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bálsa de

TIG

CONSUELO DEL VOLADOR / ENEMIGO DEL MACHETERO

* Medicina ancestral de la antigua China * Pomada a base de ingredientes mágicos para combatir dolores musculares y de cabeza, migrañas, tos y picaduras de mosq


samo el

GRE

s procedentes del Asia y Norte América *Producto untable * Maravillosa fórmula quitos * Combate el N1H1 * Atrévete y verás * Yo quiero bailar Kung-Fu * N.C.N by pabloramos.net


Editorial Conocí a Ana Lucía, la de la portada, en un centro de retiro en Cádiz. Una mañana, mientras cogía el “culo sucio” de mi mazo de naipe, me confesó que trabajaba como Madame en el purgatorio. -Cómo va todo por allí?- le pregunto. -Bastante bajo. Hoy por hoy, hay cinco inquilinos: Pulgoso, el perro de Marimar; la carrera política de Rosalía Arteaga; Jack, de Titanic; el 50% de Sixto Durán Ballén y una rubia un tanto tarada de apellido Villagómez-. ¡Kendra!, grito para mí, y suelto el naipe. -¡Kendra!-, le grito. -¡Cuéntamelo todo!-Nada especial. Llegó hace dos meses en una canasta con una carta de San Pedro: “con esas tetas, nada de paraíso”. La verdad es que es bastante lenta. El Cincuenta de Sixto y yo aún no logramos explicarle que desde allá no logrará sincronizar a Ryan Seacrest-. -¿Pero cómo está? ¡Dime cómo está!-No creo que tan mal: acaba de inventar la frozenfilia con Jack Dawson. Le molestan un poco los “Rose” al despertarse, pero por lo demás dice que es de lo más refrescante. La chiquilla se está enamorando. Claro, me está cagando el negocio, pero, a estas alturas, ya ni qué-. -Ay, lo que daría por verla-Bueno, tengo una foto suya en el velador, junto a mi dentadura falsa. Te la doy cuando regresemos-. Esa noticia me alegró mucho. Más allá de la tragedia que sobrevino a su escándalo sexual, Kendra finalmente sí encontró bienestar en la post-vida. Qué lástima que el Vaticano haya clausurado el purgatorio y que ahora tenga que dedicarse a actividades clandestinas. Pero no podía ser de otra manera, ¿verdad? Kendra era clandestina de alma. Tomé a Ana Lucía de la mano y nos fuimos a chapotear y retozar en la orilla. Luego me obsequió el guiño que adorna nuestra primera página y retomamos el juego de naipe con Eduardo y Felipe, sus Primos en Speedo. Sentí cosquilleos en cada una de sus jugadas. Ay, qué veterana, Ana Lucía. Ay, qué maravilloso es el Mediterráneo. kdjslfdsfc67yhgc -El Editor. //

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CRÉDITOS

CONSEJO EDITORIAL Y PASTORAL Laura Malache Juan Pablo Martínez Carlos Saldaña Juan Francisco Vinueza DIAGRAMACIÓN Y MAQUETACIÓN Pedro Arce como: El Rey Del Suspenso

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ESCRITORES Gustavo Vinueza Carlos García Martín Guerrero Matías Zibell David Barzallo Sergio Tijerna Pedro León Pedro Orellana FOTÓGRAFOS Daniel López Diego Malache Fabiola Cedillo (Portada) Josué Abad Cristina Merchán Pedro Mosquera Roberto Cordero

ILUSTRADORES Gabriel Zamora Marieli Pereira Juan Pablo Dávila Pablo Ramos COLABORADORES Lalo Hidalgo El Virrey Sanguchería Juan Carlos Cordero Familia Arce Zamora


ÍNDICE Naftampiro

Alguien con Talento

Sobre Las Responsabilidades Pg.10

Helado Negro, Ni Tan Vegano Pg.4

Segundón

Leyenda Criolla

Jacobito, gracias Mijito. Pg.16

Lonely Trooper

El Último Amable Pg.18

Journal 462: Kendra Pg.13

Especial The Ecuavoley Issue Pg.30 Sesión Fotográfica El Fénomeno del Niño Se Toma El Chorizo Ibérico. Pg.43

Huecas Hoy por ti, mañana por mi Pg.54

Cine

Música

Document,

Rudos Morenos Californianos,

The Year Punk Broke Pg.64

Aquí Eso No Pasa Como Jaguar en Éxtasis Pg.68

Habits and Contradictions Pg.66

Noche Para Reflexionar Una Pausa Milagrosa Pg.72

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PAN

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“Pan con pan, comida de tontos” -Proverbio español.

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Helado Negro, Ni Tan Vegano

Fotos: Cristina Merchán

Del diario del organizador Helado Negro es un músico de raíces ecuatorianas radicado en Broklyn. Su estilo de música es una fusión de folk latino y electrónica experimental. Ha colaborado con artistas como Prefuse 73, Julianna Barnwick y Bear in Heaven; y es habitúe en las páginas más importantes de música independiente, como Pitchfork o Stereogum. ¿Cuáles son tus expectativas al conocer a un músico famoso? Como organizador, lo primero que viene a tu mente es la imagen de alguien que se baje tambaleando del avión con una mano en las gafas oscuras y con la otra en la boca para aguantar el vómito post fiesta de la noche anterior. Pero este no fue el caso. Al divisar a Eduardo Hidalgo (Lalo), el booking del evento, le hago una seña para

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que me. Se acerca con un hombre de unos 30 años, con barba y de pelo largo. Es Helado. Y está bastante más limpio de lo que supuse al principio. Visitamos algunas radios de la ciudad y conversamos. No se mencionan orgías, prostitutas, fiestas desenfrenadas o adicciones a pastillas. En un momento Lalo conversa con Helado acerca de cuándo habían dejado de comer carne y después pasan a hablar de lo mal que te hace la Coca Cola. Entonces, llegó la preocupación más grande. La entrevista que tenemos a las 12 del día es con la Raja. Si Roberto (es su seudónimo) se ha convertido en un hombre decente de familia, en un artista limpio y dedicado a su arte, ¿con qué preguntas saldrían esta tarea de mamarrachos?


Alguien con talento

Las preguntas de los mamarrachos.

¿Cuál es tu nombre real? Helado: Helado Negro. ¿Así dice en tu cédula? Helado: Sí. ¿Por qué “Helado Negro” y no “Bolo Rojo”? Helado: Porque nunca lo he probado. Ok. Veremos qué podemos hacer al respecto. Ahora háblanos de tu país. Helado: Soy del país Helado Negro, donde se toma siempre helado negro. ¿Cuántos habitantes tiene? Helado: El número de habitantes depende: ahora ustedes tres forman parte del país. Es decir, ¿hay días que te pones más viril y hay más gente? Helado: Sí. Pero casi siempre soy sólo yo plantado en una isla. Ya. Y ¿no estás peleando por tu independencia o algo así? Helado: Sí, demasiado. Estoy cansado de eso. ¿Helado Negro es un luchador poco perseverante? ¿Cómo te defiendes ante eso? Helado: Trato de no hacer entrevistas. Entonces, ¿cómo funciona? Helado: El gobierno no está bien establecido y no tenemos moneda ni nada. Sólo damos esta comida: “helado negro”. Si la desean, la comen. Si no, la dejan o la vomitan. ¿A qué sabe Helado Negro? Helado: A esto... ¿quiéres probar? Me refiero a la comida. Helado: Ah. Tiene diferentes olores, sabores. Ha sido agrio, ha sido dulce. Si vienes al show ahora noche tal vez pruebes.

¿La movida musical es sólo un plan político más? Helado: Sí. ¿Algún plan para que tu reino se extienda? Helado: No, no soy conquistador ni colonista. Estoy más bien flotando en una isla. ¿Ambiciones de crecimiento? Helado: No. Pero los shows son para compartir y no estar del todo sólo. ¿Eres como una guía de postales? Helado: Es una guía de turismo. Bien. ¿Pilsener o Club? Helado: Las dos mezcladas. ¿Qué piensas de Budweiser? Helado: No me gusta. ¿Y ahí queda su relación? Helado: Yo no soy su sponsor, no me han llamado para eso. Yo los llamé pero no me han devuelto la llamada. Hasta les mandé una foto con una camisa de budweiser, otra con un tatuaje y nada. Eres tatuado. Helado: Sí. De ley dice “Helado Negro”. Helado: Dice Budweiser. Quizás pensaron que eras un groupie más y no el país Helado Negro. Helado: Sí. Hice otro estilo de logo, pero tampoco les ha gustado. ¿Les hiciste una canción? Helado: No. Ah, pero no te estás esforzando y quieres ser sponsor oficial.

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“Nunca me han dicho: ‘Helado Negro, toca desnudo”

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Alguien con Talento

Ok. Ya hablando de música, cuéntanos de tus influencias. Helado: Eso es súper difícil, todo sale de lo que he visto o escuchado toda mi vida. Soy una bola de todo: música latina, ecuatoriana, música estilo Miami Vice cuando vivía ahí, música Southern Rap cuando vivía en Atlanta, música soul del sur de Estados Unidos, música de NY cuando vivía allí y música de mis amigos. ¿Cómo fuiste evolucionando a lo que ahora es “Helado Negro”? Helado: Pues comencé como ameba con el MPC. El MPC 2000 fue como el volcán que empezó el archipiélago del Helado Negro. Ahora soy un mono. ¿Momentos clave de tu carrera artística? Helado: Puberty, cuando cambié la voz o cuando me salió pelo en las axilas, ahí fue cuando empecé a ser Helado Negro. ¿Primera vez en Cuenca? Helado: No sé, creo. Cuando tenía 8 años mi papá alquiló un jeep, creo que pasamos por aquí, pero no me acuerdo. Pero no, no tuve una infancia dura ni nada de eso, sólo no me acuerdo. ¿De dónde eres, Helado Negro? porque no puedes haber nacido en Helado Negro. Helado: No, nací en Estados Unidos. Pero soy ecuatoriano por mis padres. Siempre visité el Ecuador desde los 8 hasta los 16 años. ¿Tienes 16 años? Helado: No, tenía. Pero ya ha pasado mucho tiempo. Más bien, es que 16 años después estoy visitando otra vez el Ecuador. Los 16 años son el magic number. ¡Como los De La Soul! Nombre de plato de comida ecuatoriana favorito. Helado: Es difícil, soy vegetariano, pero no es filosófico. Me gustan los animales, antes me gustaba comerlos también. Ahora no me caen muy bien. Extraño la guatita, me gusta el ceviche, como todo el mundo, extraño la cazuela, el caldo de pata y las salchipapas. ¿El papi pollo? Helado: Nunca lo he probado.

¿Fritada? Helado: Sí. ¿Cuy? Helado: No lo conozco, ¿lo puedes comer aquí? Sí. Helado: ¿Tú lo comes? No. Helado: Pobrecito el cuy. Describe tu cita perfecta. ¿Va con alguno de los platos típicos? Helado: Ojalá con el cuy, pero como invitado. ¿Las prefieres con dos o más involucrados? Helado: Depende la gente. Pero mejor de tres, three is the magic number. Como la canción. Un concierto al que quisieras ir pero crees que no vas a poder. Helado: Ah, me gusta un músico que se llama Abner Jay, del sur de Estados Unidos. yo quería verlo tocar. Él cogía un camper, dentro tenía un sofá, parecía su livingroom. Se parqueaba en un lugar y empezaba a tocar. Tenía una batería y un banjo electrónico. Hacía sus discos y él mismo se hacía llamar “El tesoro de Estados Unidos”. Pero nadie lo conocía, recién en estos tres o cuatro años se empieza a saber de él. ¿Ya no toca? Helado: Está muerto. Oh. Helado: Tocaba música tradicional. Eran canciones sinceras. Si pudieses poner una virtud a la música de “Helado Negro”, ¿cuál le pondrías? Helado: I’ll try... Como sinceridad, compación, honestidad, generosidad... Helado: Dame una más. Caridad. Helado: Valentía. Es decir, tu música es valiente. Helado: Sí. ¿A qué consideras mala música? (Queremos nombres.) Helado: La música que no te gusta a ti. Música que no es sincera, no la hacen porque les gusta sino porque deben. ¿North west or south west? Helado: Midwest.

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Alguien con talento

Estamos hablando de hip hop. Helado: Sí. Hay hip hop en el Medio, Chicago por ejemplo. Definirías a tu músca como hip hop tropical, ¿no? Helado: Puede ser. Así comencé, cogí un sampler, cualquier sonido y así. Me gusta tocar instrumentos, mas no tener asociaciones. Es decir, si ves a alguien con una guitarra puedes pensar que es un rockero, pero si no tengo nada, vas a tener que escucharme y luego formar una opinión. Es decir, ¿te gusta tocar desnudo? Helado: De vez en cuando, mejor en mi casa. Las embajadas no me dejan. ¿Has intentado? Helado: Nadie me ha dicho “Helado Negro, toca desnudo”, así mi música sea valiente. Pero si me quieren ver, avísenme. No, no. ¿Un ídolo musical? Helado: Cuando tenía como 18 o 19 años me gustaban bastante los productores de HipHop como Dj

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Premier o Large Professor y después como que me gustó bastante la escena de Chicago de esa época. Y en high school me gustaba gente del sello Warp-gente de techno y música electrónica.. ¿Trabajaste con los Prefuse 73? Helado: Sí, pero es sólo uno. Es un amigo mío desde hace tiempo. Lo conozco desde los 20 años. Siempre hemos trabajado juntos, le ayudé con un un par de álbumes. ¿Qué tanto te llevas? Helado: Siempre salimos a comprar helados, comemos pizza, nos abrazamos bastante, le escojo camisas y pantalones. Celebramos el holiday de nuestra amistad. ¡Ah! ¿También hay feriados en Helado Negro? Helado: Claro, para Helado Negro siempre es un holiday cuando hay shows. Como hoy: es gratis, pero nosotros, en Helado Negro, siempre trabajamos.//


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Sobre las Responsabilidades Texto: Naftampiro Ilustración: Thomas Eakins

La última vez que tuve una responsabilidad fue en el siglo IV. ¡Qué tiempos aquellos! Yo era tan joven, y las guitarras tan hermosas. Es que ésta es una confesión: siempre quise tocar la guitarra, y como nací sordo de nacimiento el día que nací, entonces no oía nada. Y me compré un piano, pero como nací sin dedos, entonces tampoco pude. Entonces vi Terminator y no pude sino decirme a mí mismo, cómo no hacer una cueva bajo tierra. Y me puse a pasear guitarras. Eso me trae al presente, 2012, donde todos viven en una era tan espectacularmente jodida que la verdad yo estoy bien cabreado. Me abraza la melancolía y si bien no puedo retroceder el tiempo, tengo una hormiga Suzuki a la que le doy retro día y noche. Como a mi prima Agustina – que la verdad como era medio adicta a los sermones del Club 700, y a mí me gustaba Terminator, entonces la tuve que Terminator con un frasco de Mermelator. Y se jodió por putiringa. Y es que el tiempo real de real no tiene nada. Les voy a poner un ejemplo didáctico, aprovechando que el Ministerio de Educación de la Galaxia Tridimensional Ameba 108 me tiene como consultor autorizado, graduado en la AVA – Asociación de Vampiros Anónimos. O sea, yo fundé la AVA, pero el apodo de Ameba me lo puso mi decimocuarta esposa cuando estábamos de luna de miel en Tegucigalpa. Aquí va: cientro trece trenes cargados con tigres de tres trigales comen higos – cuando se levanta el toque de queda, queda se queda sin nada – y nada, en qué piscina. Este acertijo ha permanecido sin resolver por generaciones. Y hasta recuerdo cuando mi primo Jorge “El Chocolate Suicida” Einstein Sempértegui se puso a resolverlo – y al ver que no avanzaba

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nada– entonces se fue a andar en bicicleta, se dejó el pelo largo, y abría los mares con los brazos. Moisés Chocoloco se llamaba. Tocaba la guitarra como un animal, y oía Europe; The Final Countdown era su tema favorito. Terminó en la NASA. Y el tiempo real, como vieron, de real no tiene nada. Y aquí la reflexión que seguramente pensaron que venía: solamente las sombras son reales, porque como vienen de un objeto, se paralizan con el viento. Me explico. Yo tenía un bote, tipo 1853, 1854, e iba por el Antártico en mi bote de remos, el Libertad. Bueno, yo iba recogiendo sombrillas perdidas de los turistas, y de repente abro la red y encuentro una direccional de camión. Y me dije a mí mismo – (como seguramente Uds. están pensando) - esto es una señal. ¿Verdad? ¿Ah? ¡¿AH?! Entonces, claro, regresé a la playa y me puse mi puesto de Piñas Coladas y Repuestos Ahogados: “Cara no más tienes, cojudo”. Y también diseñé mi línea de ropa ultrasónica, que, como a cualquiera de Uds. que ha tenido una línea de ese tipo, es genial. Ahora estoy sacando una ultrasísmica, la línea Tembleque, y cágate-de-frío, una línea de bufandas congeladas.


Naftampiro

“El pintor no me hace justicia. Soy mucho más guapo. Pero yo andaba con ese elegante sombrero. Me gustaba el boxeo. Sobre todo en esa época, con boxeadores en atuendos sexys y ridículos: sexyculos”.

Volviendo al tema, me encantan las responsabilidades, las columnas, los techos, los esquineros, cenefas, gorriones fritos y los equipos de fútbol con jugadores nacionales que ganan campeonatos. También me parece arrolladoramente encantador que durante quince minutos de tu día te haya acompañado y que por más que leas y releas esto, nunca lo vas a entender. Muahaha. Porque al final, y como digo siempre – a Naftampiro no lo bautiza nadie, Naftampiro se bautiza solo. Viva Transilvania, Pensilvania y los focos Silvania. Chao.//

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Journal

LONELY TROOPER

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JOURNAL 462: KENDRA

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scribo este diario por obligación, Escribo este diario porque quiero convencerme de que yo no fui el culpable de su fatal desenlace y que no limité el flujo de sangre a su cerebro con una de mis llaves de estrangulamiento, Pero, más que nada, escribo este diario porque creo que el registrar los acontecimientos que estoy a punto de enumerar harán que Kendra Cecilia Villagómez Schroeterjütter van Dijk, no sea olvidada. La conocí un diciembre. Había decidido tomar mis clases de defensa personal (así es, tengo que ganarme la vida de alguna manera) y nos hicimos muy amigos (“besties”, diría ella) de inmediato. Quizás nuestra amistad floreció porque cada mañana me saludaba con un “¡Feliz Halloween!”: algo en su interior pensaba que mi traje de batalla era algún tipo de disfraz. Me tomaba horas explicarle que yo era un clon proveniente de Kamino, un planeta de

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otra galaxia. Sin embargo, a la mañana siguiente, y con el mismo entusiasmo de siempre, la neurona del “¡Feliz Halloween!” hacía sinapsis. Tuve que enseñarle a sumar, restar, multiplicar, dividir y a no irse a la cama con cualquier extraño. Obviamente, usaba ejemplos con ponies, convertibles, maquillaje y abdominales. Resultó. Cuando me di cuenta disfrutaba ser su maestro, me puse riguroso. Ella debía aprender algo nuevo cada día: un color, una vocal, una parte del cuerpo o una indirecta. Mi mejor método consistía en preguntas encantadoras al estilo de “¿De qué color son los espejos?”, “¿Cómo me llamo en colombiano?”, “¿Por qué Ecuavisa es el canal 2 en Guayaquil?”, o “¿Cuánto vive un ascensor?”. En otras ocasiones, me divertía haciéndole creer cosas como: “Debes decir gracias cada vez que el semáforo cambia a verde”.


Journal

Eso sí, no podría decir que fue una alumna disciplinada: visitamos innumerables veces el hospital. En enero me puso al límite, cuando ella había usado disolvente para removerse el maquillaje; en abril, en cambio, visitábamos semanalmente al psiquiatra debido a su depresión luego de enterarse que la carne venía de las vacas. Durante mayo y junio en su anorexia había tocado fondo, y, en julio el “efecto rebote” le obsequió 5 kilos. Pasábamos nuestros fines de semana encerrados en el baño fotografiándonos frente al espejo. Sus innumerables intentos por lograr que el inodoro no salga en la foto eran infructuosos, así que con un sublime uso del Photoshop le sobre montaba un “LT I love You” y problema solucionado. ¿Cómo es que un ser de inteligencia superior como yo entabló una gran amistad con alguien que le cantaba “Gracias a la vida” a sus implantes antes de dormir? La verdad es que Kendra me sorprendía día tras día; tal vez no de la mejor manera, pero lo hacía. ¡Ya nadie me sorprende ahora! Sé que ella ahora está en un lugar mejor, y aunque ya no pueda verla, todavía siento que puedo escucharla vomitando su almuerzo en el baño. //

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Jacobito, gracias mijito. Texto: Martin Guerrero Illustración: Gabriel “El Viejo” Zamora

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e pasa la guata, la amarilla, las empanadas panameñas, la cadena y el anillo que le regaló el Cholo Chuchuca. Le pone la pendejada de cámara en su lugar, le mueve el ratón porque esta pendejada ya se apagó (la pendejada que inventó Estivy Jobs)-- ¡Gracias mijito!-- Y así, todos los que tenemos un solo

versículo alegre de la biblia política de la república grabado en nuestras mentes, recordamos con la quijada temblorosa al loco que ama, y podemos verlo y escucharlo en vivo casi semanalmente. Un trabajo a tiempo completo de Jacobo Agustín. Aunque el Loco diga que fue Dalito quien le enseñó el Twitter, basta con verlo para darnos cuenta del incansable labor de un hijo tal vez más entregado que el otro a la leyenda de su padre. Poco agraciado frente a cámara y ciertamente destinado a la crítica por su escrito que celebraba la vuelta de ¨la única esperanza de los más necesitados de mi patria¨ (No Jesús). Su nombre significa el que vino a ayudar. Compartió centro médico con Diego Armando. La fiesta que hizo para celebrar su primer millón, le costó medio millón y se dice que se bailó tres días seguidos. Su paso fue bastante fugaz por las aduanas del puerto principal--nada grave. ¡Ah! Le dijo al viejo León que huele a formol. Habría que encontrar verdaderos no-personajes para hacerlos más populares. ¿Cómo se llamará el imberbe que anima por el alto parlante las generales del coloso del Batán en los partidos de la Tri, o el

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doble de riesgo del Marciano Sabrosoñix? ¿Cómo se llaman los músicos de Haga Negocio Conmigo que no son el Monge? Se esforzarán ellos por ser buenos padres, maridos cumplidores, y a salir sonreídos en las fotos de navidad. Más claro, que los recuerden sus familias porque por su desempeño en la sociedad, no los vamos a recordar. Los de Raja quieren incluir en cada edición un espacio sobre el personaje secundario, el no-personaje, casi casi el ser viviente que nadie conoce, pero que está muy cerca de algún hecho importante, y me dicen: “podría ser alguien como Jacobito… verás que no es el que jugó en el Barceleche”. Desde la próxima edición buscaré personajes secundarios cuya función sea poco importante, pero en la sugerencia de esta primera edición, el no-personaje es un principal hecho y derecho. Cierto es que no jugó en el ídolo como el último Samurai y no va para presidente, pero en cambio se anotó la tunda al Bolillo y una dieta promocionada por los de Vamos con Todo. ¿Pero qué más carisma? Aquí sí hay personaje señores, denlo por hecho. !Harry Poters! //


Segund贸n

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Leyenda Criolla

EL ÚLTIMO AMABLE

Texto: Juan Francisco Vinueza Fotos: Josué Abad

“Todos los hombres son iguales. Todos. Van a jugar con vos y van a darte alas, van a encagonarte para dejarte, enamorarte para engañarte. Los últimos hombres decentes eran los hombres feudales, pero por lo menos eran honestos en su brutalidad”. Eso es lo que dice la fémina del Siglo XXI. “Rico”, dice la cada-vez-menos-frecuente amiga sin escrúpulos. Y ese es el infame discurso feminista que nos ha acribillado desde la adolescencia. Pero claro, como soy un monstruo de los mismos y mis colegas de acción frecuentan prácticas igual de vergonzosas, nunca he tenido una respuesta eficaz a este festín de habladurías. Lo único que puedo decirles, mujeres del Siglo XXI, es que no son todos. Cada vez hay menos, pero hay. Este es un esfuerzo editorial por resaltar la existencia de uno de esos últimos hombres nobles. No, estimados, esta no será una biografía de un tallador de crucifijos o de uno de esos siempre irritantes cantautores pro-Uganda que se las arregla para llevar sus grasientos rulos falsos a tierras subsaharianas y empalagar a morenos flacos de ambos lados del Nilo (por si acaso quieras hacerte misionero, Fausto Miño). No. La labor de este ciudadano exige aún más temple: mantener a Cuenca, lujo y honra de todo Ecuador, una urbe con habitantes de altísimo potencial pensador pero que siempre prefieren fumigar sus neuronas con cantidades indelebles de alcohol.

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Leyenda Criolla

Porque para qué ser pilas si se puede ser risueño. Más que como controlador de sublevaciones intelectuales, este Caballero del Aguardiente le otorga a la reina de galas vestida un bienestar que ninguna victoria deportiva o título de la UNESCO le puede otorgar. Y es que usted, estimado lector, se ruborizará con la siguiente afirmación, pero también la aplaudirá por certera: Le queremos más a Cristian Cabrera que a Jefferson Pérez. “Con tanta amabilidad da gusto hacerse verga”, decimos. Y que “no tratan tan bien ni en la caleta en navidad ni la pelada en día catorce”. Y, ya que estamos en eso, “a la hembrita le fascina la mezclita, varón. ¡Luego no quieren ni convidar!” Y, bueno, habrá uno que diga que la mezcla de naranjilla tiene más caché que el bourbon de Mississippi, pero dejemos las degustaciones a los catadores. Nosotros vinimos a indagar sobre valores. Conocí al Señor Amable (a.k.a. Mr. Niceguy, a.k.a. Mr. Sunshine, ak.a. Don Cristian) de la misma forma que lo conocieron ustedes: de copiloto en un carro abultado un viernes a las tres de la mañana. El amigo moreno más vivido que uno te lleva al lado del Benigno Malo y te dice que esperes en el carro. Toca una puerta de metal, hace un chiste sobre los consumidores de base que están a cien metros y se escabulle en el umbral. Dudas de cuánto realmente conoces a tus amigos de qué tan underground los puedes llegar a tolerar. Te percatas lo sudado que estás por el baile de hace un rato, lo seca que está tu garganta por cualquiera sea tu vicio (mínimo solo eres gritón, tampoco te pongas a la defensiva) y antes de que puedas decidir que lo mejor sería regresar a casa, el moreno regresa triunfante con una funda negra de basura llena de con aguardiente ya-mezclado. “Don Amable es pana. Te abre sin que le importen los chapas”. La mezcla está bien dulce pero está más bien refrescante, y en un ratito no te acuerdas nada más. Don Amable, aún ausente, también se hizo pana. Yo me uní a la red de devotos clandestinos, por cómplice. Mi primera experiencia como cliente, por su parte, vino tras una reseña de lo más aduladora: “con mi primo compramos una mezcla de mora les convencimos a las chicas que era Jagger. No sé si se creerían o no, ¡pero lo cierto es que no soltaron el vaso!” A eso lo que me refiero con prácticas vergonzosas, damiselas. Si quieren hombres de bien, múdense al Tíbet. Y entonces, y esto sí es material de primera mano, Señor Amable intervendría. Porque verán, la motivación del Elíxir de Cristian está precisamente en evitar esa hipotética corriente migratoria a los Himalaya. “La mezcla nació como un proyecto que hice en la Universidad Católica con un compañero. Ambos estudiamos química. El tema era encontrar

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Leyenda Criolla

Si puedo ayudar a enamorar, quĂŠ mejor

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Yo s贸lo quiero que la dama se sienta bien

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Leyenda Criolla

un coctel que les sepa bien a las mujeres. Probamos con un montón de combinaciones, y fallamos en casi todas, pero al final encontramos la correcta”. “Es decir, usted quería inventar un abrepiernas”. “Exactamente. Usted sabe que a las mujeres no les gusta los licores fuertes, y eso les complica a los caballeros”. “Usted lo hizo por los caballeros”. “Digamos: si puedo ayudar a enamorar, qué mejor”. Puedo escuchar el griterío feminista mientras escribo. ¿Cómo glorificar a un tipo que dedica su vida al aprovechamiento carnal sistemático de la curuchupa cuencana? “Yo quiero que la dama se sienta bien, más que todo”. Ya se están enamorando, ¿verdad? La pócima afrodisíaca de Don Amable, hay que aclararlo, no es una combinación aleatoria suertuda, un Eureka en la evolución reproductiva del homo sapiens. “Lo de la onza de Red Bull no es un mito. Una botella de 250 mililitros cada ocho litros de jugo. Eso es lo que les prende. El jugo, en cambio, se saca de frutas naturales a las cinco de la tarde. Lo mezclo en frente del cliente, para que sepa que no es adulterado. El que más se vende no es el de naranjilla, sino el de mora”. Así es, camaradas: mora. Pero sé que sus interrogantes van más allá. Es decir, ¿quién mismo es Don Amable? “Nací en el Sagrario. Estoy casado y tengo dos hijas. Conduzco una buseta escolar durante el día y duermo en dos tandas: de cuatro a seis y de dos a cinco. Trabajo desde los siete y vendo licor desde los dieciséis. Los chapas ya no joden por razones que no deben ir en esta entrevista—tenemos influencias poderosas. Estoy tomando un curso para hacerme chofer profesional en Girón. Me robaron una vez. Quien sea que toque la puerta a la madrugada, es bienvenido. Mi película favorita es Prueba de Fuego, con Denzel Washington”. ¿Qué? ¿Esperaban que este dije alma de diamante siga soltero? ¡Si es la reencarnación morlaca de Mahatma Ghandi! “No, nunca me he sentido así”. “¿Seguro? Algún recuerdo que no fue suyo, algún desdoblamiento a media tarde?” “No”. “Ele”. “Es que verá: yo no siempre fui amable. Yo era alevoso, también. Me decía que para atender a borrachos a las tres de la mañana hay que exigir respeto. Pero me di cuenta, luego, que la mejor manera de lograr

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Leyenda Criolla

que te respeten es tratándole al cliente con cordialidad. Como a uno quisiera que le traten. No importe lo borrachito que uno esté, siempre quiere cordialidad”. “Y la fama de amable, ¿cuándo llegó?” “No tengo idea. Cuando el resto de licorerías empezó a cerrar a las diez, la gente empezó a visitar más”. Y el índice de felicidad de la urbe aumentó, suponemos. La despedida y el fin de nuestra visita fue, cómo no, terriblemente dramático. Nos ofreció maní, una mezcla de naranjilla, y ron nacional. Como le negamos todo, nos dio un V220 a cada uno, nos disculpó por no permitirnos entrar en la bodega y nos apretó duro durante el abrazo. No nos fuimos, por supuesto, sin una última indagación. “Señor Amable, ¿qué música prefiere?” “Me gusta la música clásica”. Vieron, muchachas: incluso se pondrá romántico con Beethoven. “La música clásica romántica”. Ele. “Me gusta bastante Tranzas y Tercer Mundo. Pero, sobre todo, prefiero escuchar Magneto”. Y las atrevidas dicen que todos somos iguales. //

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MORTADELA

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“La mortadela de hoy, es el jamón serrano del mañana” - Slogan rechazado para el Partido Roldosista Ecuatoriano.

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La leyenda del gringo Jhonny. (una historia real basada en hechos ficticios)

Texto: David Barzallo Fotos: Pedro Mosquera ilustración: Juan Pablo Dávila

Este reportaje no hubiese sido posible sin el invalorable apoyo de Paúl Perez Cevallos, y está dedicado a la memoria imaginaria de Ulpiano, su padre. En Detroit las calles tienen nombre de automóviles. Eso fue lo que más impresionó a Jhonny Terán cuando aún no era Jhonny Terán, sino el flaco ex dependiente de la tiendita de abarrotes paterna que un día nublado de 1973, sin saber muy bien por qué, cogió sus pocos ahorros y se los dio a un primo que apenas conocía, pero que le había ofrecido poner en contacto con la gente que en esos años estaba llevando a Estados Unidos a los pocos aventureros que soñaban con conocer la tierra de María, Bernardo y Tony, los personajes principales de West Side Story, el musical de Robert Wise que arrasó con taquilla y crítica a inicios de los sesenta y que en Guayaquil era proyectado en el viejo cine Presidente (la primera sala de cine con capacidad para más de mil personas, sonido estéreo y ventilación del país). Johnny, como muchos jóvenes de su generación, quedó deslumbrado por esta especie de Romeo y Julieta del siglo XX, cuya historia de amor y tragedia se desarrollaba con maestría en las calles de Nueva York. Ese fue el escenario donde se empezó a escribir la leyenda. Johnny Terán, el mejor jugador de ecuavoley de la historia, nos cuenta la suya.

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El sujeto de la fotografía puede ser o no ser Johnny Terán

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Lo primero Jhonny ¿Por qué a Detroit si el destino era Nueva York? Por cojudo (risas). Lo que pasa es que cuando pasó esto tenía unos 22 o 23 años. No era un mocoso: ya estaba medio maltón y por eso le digo a mi primo Jaime que bueno, que quería trabajar, hacer un poco de plata y de ahí venir… pero lo que yo realmente quería era ir allá a conocer esas calles, esa gente, esas historias. En el Cine Presidente ponían las películas de esa época. ¡Y qué películas! El Graduado; El Apartamento; Matar a un Ruiseñor; Cowboy de Medianoche. Yo quería ser actor sí sabe, eso era así una cosa clavada. Pero mi primo Jaime me entendió mal y me pone en contacto con unos chulcos que llevaban pues a Detroit porque en esa época la ciudad ésta estaba necesitando mano de obra. Ahí estaban las fábricas de carros, una ciudad feísima, gris, llena de gente triste. Cuando llegué no sabía pues. Yo pensaba que eso era Nueva York y me pasé unos tres días buscando el Lincoln Center (risas). Y acabó trabajando para la General Motors. Claro, una fábrica enorme, donde trabajábamos miles de obreros de todas partes. Negros, chinos, colombianos, mexicanos… eran jornadas durísimas de quince, dieciocho horas. La gente se acostumbraba porque la paga era decente y ahí mismo se quedaban; hacían familia y se jubilaban a los suburbios. Era una vida muy aburrida. Entonces sale lo del ecuavoley. Claro, una mañana de domingo era. Un día llega un man, Sánchez, mexicano, con una pelota de cuero. El tipo había visto seguramente a Pelé que en ese tiempo jugaba en el Cosmos y quería organizar un fútbol. Pero, usted sabe, allá no se juega fútbol. Solo los extranjeros nos pusimos a jugar. Pero el sitio donde estábamos no tenía pues espacios verdes: puro cemento y bancas. Allá no hay árboles, sí sabe. Y en la calle no querían jugar, decían que era peligroso porque en las calles de Detroit los carros son sagrados. Si le pisan a uno por cruzarse ahí no reclama nadie, una cosa loca. Entonces me acordé que yo había visto que en Guayaquil que se puso de moda jugar el vóley. Ahí en la calle nomás, colgando un hilo entre los árboles.

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Especial

Ecuavoley. Claro, el vóley de a tres contra tres. Yo nunca había jugado, sí sabe. Yo jugaba básquet y me gustaba nadar. Pero el ecuavoley les gustó pues: deporte lindo, energético, emocionante. Al día siguiente, en el descanso del trabajo el Sánchez había llevado de nuevo la pelota y ahí es que les enseñé a los otros el juego. Inventándome las reglas pues, si yo no sabía (risas). Pero las cosas no quedaron ahí. Ahí pasó una cosa fuerte. Ya a finales de los setenta hubo una crisis del petróleo y en Detroit, que era una ciudad que vivía solamente de la industria de los carros, hubo pánico. Decían que iban a cerrar fábricas, a despedir gente, que los carros que más se vendían eran los japoneses y los alemanes. Un caos, sí sabe. Pero ahí asoma un señor pilas. Un señor que se llamaba Thomas Murphy, que yo llegué a conocer personalmente. Era el jefe de la General Motors, o sea mi jefe a la larga, pero el jefe mayor, sí sabe, el jefe de todos. Y el idea un plan para salir de la crisis: Construir carros más económicos y venderles haciendo propagandas con los propios empleados. Entonces el ecuavoley ya se había vuelto popular. Teníamos campeonatos internos, una pequeña liga, uniformes. Y entonces supongo que el señor Murphy se enteró de eso y le gustó la idea, era para mostrar alegría, sí sabe, para darle ánimos a la gente en la crisis y también para promocionar los nuevos carros. Era sapísimo el veterano. Y ahí organizó pues con las otras empresas un campeonato. Fue una cosa comentadísima. Con camarógrafos, con prensa, con porristas. Y yo, claro, no soy cojudo, si yo les mostré pues como funciona el juego: yo era el capitán del equipo de la General Motors. Y ganamos pues, facilito. Ahí es que gané un carro hermosísimo. Un Chevrolet Cavalier que era el carro que inventaron para la crisis y me hicieron promocionarle. Salía en vallas, en periódicos, en revistas, en televisión.

Con tanta promoción supongo que ya en la ciudad no le trataban igual. Lo que pasa joven es que llega la dicha y llega el demonio. Yo me quedé todavía en la General Motors unos cinco o seis años más, lo que duró la fiebre del ecuavoley. Pero los gringos son: más noveleros que nosotros. A los manes se les pasa nomás la sorpresa y buscan otras cosas. Entonces yo que ya había probado pues la fama no quería regresar a ser un obrero. Con unos unos amigos nos pusimos un restaurante de comida ecuatoriana que se llamaba Jhonny’s. Y la gente venía, sí sabe, porque todavía se acordaban pues de los partidos, de mí. Pero la mala vida, el trago sobre todo…

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Especial

¿Que pasó? Una noche que regresaba de un programa que hicieron por los diez años del Chevrolet Cavalier, que era el carro que me regalaron, sí se acuerda. Los manes me invitaron, eso sí decentes, y fui y me emborraché porque los gringos, los obreros de allá, chupan es durísimo. Y por no quedarme allá regreso en el carro y ahí fue pues el accidente. El primero. Y el más grave. Me di contra un camión. Casi dos años no me podía mover si sabe. Ahí pensé que ya se acabó todo, yo no quería saber nada de nadie. El restaurante tuvo que cerrar porque uno de los socios nos jugó bajo y desapareció con plata y todo.

Y entonces es que tuvo noticias de Ecuador. Claro pues varón, porque así es que Dios vacila pero no olvida. Había un man que andaba organizando unos campeonatos de ecuavoley en Quito. Ulpiano Pérez Romero. El man había escuchado de mí. La nota es que se pone en contacto para que vaya a Ecuador a inaugurar un campeonato nacional. Buen tipo; conversa con algunas autoridades y cuando se enteran de que estaba convaleciente se ponen las pilas. Ahí es que me traen, yo maluco, y me tratan como a un héroe. Pero yo no entendía nada si sabe (risas). La huevada es que yo no sabía nada de lo que había pasado en Ecuador en casi 20 años y un día llego y al día siguiente tenían preparado un homenaje en el Congreso. El mismísimo presidente Rodrigo Borja me colocó una medalla al mérito y yo ni zona el nombre del man. Entonces empieza su carrera en Ecuador. Con Ulpiano nos hacemos grandes amigos. El era una persona de esas que sacan adelante todo lo que se proponen. Y yo soy de las personas que proponen cosas, entonces anduvimos pues organizando algunas cosas relacionadas con el ecuavoley. Los interbarriales luego les hicimos interprovinciales. En los 90 nos movíamos durísimo y yo sentí que me regresó como el segundo aire. Ya no era tan atlético y con el accidente no me podía mover mucho: yo antes era el colocador y me tocó aprender a jugar como volador, que es el que se mueve y salta menos, pero con el hijo del Ulpiano, Paúl, y un muchacho que se llama Rodrigo Tenemaza, de Biblián, que juega todavía, ganamos casi todos los campeonatos.

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Un regreso a la gloria, digamos. Claro. (risas) Pero ya ve como la vida es un sube y baja. Yo allá en Detroit tenía una pareja si sabe, pero nunca me casé porque los guayacos no somos hechos para esas cosas de casarse en el extranjero. Pero con ella conviví más de 15 años y es la madre de mi hija Rocío. Cuando tuve el accidente y perdí mi dinero ella me dejó también. Auténtica gringa loca. Entonces yo vine solo, y las mujeres siguen la fama, sí sabe. Ya cuando estaba de nuevo con éxito acá le conozco a una cuencana simpatiquísima, pero, eso sí, apretada como ella sola. No quería saber nada de mí. Y el amor jode la vida. Yo me había prometido dejar el trago hasta que le conocí a esa pelada… Pero regresó. Como no voy a regresar pues, si no me paraba bola. Con el Ulpiano teníamos dos proyectos, porque no se puede vivir solo del vóley pues. Fundamos una revista deportiva que fracasó de inmediato y yo me puse una academia de actuación que era lo que siempre quise ponerme. Pero sabe que no funcionó… que me descuidé mucho, por el trago. Yo en esa época tenía todavía dinero, pero se fue acabando. Me chupé la plata por esa cuencana. Y de ahí pasaron unos años turros. Un día que hacíamos tramites con el Ulpiano, regresando de Guayaquil a Quito, por esa carretera que era feísima, sí se acuerda, se nos cruza de repente una camioneta y ya no le alcanzo a esquivar. Ahí se muere pues el Ulpiano (suspiro) y a mí no me pasó casi nada. Unos rasguños. Eso me afectó mucho, sí sabe. Dejé las ligas barriales, los proyectos, todo. Acá la gente puede ser muy buena o muy ingrata dependiendo sabe. Algunos amigos me apoyaron, otra gente se dio media vuelta. Así mismo es. Un día en Guayaquil, donde me fui para tratar de despejar un poco la cabeza, por la Pedro Carbo se bajan unos manes y me lanzan contra la pared y sacan un arma. Hasta ahí tenía que llegar yo si sabe, pero el arma se les encasquilla y se ponen nerviosos. Ahí le logro meter un puñete al uno y el otro sale corriendo. Nunca supe por qué me quisieron matar, pero fue la última vez que estuve en Guayaquil. De ahí me vine a vivir a Cuenca.

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Especial

Por la cuencana que me decía. Claro, por la cuencana también, pero porque siempre me gustó la ciudad. Usted vino casi para retirarse ya. Vine porque tenía que venir. Porque en Quito me hubiese terminado matando o algo peor. Acá llegué y con los últimos ahorros que tenía alquilé un cuartito por la zona del Mercado San Francisco y me puse un negocio de venta de comida que administra mi hija. ¿Y el vóley? Esa es la ingratitud de la que le hablaba. Como yo me alejé unos años ya nadie se acordaba, ya no eran las cosas como antes, los campeonatos ya no eran tan grandes como en la época del Ulpiano. Eran cosas más locales, provinciales máximo. Entonces yo encontré un gusto en ir a ver jugar a la gente de barrio, a la gente pobre si me entiende. Con ellos aprendí a llevarme. En el parque de la Madre, todas las tardes o casi todas las tardes me iba, me hice amigo de ellos, jornaleros, vendedores ambulantes, cachineros. Algunos sabían quién era o me reconocían y me invitaban a jugar, pero yo ya no podía si me entiende. Entonces les daba indicaciones, les contaba historias. Acá es que me sacan de gringo Jhonny pues si sabe, antes no me decían así. Acá en Cuenca me sacan ese apodo y acá en Cuenca también descubro otras pasiones. Uno de los amigos que conocí en el parque es artesano de la madera, sí sabe, y un día me dice que tengo manos de artesano, que debería intentar, que me vaya al taller del man. Y en eso ando ahora, jugando, creando cosas. Mi hija ya mismo se me casa y ya tiene que salir pues hacer su vida. La vida se hace, sí sabe, se hace, no se compra. Entonces usted ya no va al parque. Que me voy a ir pues, si está cerrado. Vea: este de acá soy yo. A la gente famosa le hacen estatuas, sí sabe. Pues yo me estoy haciendo la mía. Quién sabe, capaz y un día alguien le lleva a Detroit. //

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Costa

Ecuavol BBD político: Olvida a la alopecia que contrajo tu tío Yaser Alfaro en las bananeras. Si tiene guiso, debería ser presidente. ¡Alvarito se merece que lo apoyes con el sudor de tu poliéster!

Chort Escotado: Eres el Charles Bronson de las canchas de tierra. ¡Vacila tu paquete oportunamente! Demuestra que no le tienes miedo al dengue o a incomodar a la vendedora de bolones cada domingo.

Pelota de Cuero: MIKASA it’s soooooo two thousand and eight. Zapatos Venus corte clásico: Ningún zapato te dará el “grip” que te dan estas bellezas. Además, mantendrán tus pies completamente anti-pecueca. “Impossible is nothing”.

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ey glam! Ilustración: Marieli Pereira

Sierra

Camiseta: El product placement está en tu sangre. El taxímetro no tiene por qué detenerse. Ahórrate la peregrinación de rodillas con tu camiseta de la Churona o gánate unas ayoras promocionando transnacionales. Short Largo: Todo serrano in sabe que tiene que hacerse desear. ¡No muestres el paquete antes de hora! Protege tus várices de la fricción del pavimento mientras estimulas a que la vendedora de chuzos juegue con su imaginación.

Calcetines: Chaussette Oh-la-lá (para el pacheco).

Mocasín: Pret-a-portèr. Del taxi a la cancha y de la cancha a la cancha de la concubina: ningún accesorio te da la versatilidad de este calzado.

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Especial

Yo, federado, odio El ecuavoley Texto: Matías Zibell Ilustración: Staff Raja

-Tiene que ser lo mismo. No puede ser mucho kilombo. Se llaman igual. -No es lo mismo. -No te hagas el boludo. Se llama voley, se juega con una pelota, una red y una cancha rectangular. -Que no es lo mismo. -Y después dicen que los argentinos somos complicados y engreídos. Ahora parece que ustedes inventaron la física cuántica del voley. -Se llama ecuavoli. -¿Se juega en el agua? -No acuavoli, ecuavoli, “e” de Ecuador. -Qué tipos originales ustedes. ¿Y también tienen ecuabasqui y ecuajocki? -Mejor no juegue, no le va a gustar. -Hermano, yo jugué 10 años al voley. Era federado en Buenos Aires, ¿entendés? ¡Federado! -No es lo mismo. -Primero arranqué en Obras Sanitarias de la Nación. Remera negra y amarilla. Categoría preinfantil. Me acuerdo como si fuera hoy, cancha de madera, llena de astillas la hija de puta. Te tirabas por una pelota

y era como abrazar un cactus. Pero ese recuerdo no te lo quita nadie. -Acá puede ser de cemento o de tierra. -Es lo mismo, tierra, cemento, madera. Pero (es) cuchá, de ahí me fui a Club de Amigos. Un nombre de mierda, coincido. Por eso lo decíamos CdeA, una siglas de mierda ahora que lo pienso. -El problema es la red y la pelota, no son lo mismo. -¿Qué usan, red de pescador? ¡Pescadoooooooooo! ¡Pescadooooooooo! -Y la pelota es de fútbol. -¿De qué? -De fútbol. -¿Y por qué juegan al voley con una pelota de fútbol? -No sé. -Che, ¿y al fútbol cómo juegan? Con la ovalada de rugby. -No. -Y al tenis ¿Con una de básquet? -No. -Y en lugar de raquetas pueden usar bates de

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Especial

béisbol, onda película gringa de pandilleros y malandras. -Mejor no juegue. -Ahora no me jodas. Me invitaste a jugar acuavoley... -Ecuavoli. -Como se llame. Me invitaste a jugar, no te vas a echar atrás. -Y la red es más alta. -Claro, la pelota es de fútbol y la red es más alta. Buenísimo lo de ustedes. Con lo altos que son en general los ecuatorianos, la red normal no les bastaba. -No juegue. -Juego porque tengo huevos y me la banco. -No quiere practicar un poco primero. -Ya me hiciste calentar, pasame la pelota. -Ahí va. -Uyyyyy, ¡La puta madre que lo parió! ¿Qué es esto? ¿Un ladrillo? ¿Mirá como me dejaste los brazos? -Mejor no juege. -Hermano, casi me transplantás las venas. Tengo los brazos más rojos que culito de bebé. -Lleva un tiempo acostumbrarse. -¿Y por qué la agarran así? En el voley no vale

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retenerla de esa forma. La agarran y la tiran al aire como a un bebé, como a una bolsa de papas. -Aquí se puede. -¿Pero quién inventó esto? Esto no es voley. -Le dije que no era lo mismo. -No se puede rematar, bloquear, esa red está más alta que el edificio de la Cámara de la Industria. ¿Para qué la ponen así? ¿Pa(ra) cazar loros? -Mejor no juegue. -No, mejor no. -Le dije. -Pero conste que no juego porque esto no es voley. -Lo sé. -Porque yo en voley soy federado. -Me dijo. -En Obras primero y después en CdeA. -Lindas siglas. -No te hagas el pelotudo.//


El Fénomeno Del Niño Se Toma El Chorizo Ibérico. Fotos: Fabiola Cedillo

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Sesi贸n Fotogr谩fica

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Sesi贸n Fotogr谩fica

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Sesi贸n Fotogr谩fica

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MENTAHUALPA ยกAliento de conquista!

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PAN

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“¿Cómo puede ser grandiosa una nación si su pan sabe a Kleenex?” - Julia Child.

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Hoy por ti, Mañana por mí Texto: Juan Pablo Martínez Fotografía: Daniel López Modelo: Marieli Pereira

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Jóvenes, presten atención: el chuchaqui no se hace más bello con el tiempo. Es más: al pasar de los años el ligero dolor de cabeza se convierte en una espiral de dolor y sufrimiento.

Quiero aclarar que Raja no te presenta un artículo que fomenta el consumo de alcohol (nosotros nunca haríamos tal cosa), sino una guía para aliviar un poco tu cuerpo si es que decidiste tomar la decisión de beber como un condenado la noche anterior. Además, pensamos en tu bolsillo; y es que no queremos verte en Carondelet protestando en contra del alza de los precios de la bebida de tu elección, porque tal vez, sólo tal vez, parecería que estás haciendo el ridículo al pretender que tu tío Rafico vaya a hacer caso a tu espíritu de Justiciero Alcohólico de la Juventud Ecuatoriana. A estas alturas, no tenemos que decirte que el bienestar de nuestros lectores nos importa más que el propio. Así, y basados en el “hoy por ti, mañana por mí”, te presentamos un guía acerca de esa sopa mágica que calentará tu cuerpo durante esa mañana de puro malestar . Aquí es cuando pueden comenzar a salivar como perros de Pavlov y dar paso a su nuevo Salvador. Redobles y aleluyas de fondo, por favor: vamos a hablar del Encebollado. El encebollado (también conocido como El Ence) va a ser lo que realmente cure tus males. Se trata una sopa de pescado, que, aparte de un sabor inconfundible, tiene ese efecto mágico que hace que tu cuerpo mejore de manera milagrosa después de tu noche de irresponsabilidad y libertinaje.

Antes de empezar, quiero aclarar que en esto nadie tiene la última palabra. La mística del encebollado radica en que cada persona tiene sus huecas, y que dichas huecas frecuentemente protagonizan diálogos al estilo de: “¿A dónde vamos broster?”,“¿Allí sí te dan con pan mijo?”, “La seño es pana, da con yapa”, “Una vez ahí me toco un pelo y no parecía de la cabeza”. Los establecimientos que enumero a continuación son no solo los mejores a mi criterio, sino están convenientemente ubicados cerca de mi residencia. Cuando estoy chuchaqui, prefiero no manejar muy lejos; esto puede ser la causa de un accidente de tránsito o de un vergonzoso guacareo (vomitado) en la vía pública.

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Huecas

El Monito 4.5 / 5 Este lugar, aparte de ofrecer un encebollado de los dioses, es un ejemplo de un emprendimiento. Así es: aparte de matar a los demonios de tu noche discotequera, podrás aprender de un empresario que pasó de tener un carrito en un terreno baldío cerca de la Avenida Paseo de los Cañaris a un restaurante hecho y derecho (¡hasta tiene baño!). El Monito basa su sabor en la mostaza, así que si no te gusta dicha salsa, mejor salta al siguiente ítem de este artículo. La sopa te viene lo bastante caliente como para que sudes un poco de tu malestar y, además, entre los añañais (salsas extra y condimentos) tienes un muy buen ají y botella de mostaza por si acaso quieras darle más “punch” a tu plato. El trato es bastante amable con el cliente: siempre te dan un caramelo o menta de marca genérica para que mejores tu aliento de borracho de pueblo. Una de mis pocas quejas es que no te dan un plato con limón y tienes que pedirle al mesero, lo cuál para algunos comensales en estados indecentes puede resultar algo incómodo. Dato curioso: Puedes llevar tu olla de la casa para que te sirvan y así ganar algunos puntos con la familia un sábado al almuerzo.

Dirección: Paseo de los Cañaris y Los Caciques

Chico Gato 4 / 5 Chico gato es de esos lugares leyenda que fueron tan populares que comenzaron a franquiciar su negocio-- no te sorprendas si un día de estos encuentras un Chico Gato #5 cerca de tu barrio. Este local entra en la categoría “ Más aniñados” (pero se mantiene simpático, no como los restaurantes plásticos en serio, como los que empiezan con Oro y los que terminan en Leo) así que encontrarás música a todo volumen y una decoración populachera con bastante más presupuesto que los anteriores. El encebollado de Chico Gato posee una sazón legendaria. La diferencia más grande de Chico Gato con las huecas anteriores es que, además de encebollados, puedes encontrar una extensa carta de mariscos que no están nada mal. Dato curioso: No se sabe a ciencia cierta quién es Papá Gato. Sí preguntamos.

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Dirección: Paseo de los Cañaris y Jorge Icaza


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Huecas

Dirección: Rocafuerte y José Joaquín de Olmedo (frente a Electro Sarmiento)

Sol de mar 5 / 5 Cerca del cementerio vas a encontrar un lugar que basa su sabor en el amor. Una sopa hecha con todo el sentimiento: al probarla sentirás el equivalente de un caliente abrazo de mamá recorriendo todo tu cuerpo masacrado. Condimentado con las medidas perfectas, Sol y Mar se encuentra en un pintoresco garaje con una mecánica al lado (no recomiendo dejar tu carro a revisar mientras estás comiendo). Los añañais de esta hueca incluyen un plato de rodajas de limón, pan enrollado, aceite y salsa de tomate (para los no puristas). Lo que puede molestarte es el espacio reducido: considerando su creciente fama, puede suceder que tengas que esperar durante al menos quince minutos por una mesa. Si quieres degustar la maravillosa sazón de Sol y Mar, vas a tener que esforzarte. Dato curioso: Sacan las colas de una tienda que está en el garaje. De paso, estás invitado a comprar la Media de Líder o el desodorante en saché, entre otros implementos.

Dirección: Hurtado de Mendoza y Carihuairazo (frente a Tecnicentro Chicago)

El Rodeo 3.5 / 5 Una de las gracias del Rodeo son sus jugos naturales. Esto ayudará a que, aparte de degustar tan suculenta sopa, puedas darte tu dosis de vitamina C para evitar futuras enfermedades de Borracho Sin Chompa, como la gripe. El rodeo también entra en la categoría de “Más aniñados”; puedes llevar a toda la gallada de la noche anterior sin problemas de espacio. La porción de encebollado es bastante grande. Tal vez no tan bien sazonado como otros de esta lista, verdad es, pero de que te vas a llenar , te vas a llenar. Entre los añañais incluye jugos naturales, salsas, un buen ají y ante todo un gran ambiente para poder pasar una mañana de chuchaquí en calma. Dato curioso: Una hermosa fotografía tamaño póster de un tigre de Bengala (eso es elegancia). Dirección: Av. Amante Bandido 3-18, al frente de la gasolinera.//

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Amy SoyTanRaja!

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Cine Texto: Pedro León

Instrument (2001) Y, a continuación: dos rockumentaries sobre la tendencia Punk de finales de los ochentas y noventas. El primero es Instrument, un documental dirigido por Jem Cohen. El director sigue a Fugazi durante casi diez años y recopila retratos de la banda en todo tipo de escenarios; tenemos grabaciones que van desde los violentos recitales hasta una prisión o un colegio. Contiene entrevistas a los asistentes y seguidores de la banda, la grabación en estudio del disco Red Medicine y, claro, un enorme repertorio de escenas bizarras, como una extraña entrevista realizada por una alumna de secundario. En principio parece una película para fanáticos de la banda, pero como a mí me sucedió, seguro muchos descubrieron y siguen descubriendo esta espectacular agrupación a través de las imágenes de la película. Imágenes que, como el sonido de la banda, expresan tanto belleza como brutalidad. Fueron filmadas en distintos formatos como super 8, 16mm y video SD; y poseen una vitalidad demoledora y una rabia que contagia. En resumen, es una de las mejores películas de rock que he visto. Deja fuera todo tipo de clichés que se puedan ver en las típicas biografías televisadas. The Year Punk Broke (1991) Por otro lado, si te va mejor el morbo, algo como ver a tu músico favorito en el clímax de su demencia y en medio de su gira (pero sin el estúpido comentario moralista de VH1 sobre el que tienes que reflexionar), te recomiendo ver 1991: The Year That Punk Broke. El documental sigue a Sonic Youth y Nirvana en una gira europea durante el verano de 1991, justo antes de que saliera Nevermind y se volvieran famosos. Las bandas siempre están rodeadas de otros músicos relevantes de la época como Mudhoney, Gumball, o Dinosaur Jr. Lo que verás, aparte de fragmentos de los conciertos y festivales, es a los músicos pasándola bien, “estorbando” a gente en la calle, destrozando habitaciones o simplemente haciendo payasadas totalmente pasados de rosca. Algo más actual, pero parecida a las anteriores por su espíritu jovial, podría ser la película de Soulwax, Part of the Weekend Never Dies. Si te gusta el rock, sobre todo el de esta época, te recomiendo descargarlas, juntarte con tus panas, comprar suficientes cervezas, armarte uno bueno de lo que más te guste y ¡a disfrutar! //

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Música Mamá, ¿por qué no nací en Compton? Ahora vamos a ofrecer playlists en 8tracks. Van a ser gratuitos y van a salir cada dos semanas. Los subiremos hasta que demanden a la página por violación a derechos de autor. Entonces haremos el seguimiento del proceso jurídico del creador de la página, pero no podremos ofrecerles más que el silencio. Queremos pedir disculpas por adelantado. Tenemos influencias, pero somos pobres, y todos nuestros abogados finlandeses se cambiaron de bando, pues manifiestan que en Helsinki se inventó la fronzenfilia hace años. Sí, claro. Disfruten de nuestro primer playlist en www.8tracks.com/rajarevista. Mientras puedan 1.N.W.A. - Straigt outta Compton 2.Schoolboy Q - Raymond 1969 3.Snoop Dog - Gin and Juice 4.Ice Cube - It Was a Good Day 5.Tupac shakurr - California Love 6.Dr. Dre Feat. Snoop Dog - Fuck With Dre Day

7.Tyler The Creator - She 8.Nipsey Hussle - Rose Clique 9.The Game (feat. Lil Wayne) - My Life 10.Fashawn - Generation F 11.Eazy E - Real Muthafucking G`s 12.Kendrick Lamar (feat. Dr. Dre) Compton

Habits & Contradictions -- Schoolboy Q (2012) Por: Sergio Tijerna Me encuentro oscuro y pesimista pero bastante propositivo con Habits& Contradictions. Se trata del segundo album de Quincy Matthew Hanley, mejor conocido como Schoolboy Q. Es uno de mis discos favoritos en lo que va del año. A pesar de tocar temas bastante pesados en lo que se refiere a su pasado como gangsta y drugdealer en las calles de Los Angeles, es material que inmediatamente te pone de buen humor y con ganas de fiestear. Este hip hopero, perteniciente a Black Hippie (Jay Rock, Ab soul, Schoolboy Q y Kendrick Lamar), nos trae una segunda entrega digna de escucharse de principio a fin junto a un buen stash de cerveza, cigarrillos y, por qué no, un poco de yerba si eso es lo tuyo. Y es que este material te pondrá en el mood inmediatamente. Su música nos remonta a los tiempos de 2Pac y Notorius B.I.G pero con una técnica totalmente nueva y fresca. Definitivamente no suena como un refrito de la época. Lo que es más, junto al nuevo álbum de Kendrick Lamar, puede significar un muy interesante resurgimiento del West Coast en el hip hop mundial. Fue producido con excelentes colaboraciones de raperos como A$AP Rocky, THC, Dave Free, entre muchos otros. Y se nota: la calidad del producto final es impecable. Llevaba tiempo sin encontrarme con algo como esto. Esta joyita no debe, de ninguna manera, pasar desapercibida.//

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Aquí Eso No Pasa

Como jaguar en éxtasis Texto: Laura Malache Ilustración: Staff Raja

-Yo hago todo lo posible por fingir que esas cosas no existen, wei. – Mónica todavía no lo acepta. - E- R-I-C-K - dice Juan Pablo con “K”, Rincón. Tienes que buscarlo.La primera vez que los vimos, por acá, fue en “Tú me pixeleas” de Chip Torres. ¡Qué par de zapatos! y ¡Chip los rifaba! Año 2003, el movimiento Tribal nace en México, es una mezcla de cumbia mexicana, House y Electrónica. Conserva un sonido prehispánico, folklore como tal, que fue desarrollándose hasta tomar forma de Tribal – Guarachero. Desde el 2006 no existe un solo “antro” mexicano donde no suene. -Eduardo, ¿ sabes quién es Erick Rincón?-Lamentablemente, sí. En Monterrey (Nuevo León) todo el mundo sabe quién es. Yo me enteré de él cuando llegué a estudiar ahí en el 2006. Los de Monterrey ya sabían quién era. Su familia vive en una de las zonas más próseras de la ciudad y pues ya era famosón, supongo.Y sí, Erick Rincón tiene 19 años, 47.482 seguidores más una (yo) en Twitter, está en Wikipedia y tiene una nominación para el Grammy de este año. Aparentemente, es el nuevo dios en materia de tribal guarachera. -Esa infame canción (Inténtalo de 3BallMTY). Uno que intenta darle un buen nombre a México y me salen con esta pinche pendejada y las botas, Lau, las botas. Cuando vi el video por primera vez estaba en el antro y no supe si reír, llorar o ir a vomitar. - Dice Mónica - Es del diablo, para hablar en cristiano.

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Aquí Eso No Pasa

El movimiento del Tribal - Guarachero llegó a Monterrey gracias al único club que dio acogida al género: Arcoiris Club. Al comienzo nadie tenía idea sobre si gustaba o no, de dónde salió o cómo se llamaba, pero como pegó y con fuerza en Nuevo León, el resto de lugares no tuvieron otra opción sino copiar. -Fue este año, a principios, para cuando llegaron las vacaciones de Semana Santa (entre marzo-abril) era lo que se escuchaba en todos los antros. Mamones, fresas, chacas, culeros, de a peso o de a mil la entrada. Todo el país sabía de tribal. – me dice Eduardo. Pero a partir del 2010, nació otro fenómeno que no me he atrevido a calificar de mejor o peor. No hubo más Tribal sin “botas picudas”. Se esparcieron desde San Luis de Potosí (donde nacen), por todo el norte de México, Dallas y Texas. Las puntas, las hay hasta de 2 metros y medio. Se utiliza una bota puntona “normal” y luego con remaches, manguera y forro se les da tamaño. Por supuesto, con pantalones tubo y un sombrerito de cowboy está Ud. listo. ¿Bailar? Claro, a saltitos. Al parecer no hay otra manera anatómicamente posible. -Las botas, Eduardo, ¿qué hacemos con las botas?-Orar para que la moda pase rápido y pedir que nadie las recuerde.-Yo las quiero, ¿es fácil encontrarlas?-(Risas) Nah, ni idea de dónde se venderán. Eso es como disfraz, no inventes, ni para halloween son respetables.-Ah pues, al menos se han limitado a los concursos y a coreografías. Sí saben que hay concursos de longitud de la punta, mejor coreografía y todo eso, ¿no?-(Risas) ¡No! ¿De dónde sabes esas madres, wei?-Es mi trabajo. Aparte, tengo cierta fascinación por lo “guarrito”¿Les dejo el link de un pequeño documental que encontré?-Claro, y te prometo que lo veremos, quedé asombrado con la noticia.-¡Qué miedo, wei! – dice, Mónica- Ya neta, fuera de broma, no mames con esas cosas. (Risas)-Ahí estamos, gracias chicos. Tengan fe. Yo sé que todo pasa.Aparentemente, el tribal solía tener 8 segundos de la misma canción repetida una y otra vez. ¿Cuántos tiene ahora? Mi subconsciente sufre, mientras el editor juzga lo que escribo, sólo espero que lo intente, no la deje ir y sobretodo que no la deje sin su amor. ¡Maldición! Intentaré escuchar reguetón.//

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Una Pausa Milagrosa Texto: El Falo del Oriente Ilustración: Staff Raja

La abundancia es la bendición que cae siempre en el momento en que la fe se está desdibujando, cediéndole espacio a la desesperanza y la desolación.

Me encontraba analizando la posibilidad de jubilar mi vida sexual de manera prematura. La castidad era preferible al tormento posterior a los intentos infructuosos de entablar relaciones de tipo físico con una mujer viva. Una vez más, impulsado por mis amigos que siempre brillan de optimismo, decidí darle a mis capacidades una última oportunidad, y aunque una nube gris se ubicó sobre mi cabeza todo el día y los días largamente anteriores a ese (gris por la acumulación de decepciones), ésta pareció esparcirse de a poco con la mezcla de hormonas que se chocaban dentro del bar que se inauguraba aquella noche.

Prometí no confiarme de esa primera buena impresión y decidido procedí a intoxicarme con cantidades antiestéticas de alcohol, esperando que mis capacidades cognitivas se atrofien para al menos tener esa excusa cuando la noche devenga un nuevo fracaso. Mientras los licores cambiaban temporalmente de dueño, ya con hielos derrotados y color triste, se empezó a formar un tumulto bastante apretujado en el cuarto del fondo. Envalentonado, me zambullí aprovechando la confusión de la danza que se propiciaba en el antro. No estoy muy seguro de cómo logré hablar (o balbucear) por más de dos minutos con una de las asistentes. Aún siendo amiga de mis amigos, nunca la había visto antes, razón por la que tal vez me hizo caso. Entramos en una coque-

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ta discusión en la que yo reclamaba un beso, sin dar tregua. Se inclinó, ya cansada de tanto reclamo, e hizo caso a mis peticiones absurdas. Nos empezaron a echar del lugar pero el ánimo del clan daba para mucho más. Así, cual perros, nos hicimos espacio en un carro que se dirigía a un departamento cercano y dispuesto. Mis amigos no llegaron, pero sí un buen grupo bastante equilibrado en términos de género. Nos amontonamos en un sofá en donde degustamos confitería y continuamos con la ingesta del veneno de la alegría. Los besos con esta mujer se hicieron cada vez más frecuentes y el nivel de exposición fue tal que el dueño del lugar nos cedió la cama de sus padres. Honrados por semejante muestra de aprecio entramos a una pieza con una vista magnífica de la ciudad, que, obviamente, ignoramos por completo.


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Noche Para Reflexionar

Nos tacleamos mutuamente hasta quedar recostados. El peso del alcohol dentro de los cuerpos hizo todo más fácil. Nos desvestimos con torpeza. Igual, es más fiel a los acontecimientos decir que yo me desvestí solo y que ella fue forzada a sacarse sus ropas de la misma forma en que se vio obligada a besarme unas horas antes. Nos tocamos con intensidad, amparados por el frío serrano, pero no logré convencerla de llevar el asunto a un nivel más pecaminoso. Tras varios intentos y con el conocido sentimiento de derrota subiéndose a la cama para apoderarse de mi cerebro me quedé dormido, ebrio hasta la médula, con el cuerpo inutilizado y desnudo. Ignoro cuánto tiempo pasó, pero la vuelta de la razón me agarró con dolor de mandíbula y entre las piernas de esta mujer. Su mano tocándome la cabeza con movimientos circulares me felicitaba y me hacía caer en cuenta del fin de tan desgraciada racha. Más que por puro goce, seguí un rato más dado que mi estado de ebriedad no me permitía hacerme cargo de mi cuerpo. Finalmente subí por el estómago hasta llegar a los senos. Algo me hizo ruido; los recordaba distintos. Sin embargo, otra vez, no podía confiarme de cualquier impresión que haya tenido durante las horas previas. En la oscuridad total nos empezamos a besar. Ahora sí no había manera de evitar lo que estuve promocionando con tanto afán. Me sentía un triunfador. De pronto, en medio de los movimientos inherentes a la lujuria, un cuerpo se bajó de la cama, despotricando contra nosotros. Lo interesante es que la voz que insultaba era demasiado parecida a la voz de la chica debajo mío. La silueta que se levantaba y se dejaba ver con los primeros destellos de la mañana era bastante familiar también. ¿Es posible el desdoblamiento durante el acto sexual? ¿Cómo puede ser que yo atestigüe algo semejante? Empujado por el escepticismo, acerqué mi cara a la de la chica, y para mi sorpresa, vi que se trataba de una desconocida: una chica que había llegado de un largo viaje por la playa, según todos comentaban. Para cerciorarme visualicé desde mi posición incómoda su piel, y efectivamente vi marcas de bronceado.

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El shock fue grande, pero no iba a interferir con mi desempeño promedio; quién sabe cuándo iba a repetirse la oportunidad. La chica, ya aburrida, se retiró de la cama. La vi desfilar y salir del cuarto, entre decepcionada y confundida. Estoy seguro de que no era yo a quien buscaba en la cama y se dio cuenta tarde. Ya solo en la habitación tuve tiempo de meditar antes de quedarme dormido. Me desperté, salí a buscar agua como un hombre perdido en el desierto y en la sala me esperaba un grupo de gente con una ovación muy cálida. Se levantaron de sus asientos, me abrazaron y algunos me dieron palmadas en el hombro. No importa que la mala racha haya durado tanto, ni que esta pausa milagrosa no haya sido gracias a mis facultades de conquista sino al exceso de consumo de licor de una mujer recién llegada a la ciudad con intenciones decadentes. Lo importante fue ese abrazo, la comprensión de mis amigos y el reconocimiento de esos actos heroicos que tanto se dan en los límites del anonimato.//


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Rip Kendra

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Edici贸n dedicada a

Kendra Villag贸mez (1993-2012)

Hija rebelde, amiga solo en las buenas, fenomenal manicurista. Te recordaremos siempre.

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revistaraja@gmail.com facebook.com/rajarevista

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Raja 2