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REBELION EN LA GRANJA...AMARILLA Raúl Llanos Samaniego Cuando el 5 de diciembre de 1997 Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano asumió las riendas del Gobierno del Distrito Federal bajo las siglas del PRD, llegó, para miles de capitalinos, la esperanza de que las cosas, en el ámbito político, económico y social, cambiarían después de muchas décadas de gobiernos emanados del PRI. Se creyó que los cotos de poder, la corrupción, el dedazo, el compadrazgo, los levantadedos, el tráfico de influencias, los cacicazgos, el clientelismo y corporativismo, arraigados en lo más hondo de las administraciones priístas, pasarían a ser piezas del museo de la historia política de esta ciudad...Pero no fue así. A 15 años de gobiernos perredistas son cada vez más los capitalinos que consideran que se han difuminado las diferencias entre el PRI de aquellas épocas y los gobiernos del PRD. Un amplio sector de perredistas metieron en el baúl de los recuerdos las intensas luchas que durante muchos años libró la izquierda siendo oposición en esta capital, y se fue sepultando el recuerdo de aquellos líderes perredistas que “boteaban” para conseguir dinero e imprimir sus periódicos, folletos y revistas mediante los cuales divulgaban no sólo sus críticas a las gestiones priístas, sino también su ideología y su visión utópica de que algún día llegarían a ser gobierno. Nunca pensaron que tendrían su oportunidad para gobernar. Ya muchos instalados en el aparato de gobierno dejaron de convocar a marchas y manifestaciones para exigir vivienda digna, salarios justos, apertura democrática, salud, educación, seguridad...como si de un día para otro se hubiera resuelto esos problemas. Poco a poco se fueron haciendo a un lado posturas críticas hasta repetir aquellas conductas que en numerosos momentos combatieron. El pragmatismo y la perversión política se apoderó de varias esferas del gobierno perredista, de su partido y de los diputados emanados de esas filas. Los vetustos autos cambiaron por vehículos de lujo; las marchas por los restaurantes caros; las reuniones con la ciudadanía por encuentros con la cúpula del Poder. Se multiplicaron las tribus perredistas y los escándalos políticos comenzaron a aflorar. Desde el reparto de la leche Betty –contaminada con heces fecales-- y los videoescándalos de René Bejarano – recibiendo dinero del empresario argentino Carlos Ahumada-- hasta la exigencia de diezmos a trabajadores o empresarios interesados en alguna licitación. Más aún, las confrontaciones fueron el ingrediente que aderezó gran parte de sus elecciones internas. Hoy, el PRD está frente a una de las elecciones más competidas desde 1997, y nadie quiere reparar en ello. Los líderes de las princpales corrientes se dejan llevar por una inflexible postura de buscar a como dé lugar espacios en delegaciones políticas, Asamblea Legislativa, Cámara de Diputados, y en la misma administración capitalina. El principio maquiavélico de “el fin justifica los medios”, parecerían regir sus conductas Le apuestan al clientelismo y al corporativismo político que en distintas partes de la ciudad han creado los perredistas a base del reparto de dádivas y la manipulación de programas sociales. Se sienten confiados en el arraigo en tal o cual delegación, y sin ningún disimulo se apoyan en grupos de presión o golpeadores para convencer –por las buenas o las malas-- a quien no jala con ellos o a quien se les opone a sus intenciones. Es tiempo de reflexión, de análisis, de autocrítica, de enderezar el barco de la izquierda perredista y hacer frente a esos presagios que salen de la boca de propios y ajenos. Se debe retomar el camino de la esperanza de muchos capitalinos en un cambio verdadero, el cual muchos capitalinos siguen esperando. Es imprescindible llegar a la lapidaria frase: “Te lo dije”.

Rebelion en la granja  

Con la llega del PRD y Cuauhtémoc Cárdenas al GDF el 5 de diciembre de 1997 se abrió la esperanza

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