad. Una fe que deposita el fundamento de las cosas en Dios. Esperanza para creer que Dios es fiel a sus promesas. Caridad para saberse inmensamente amado por Dios; como consecuencia es fácil amar a los otros.

EL ESTILO AGUSTINIANO San Agustín nos oferta no un recetario, sino un estilo. Un modo de SER más que un simple “saber estar”. El modo de ser de su propia experiencia de hombre “en camino”, buscador incansable de Dios y de sí mismo, y el estilo peculiar de su “ser con los demás”, a la escucha del único Maestro y en condiscipulado coherente con todos los hombres.

Además, para enfrentar este mundo tan cambiante, la escuela no puede limitarse sólo a incorporar las nuevas tecnologías a las aulas o manejar adecuadamente los nuevos lenguajes icónico e informático. Tampoco puede limitarse sólo a proteger a los alumnos como personas y ciudadanos de los contravalores de los avances de la ciencia y la tecnología y de la globalización. Tenemos que formarlos para la vida.

Como Institución Educativa Cristiana, Católica al estilo Agustiniano estamos conscientes de estos cambios constantes, profundos y los retos del mañana; diariamente afrontamos desafíos de una magnitud desconocida y de un tipo completamente distinto exigiéndonos competitividad y excelencia. Pedro Rubio Bardón, OSA

El Ministerio de Educación Pública nos plantea “un Diseño Curricular inclusivo, significativo, que responda a la diversidad socio cultural y a las exigencias del siglo XXI. Un Diseño Curricular que plantee con claridad y criterios de secuencialidad y articulación el desarrollo de competencias básicas en los estudiantes a lo largo de su desarrollo hasta concluir su Educación Básica Regular y que responda al Proyecto Educativo Nacional al 2021 (PEN)”


Nuestro Diseño Curricular asume estas exigencias y plantea la formación integral de personas competentes. La formación integral –el paradigma de la persona completa- es nuestra ventaja competitiva en el ámbito educativo pero la tenemos que armonizar para un tiempo de constantes cambios. La educación por competencias parecería una novedad pero no lo es. La acepción ha variado. El término competencias tiene interpretaciones conductistas, propias de la sociedad industrial; tiene significaciones constructivistas propias del siglo pasado ¿cuál es la que corresponde al Siglo XXI? Competencia es un término de fronteras borrosas, es un término polisémico. “La competencia es la capacidad de responder a las demandas y llevar a cabo las tareas de forma adecuada. Surge de la combinación de habilidades prácticas, conocimientos, motivación, valores éticos, actitudes, emociones y otros componentes sociales y de comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción eficaz”. (Informe del Proyecto de Definición y Selección de Competencias (DeSeCo) de la OCDE.) “Conjunto integrado y coordinado de estrategias para resolver una demanda específica correspondiente a un contexto habitual de la actividad humana”. (Carles Monereo) CONTEXTO EDUCATIVO: gestión del conocimiento y el aprendizaje (ser un aprendiz permanente). CONTEXTO FAMILIAR Y VECINAL: convivencia y relaciones interpersonales (ser responsable y solidario). CONTEXTO PROFESIONAL: acceso al mundo laboral (ser eficaz y eficiente). CONTEXTO PERSONAL: autoestima y ajustes personales (ser feliz).

Para la Comunidad Educativa Agustiniana, las competencias significan una actuación integral -cuerpo, mente, corazón y espíritu- en situaciones concretas que requieren la aplicación creativa, flexible y responsable de actitudes, habilidades y conocimientos. Competencia es un nivel de desempeño alto de la persona caracterizado por la eficacia, la eficiencia, la pertinencia y la ética. Es el paradigma de la sabiduría. Una competencia, así concebida, involucra la habilidad de enfrentar demandas complejas, apoyándose en y movilizando recursos psicosociales (incluyendo habilidades y actitudes) en un contexto en particular.


¿Qué competencias necesitamos para el bienestar personal, social y económico? Nuestros alumnos necesitan ser formados en una gama de estrategias que los hagan competentes para enfrentar los complejos desafíos del mundo de hoy, pero producir listas muy largas de todo lo que podrán necesitar en diversos contextos en determinado momento de sus vidas sería de un valor práctico muy limitado. La pedagogía agustiniana ha identificado un conjunto de competencias básicas que contribuirán a resultados valiosos para nuestros alumnos; los ayudarán a enfrentar importantes demandas en una amplia variedad de contextos; y serán relevantes tanto para los especialistas como para el común de las personas. Un alumno agustino es formado para el dominio de cuatro grandes competencias básicas: 1. 2. 3. 4.

Rigor académico al aprender y crear conocimientos. Uso eficiente de herramientas interactivas (lenguaje y tecnología). Interactuar al estilo agustiniano respetando la diversidad. Actuar de forma autónoma y cristiana.

Primero, el aprendizaje está bajo la responsabilidad del estudiante. ¿En qué sentido? En el hecho de que el conocimiento que logre apropiarse es a partir del entendimiento, la experiencia y la puesta en práctica de soluciones a diversos problemas que le toca vivir. Lo que pretendemos en nuestros estudiantes es lograr "hábitos mentales" que los ayuden a usar sus mentes en forma correcta y concentrar en sí mismos grandes posibilidades de éxito. El rigor académico para el alumno agustino es propiedad y precisión en el aprendizaje continuo; ausencia de respuestas impulsivas, confusas, descontroladas; es tener una visión ilimitada; es detenerse a pensar para atinar una respuesta que provenga del análisis, la inferencia y el sentido común. Segundo, los futuros ciudadanos deben poder usar un amplio rango de herramientas para interactuar afectiva y efectivamente con el ambiente tanto físicas como en la tecnología de la información y socio culturales como en el uso del lenguaje. Necesitan comprender dichas herramientas ampliamente, como para adaptarlas a sus propios fines y usarlas interactivamente con espíritu cristiano-católico.


Tercero, en un mundo cada vez más interdependiente, los individuos necesitan poder comunicarse con otros, y debido a que encontrarán personas de diversos orígenes, es importante que aprendan a interactuar al estilo agustiniano en grupos altamente heterogéneos. Cuarto, los individuos necesitan poder tomar la responsabilidad de manejar sus propias vidas, situarlas en un contexto social más amplio y actuar de manera autónoma. Estas categorías, cada una con un enfoque específico, están interrelacionadas, y colectivamente, forman la base para identificar y mapear las competencias básicas. La necesidad de que los individuos piensen y actúen reflexivamente es fundamental en este marco de competencias. La reflexión involucra no sólo la habilidad de aplicar de forma rutinaria una fórmula o método para confrontar una situación, también la capacidad de adaptarse al cambio, aprender de las experiencias, pensar y actuar con actitud crítica. Hace tres años que iniciamos estos cambios en el modelo y el diseño curricular. Paulatinamente hemos reestructurado los planes y programas. La plana docente ha desarrollado un plan de capacitación constante en nuevas metodologías que motivan altamente en el aprendiz el “querer y valorar el aprendizaje” el “poder y saber aprender” para “demostrar que aprendió”. Aunque a decir verdad “muchas de las ideas y estrategias que se ofertan como rigurosas novedades en el mundo de la pedagogía y de la psicología no son más que recurrencias agustinianas en clave de modernidad” (P. P. Rubio, OSA). En este ir y venir de la historia de los hombres y de las ideas estamos otra vez viviendo “tiempos agustinianos”.

PRINCIPIOS PEDAGÓGICOS 1. Principio de interiorización. El colegio agustino los alumnos deben, a través de la interioridad, reflexionar e internalizar los valores y actitudes, contenidos y principios de acción de modo que sean personas con sólidas convicciones. Por ello, es fundamental cultivar el silencio y la reflexión, entrando en el interior pues allí es donde habita la verdad como se menciona en el siguiente texto: “En el hombre interior habita la verdad... A la verdad no se llega pensando o discurriendo, sino que ella misma se manifiesta a los que la desean” (De ver, rel. 39,72). 2. Principio de inquietud investigativa.


Los alumnos deben ser formados para buscar la Verdad investigando los problemas de siempre y dándoles soluciones innovadoras de manera creativa. Deben tener espíritu crítico para discernir lo que les propone la sociedad actual con libertad y criterio, de modo que asuman lo bueno y desechen lo malo, al igual que Agustín que buscó incansablemente la verdad pasando por los maniqueos y neoplatónicos. Para ello debe utilizarse el método mayéutico de modo que las respuestas afloren de los mismos alumnos motivando la reflexión de ellos mismos como afirma el santo cuando dice que la verdad “hay que buscarla para encontrarla, y hay que encontrarla para seguir buscando” (De Trin. XV,2,2). 3. Principio de sistematización y síntesis. No basta con ser muy analíticos ni memorizar y conocer muchas teorías de otros tantos autores. Lo más importante es saber sistematizar los conocimientos y lograr síntesis propias sobre cada tema aprendido y reflexionado. San Agustín se caracterizó por ser muy ordenado al explicar su pensamiento y sintetizar en frases fáciles de aprender contenidos muy complejos y de gran profundidad. 4. Principio de socialización del conocimiento. La búsqueda de la Verdad se realiza en comunidad de modo que en fraternidad podamos ayudarnos mutuamente para que todos aprendamos con humildad, reconociendo que necesitamos del prójimo. Por eso, Agustín menciona que “la verdad no sea tuya ni mía, para que así pueda ser tuya y mía” (In Ps. 103, 2,11). Así como Agustín se reunió en Casisiaco, Milán, para buscar la Verdad con sus amigos, así también debemos aprender a compartir la verdad encontrada con los demás ayudando a los más lentos, pues “la verdad es patrimonio común y pertenece a todos los amadores de la verdad” (Conf. XII, 25,34). 5. Principio de convivencia. En la escuela no debe aprenderse sólo contenidos sino que es fundamental aprender a convivir en paz, fraternidad, libertad e igualdad, siendo solidarios, serviciales y compartiendo con los demás en un clima de confianza. Por eso, San Agustín nos insiste que “hay que relajar la tensión y eliminar el temor que previene al alumno de expresar sus puntos de vista, creando un clima de amabilidad y comprensión. Hay que romper el hielo con palabras y exhortaciones que provoquen su confianza y den rienda suelta a su libertad... Pero


hay que hacerlo con finura y tacto, rezumando confianza y comprensión..., no hiriendo o avergonzando a alumno” (De Cat. Rud. 13,19). La unidad en la diversidad debe ser lo que caracterice a nuestra comunidad educativa. 6. Principio del amor como motivador de la enseñanza. El proceso de humanización pasa por el amor que es la fuerza más profunda del ser humano. Por eso Agustín aconseja que: “usando del amor como motivador de tu enseñanza, explica tus lecciones de tal forma que quien te escuche pueda aceptar lo que oye y, al aceptarlo, pueda concebir la esperanza de poseerlo y, al preñarse de esperanza, pueda dar a luz el amor de lo oído y esperado” (De cat. Rud. 4,8.). Todo proceso de aprendizaje - enseñanza debe ser hecho por amor y con amor, pues, como afirma San Agustín, “con frecuencia nos sentimos desganados y aburridos al tener que insistir en temas que nos sabemos de memoria y que, son más bien cosas de chiquillos. Cuando nos suceda esto, debemos provocar un encuentro de amor con nuestros alumnos. Una vez unidos a ellos con el corazón, los temas en cuestión nos resultarán tan novedosos como lo son para ellos” (De cat. Rud. 12,17). 7. Principio de respeto a la personalidad y a la libertad. La persona es un ser único y libre, por lo que debe ser tratado con respeto a su identidad, a su libertad, a su conciencia y a su proceso personal de aprendizaje pues no todos aprendemos de igual modo y al mismo tiempo. Por eso, como afirma San Pablo “hay que hacerse todo con todos con tal de ganar a algunos cuantos”, “dándole a cada uno según lo que necesite”, como afirma la regla de San Agustín. Además, es necesario que las normas deben buscar formar a la persona para una sana convivencia, por lo que no restringe la libertad, de modo que los alumnos vivan “no como esclavos bajo el peso de la ley, sino como hombres libres movidos por la gracia” (Reg. 8,48). 8. Principio holístico. Para la formación integral de los alumnos es fundamental el escenario formativo que genera una cultura y un clima institucionales. Este ambiente debe ser ético dado que, después del Maestro Interior que es Dios, el segundo agente más importante para la formación del alumno es el escenario formativo, es decir, la comunidad educativa. Por eso, “todo crecimiento y maduración personal, al igual que todo deterioro


y regresión personal, pasa a través de nuestras relaciones con los demás”.1 9. Principio de pertenencia. Es fundamental formar ciudadanos con una identidad cultural y sentido de pertenencia al colegio y al país, consistentes y, a la vez, abiertos a asumir los valores positivos que nos ofrece el mundo globalizado. Parte de la formación de los alumnos es que aprecien y se sientan miembros del colegio, con su axiología y carisma, de modo que todos tengamos “una sola alma y un solo corazón hacia Dios” (Hch 2,42). 10.Principio de significatividad. Todos los aprendizajes deben tener una íntima relación con la vida de modo que el aprendizaje sea significativo pues “no basta con leer mucho y aprender de memoria lo leído. Es preciso comprenderlo y profundizar en su significado. Hay algunos, en efecto, que leen para retener pero no se preocupan en entender. Son preferibles a éstos los que, aunque retengan menos, entiendan más” (De Doc. Christ. 4,4,67). Agustín siempre relacionaba la doctrina con la moral cristiana, la alta teología con la espiritualidad, la teoría con la práctica, siendo profundo y a la vez vivencial, de modo que no sólo ilumine el conocimiento sino que toque el corazón del hombre de modo que llegue a “amar apasionadamente el conocimiento” (Epist. 120,13). Así, los contenidos enseñados deben relacionarse con los problemas de la vida diaria.

1

POWELL, J. “¿Por qué temo decirte quién soy?”. Ed. Sal Térrea, Santander 1998. pp. 33.


propuesta