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EL
(DES)GOBIERNO
DE
LA
CIUDAD
 Tácito El Ayuntamiento arrastra desde hace décadas una estructura obsoleta. No ha adoptado formas organizativas o procedimientos “modernos” que incentiven principios básicos como responsabilidad, agilidad, transparencia y eficiencia. Tiene pendiente –desde la transición- una reforma administrativa en profundidad. Es más, viene registrando una degradación creciente desde hace años, hasta el punto que la administración municipal es hoy una rémora para el progreso y la modernización de la ciudad. Modelos organizativos ensayados desde los años 70 en otras ciudades no han cuajado aquí por falta de decisión, mal planteamiento, intereses personales o el vaciamiento intelectual de la organización municipal, en beneficio de un sistema de funcionamiento opaco, ineficiente y con escaso valor añadido. La organización territorial (las Juntas de Distrito) apenas han desconcentrado funciones resolutorias, carecen de medios, y tampoco son ámbitos prestadores de servicios. Se han quedado en simples ventanillas de relación administrativa. Fracasó también en su día la Gerencia Municipal de Urbanismo: un organismo con autonomía funcional y económica que asumiera de forma integral el planeamiento y gestión del desarrollo urbano. Se ha optado por la multiplicidad de Servicios Urbanísticos, aun a costa de solapamientos, y la potenciación de AUMSA, la empresa municipal de gestión de suelo, vivienda y obras. Una fórmula superpuesta a la estructura administrativa urbanística municipal, con un barniz eficiente que viene bien para enmascarar la ausencia de un proyecto urbano, más allá de ir a rebufo de los promotores y constructores, auténticos “creadores” de ciudad. Algunos de los Organismos Autónomos del Ayuntamiento (Fundación de Deportes, de Jardines, etc.,) han duplicado funciones con la administración municipal y han servido para dar trabajo a amigos o familiares. Arrastran desde hace años una existencia precaria y apenas si tienen importancia en la prestación de servicios municipales. En Valencia el único servicio general que se ha organizado mediante una empresa municipal es el Trasporte Urbano, y porque, de momento, no hay nadie a quien interese esa fuente de pérdidas. Hablando de fuentes, el abastecimiento de agua se realiza con una empresa mixta en la que en su día se tuvo cuidado de “valencianizar” el capital, a costa de que fuera minoritaria la participación del Ayuntamiento, para mayor gloria y beneficio de grupos que disfrutan de una relación privilegiada con nuestras instituciones. La fórmula de empresa pública o mixta, que en otras ciudades se utiliza para prestar servicios de todo tipo, aquí no ha tenido fortuna. Tampoco los consorcios entre administraciones o con instituciones privadas. Estas modalidades organizativas que requieren eficiencia, transparencia, expresión de objetivos o rendición de cuentas, y personal más o menos cualificado, parecen inventos exóticos. En el Ayuntamiento de Valencia el modelo empresarial o gerencial se ha pospuesto en beneficio de contratas y concesiones, caracterizadas ambas por la delegación de responsabilidades públicas y la ausencia de control municipal, y en particular las


segundas por no generar apenas recursos a las arcas municipales y convertirse en un saneado negocio para empresarios espabilados. El modelo organizativo existente basado en Servicios y Delegaciones está hecho a medida de los intereses de concejales y altos funcionarios municipales, con notables solapamientos, duplicidades, discontinuidades, etc., en el que las unidades horizontales estrangulan el funcionamiento general. Todos los concejales mandan igual, cada uno en un trozo de la Administración municipal, apenas sin coordinación entre si. Un organismo con 17 centros de decisión y más de medio centenar de Servicios que actúan como compartimentos estancos, no solo es ingobernable e ineficaz, sino sobre todo es un ente informe en el que se diluyen responsabilidades y se desdibujan incompetencias. El Ayuntamiento no ha sabido retener a profesionales solventes o incorporar a otros nuevos en disciplinas como la arquitectura, el derecho administrativo, la economía o la ingeniería, por no hablar de la gestión de recursos humanos, en un ente con más de 6.000 trabajadores, o la organización de sistemas, la dinamización cultural, etc. La estructura tradicional basada en los Servicios, ha visto cómo estos se multiplicaban a fin de satisfacer intereses personales o nutrir concejalías efímeras, a costa de crear unidades raquíticas sin apenas cometidos. Tanto más, cuanto en toda concejalía existe una contrata externa, que es materialmente quien presta el servicio. Incluso las funciones de control de la contrata se contratan a veces con otra contrata (hermanos Marx dixit) : galimatías aparentes, que no son casuales. En Valencia no se ha impulsado un modelo de tipo gerencial. No existen “directores de servicios” (con minúscula), es decir, profesionales versados en servicios o tareas, sean funcionarios o no, locales o nacionales, que se responsabilicen de dirigir y organizar medios humanos y materiales para desarrollar tareas, previamente explicitadas, a fin de alcanzar objetivos públicamente anunciados y asumidos, en plazos determinados, obteniendo resultados contrastables que permitan evaluar la gestión desarrollada. Probablemente ese modelo gerencial sea difícil de encontrar en otros Ayuntamientos, en Valencia, por si acaso, ni se ha intentado. Mejor fomentar la opacidad y el clientelismo, la falta de profesionalidad y responsabilidad, no sea que su estímulo ponga en evidencia al estamento político de la administración municipal.


El (des)gobierno de la ciudad