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La mĂĄquina humana Personas que cambian las Empresas Empresas que cambian las Personas Virginia SegĂş & Rafael Adame


Así como el hierro se oxida por falta de uso, también la inactividad destruye el intelecto Leonardo da Vinci


Introducción Una empresa es una idea en la mente de un ser humano, que para llevarse a cabo necesita de tres elementos: capital, trabajo y recursos materiales. Su crecimiento y su éxito están proporcionalmente relacionados a la cantidad invertida de esos tres elementos. Pero la empresa no solo se asienta en esos tres pilares, hay un cuarto elemento capaz de decidir por si solo su futuro, impulsándola mágicamente hacia el éxito rotundo, el crecimiento, y el desarrollo continuo, o por el contrario convertirla en un pozo donde las inversiones de los otros tres elementos, sea cual sea su cuantía, caigan y desaparezcan. Donde se da un paso adelante y tres hacia atrás, donde siempre acaba caminándose al filo de la navaja con abismos a ambos lados que amenazan con engullirnos, en cuanto una ráfaga de viento nos desestabilice y nos precipite al vacío. Ese cuarto elemento, está dividido en dos: mitad razón y mitad emoción. La primera mitad puede quedarse satisfecha con un acuerdo económico, y funcionar de forma correcta y eficiente. La otra mitad necesita un motor que no todas las empresas saben poner en marcha: la motivación. De ahí nacerá el entusiasmo y la ilusión que conviertan a ese elemento en algo que impulse a la empresa hacia arriba. Y si conseguimos poner en marcha todos los motores de todos los elementos de nuestra empresa la llevaremos inevitablemente hasta lo más alto. Ese elemento olvidado, ignorado y a veces aniquilado, es el factor humano.

Virginia Segú


Prólogo Cuando Virginia me propuso escribir un libro sobre coaching y gestión del cambio no tuve muy claro qué me estaba proponiendo en realidad. La idea inicial era escribir una especie de manual para gerentes y directores de pequeñas empresas, de esas que al final acaban dando trabajo a tantas y tantas personas. Pensamos que, con su experiencia en el mundo de la Ingeniería de procesos y la implantación de Lean Management y la mía en el mundo de la consultoría, podíamos dar algunos consejos a personas no iniciadas en el mundo de la Mejora Continua. Y así fue como empezamos ésta aventura, creyendo que escribiríamos un manual, qué digo?, “el manual” de la Mejora Continua para la pequeña y mediana empresa. Como objetivo no estaba mal. No hemos querido dejar de lado, en todo el proyecto, la idea de promover el cuidado de las personas en el ámbito laboral, de ahí el título de esta obra. “Si el empresario o gerente se preocupa de engrasar sus máquinas, debe preocuparse de engrasar su equipo humano”, decíamos. Por mi parte, con la idea no del todo clara, me embarqué en el proyecto a pesar de pensar que “otro manual” no sabía si tendría cabida en el mercado. Tal vez fue ésa la inquietud que me llevó a pensar, después de ver los primeros pasajes escritos por Virginia, que el formato podía ser otro. Más que escribir un manual al uso, le propuse escribir una “novela empresarial”. Aun recuerdo la cara de asombro que puso, no daba crédito a sus oídos. ¿Dónde iba a quedar su “supermercado de soluciones”? Todavía no sé cómo la convencí. La cuestión es que poco a poco, nuestra novela empezó a tomar forma. Cada capítulo escrito era una gota de motivación para continuar. Llegamos a temer que se nos fuera de las manos y que acabáramos escribiendo un “infumable” de mil quinientas páginas. El trabajo en equipo nos ayudó a poner sentido común y finalmente creo que ha quedado una historia muy simpática, con un objetivo: dar esperanza a aquellos empresarios y gerentes de pequeñas y medianas empresas que no quieran darse por vencidos. La Mejora Continua y la Calidad no son cosas de únicamente de grandes multinacionales y grandes empresas de Consultoría. Con poco presupuesto y mucha confianza en el equipo humano, cualquier


empresa puede mejorar prácticamente todos los aspectos de su gestión y operativa. Me viene a la cabeza aquella historia que se explica en algunas escuelas de negocios sobre el dueño de un restaurante que envió a su hijo a cursar un máster en Estados Unidos, dice así: Había un famoso restaurante de carretera que tenía mucho éxito. Las cosas iban tan bien que el propietario del restaurante envió a su hijo a estudiar un máster en Estados Unidos, en una de las mejores universidades del país. Cuando volvió, el chico explicó a su padre todo lo que había aprendido e hizo especial hincapié en algo que le habían dicho en la Universidad: “nos debemos preparar para la crisis que está por venir”. El chico recomendó a su padre que sustituyera el jamón de bellota que ponían en los bocadillos por jamón del país, de esta manera reducirían costes. Cambiaron la marca de café por otra de menor calidad y más barata. Hicieron un ERE (Expediente de Regulación de Empleo) y redujeron el número de camareros para garantizar los puestos de trabajo de los que quedarían. Dentro del plan de reducción de gastos decidieron apagar el cartel luminoso que se veía desde la carretera. Poco a poco el número de clientes fue reduciéndose, hasta que un buen día no entró nadie. Ese día el padre le dijo al hijo: “Suerte que fuiste a Estados Unidos y me avisaste, porque la crisis realmente ya ha llegado”. Obviamente, cuando nos toca vivir momentos difíciles hay que adaptarse para sobrevivir, pero me gustaría enviar desde aquí un mensaje a todos aquellos empresarios y gerentes que lean este libro: Antes de que nos golpee la crisis, sea del tipo que sea, podemos prepararnos si nos ocupamos de tener nuestro negocio bien afinado, como si de un piano se tratara: maquinaria, procedimientos y personas. Este libro pretende ser, también, una inspiración para aquellas empresas familiares que afrontan el cambio generacional y no saben muy bien cómo hacerlo. No quiero decir que aquí vayan a encontrar la quintaesencia del relevo generacional. Lo que quiero decir es que intenten ver su empresa, su entorno, sus clientes y, sobre todo, aquellos que deban relevarlos, con ojos diferentes, con una mente abierta y sin pensar que las cosas deben hacerse de la misma forma que se han estado haciendo hasta


ahora. Hay otras formas de gestionar y operar; aferrarse a la historia es negarse la opci贸n de un futuro mejor. Espero, amigo lector, que disfrutes con la lectura tanto como yo he disfrutado con su elaboraci贸n. Rafael Adame


I

La vida es eso que pasa, mientras tú haces otros planes John Lennon

Albert Font se levantó esa mañana, nervioso porque era el primer día de trabajo en la empresa de su padre. Después de haber terminado sus estudios de empresariales, con un master cursado en Estados Unidos bajo el brazo, y una amplia formación en la gestión de empresas, aún no tenía muy claro si había acertado en la elección. Y después de todo lo estudiado, entrar en la empresa familiar como el “hijo del jefe” le parecía un camino que iba a parecer muy fácil extramuros, pero internamente mucho más complicado, que ponerse a trabajar en cualquier otra empresa, para cualquier otro jefe que no fuera su padre. Salir juntos de casa de camino a MANFILTER, la empresa familiar, le hizo pensar que hacía muchos años que no hacían algo similar, aproximadamente unos veinte años, cuando su padre le acompañaba de la mano a la escuela, y curiosamente, aunque hubieran pasado todos esos años, no sabía si por la similitud de la situación, se sintió como un niño al que acompañan al colegio y no como el directivo de empresa que se suponía era. Cuando llegaron, se cruzaron en la puerta con Gabriel, el jefe de Almacén.


-

Buenos días Gabriel, mira a quien tenemos por aquí, el niño, que por fin se hará cargo de la empresa para que yo pueda jubilarme y dedicarme a la pesca.

-

Buenos días, Sr. Font, eso de jubilarse está muy bien, yo me apunto rápido, pero me parece que aún me quedan unos años… –comentó Gabriel¿Cuántos años llevas aquí?

-

Cuarenta y dos años y tres meses…empecé con dieciséis. Era solo un chaval. Ha llovido mucho desde entonces, y aún me quedan nueve para jubilarme.

-

Sí que llevas bien las cuentas.

-

20 de Julio de 1969. El día que Neil Armstrong puso el pie en la Luna, yo puse el pie en MANFILTER. Albert, ve acostumbrándote, porque Gabriel dice esta frase al menos diez veces al día.

-

Eso en un día tranquilo, diez y media, si las cosas se complican – contestó Gabriel-

-

Lo mejor de Gabriel es que en cuarenta años no le he visto jamás enfadado, siempre está de buen humor.

-

Y eso que no me lo ponen fácil, me hacen la zancadilla, me cambian las cosas de sitio, me esconden el almuerzo, me dejan sin patio…

-

Ya lo creo, las mil y una. Gabriel le voy a necesitar después. ¿Se podrá ocupar de acompañar a Albert y enseñarle como trabajamos aquí?

-

Por supuesto.

Albert, de pronto se sintió muy incómodo, porque tuvo la sensación de que entraba en un mundo ya construido, donde su misión era aprender cual


era el sistema establecido, respetarlo, y continuarlo tal cual. Era como si su vida hubiera perdido su singularidad, y él mismo su identidad, para convertirse en la continuidad de un proyecto o en la sustitución de una próxima vacante. El Sr. Ernest Font, continuó por el pasillo seguido de su hijo, abrió la puerta de un despacho contiguo al suyo, y le dijo: -

Éste será tu despacho, espérame aquí.

Albert notó que algo se le encogía en la entrada del estómago y la boca se le quedaba seca por momentos. La mesa de madera, el sillón de cuero, las estanterías, todo parecía muy regio. Se dirigió al sillón, y curiosamente en lugar de sentir alegría, le parecía que le caía encima una pesada losa que le aplastaba el pecho y no le dejaba respirar. Desde aquel sillón se tomaban decisiones, y empezó a dudar de que fuera capaz de vivir forjando el futuro de la empresa con cada pequeña decisión que estaría obligado a tomar. ¿Y si después de todo había equivocado la vocación? Tuvo que preguntarse a sí mismo si había alguna razón para que estuviera ahí sentado, aparte de la presión familiar. Parecía que su vida tenía el único objetivo de ser una especie de extensión o anexo de la de su padre. Por otro lado, tampoco es que hubiera hecho la carrera a desgana, era un buen estudiante, y no le desagradaba la idea de continuar la saga familiar, pero notaba que se perdía en el entorno y eso dificultaba que saliera a relucir su personalidad. Temía verse engullido por el monstruo de la empresa tal cual estaba constituida y que su única aportación o cambio en ella fuera poner el portalápices a la izquierda o a la derecha de la mesa, que por cierto, era vetustamente pesada. Reseguía con un dedo el dibujo de un nudo en la madera cuando irrumpió su padre en el despacho y le dejó, sobre su flamante nuevo escritorio, un mono de trabajo todavía embolsado y sin desprecintar. -­‐

¿Qué es esto? -dijo perplejo-

-­‐

Dije que éste sería tu despacho, pero no dije cuando harías uso de él…-dijo riendo jocosamente- La escuela es una cosa y la vida es


-­‐ -­‐

otra. No puedes tomar decisiones sobre un proceso que desconoces. Hay un dicho indio que dice que para conocer lo que piensa otro has de meterte en sus mocasines. Y eso es lo que vas a hacer. Te vestirás de operario porque de momento vas a ser un operario. Acompáñame, venga, que no tenemos todo el día, -insistió, viendo la aparente inmovilidad de su hijo- ¿o se te van a caer los anillos ya, antes de empezar? No, no, me parece muy bien… solo que no esperaba empezar así… Así es como empezó tu abuelo, así es como empecé yo, y así es como empezarás tú.

Albert recogió su mono de trabajo y salió del despacho directo a los vestuarios, todavía perplejo por la situación. Lo más curioso de todo, es que meterse en el mono le produjo una sensación primero sedante, como de relajación, luego de alivio, y después de alegría. Sin saber por qué se sentía muy feliz ¿Por qué? se preguntó. Tal vez no tener que tomar ninguna decisión por el momento, le produjo una sensación de quitarse un peso de encima. Pensó que su padre tenía razón, aún no estaba preparado, y le agradeció ese gesto, porque pensó que asumir esa responsabilidad de forma precipitada le hubiera resultado extremadamente estresante. En cuanto cruzó la puerta del vestuario, otra emoción inesperada le acometió, la vergüenza, pero no porque llevar el mono de operario, le hiciera sentir como si tuviera que ejercer un trabajo de menor importancia, sino más bien por lo que iban a pensar sus “compañeros”. Tenía un gran respeto por todos los trabajos, y ganas de hacerlo bien, fuera cual fuera la misión encomendada. Tenía miedo de que no le tomaran en serio. Gabriel le recogió en la puerta del vestuario. Le reconfortó que Gabriel se riera de él abiertamente, cosa que pensaba, los demás harían ocultamente. -­‐

Albert vaya pintas ¡ja, ja, ja! Tu padre me ha pedido que te acompañe a hacer, lo que llamamos el “tour”, es decir, una vuelta por la fábrica para enseñarte todo el proceso, y después que te deje en la Slitter. Ese será tu sitio de momento.


-­‐

Gabriel, perdona la indiscreción. ¿Qué es una Slitter? Nunca he oído hablar de ella y, ya sabes, en el master no te lo enseñan todo.

-­‐

Es la máquina de cortar tejido. No es una máquina fácil de llevar, pero los chicos te enseñarán como hacerlo.

Gabriel empezó su recorrido por el almacén. -­‐

Antes de empezar, te voy a resumir el proceso en dos minutos. Los fabricantes, cuyos productos contaminan el aire, necesitan tener un filtro. Ese filtro es un habitáculo donde hay un número x de mangas filtrantes, que son básicamente, un tubo de tejido con distintos acabados en los extremos y que se encarga de atrapar todo el polvo o sustancias que no pueden llegar al medio ambiente. Aquí fabricamos esas mangas. Compramos el tejido en piezas de unos dos metros de ancho, las cortamos a la medida que necesitamos, las cosemos longitudinalmente, es decir que las cerramos o entubamos, y después en máquinas de coser les añadimos accesorios a los extremos, que pueden ser aros, flejes, discos, con el objetivo de que queden encajados dentro del filtro o habitáculo del cliente. Una vez fabricadas, las empaquetamos, y se las enviamos. ¿Alguna pregunta?

-­‐

Bueno, se me ocurren mil, pero supongo que antes de atosigarte, me espero a que hagamos el “tour”.

-

Eso es, ahora irás viendo todo lo que acabo de explicar pero con más detalle. Empezaremos por el almacén. Pablo es el encargado. Cuando recibe las mercancías se cuida de ponerlas en los estantes.

-

¿Se le asigna un número interno o se registra una ubicación?

-

¿Cómo? No, no. Se agrupa más o menos por zonas, pero siempre falta espacio, ya no sabe uno donde poner las cosas.

-

Y ¿como hacen en fábrica para pedir los materiales que necesitan?


-

Se lo dicen a Pablo, tiene buena memoria y como es él quien pone las cosas, pues él se apaña para darlas cuando se las piden. ¿Y si Pablo no está?

-

Pues nos vuelven locos a todos.

-

¿Y donde apuntan las unidades que se llevan?

-

En la misma caja, con un rotulador. Pero yo no sé cómo lo hacen en fábrica, que después de haberse llevado las piezas o les faltan o les sobran, luego pasa lo que pasa. Se hace inventario dos veces al año, pero no hay forma de cuadrarlo.

-

¿Y no se emplea ningún sistema informático?

-

Uy, nada, nada, yo con esas máquinas no me entiendo, y Pablo menos aún. El niño que lleva la Slitter es el único que entiende algo de esos trastos modernos, y querían que fuera él quien hiciera las entradas, pero al chaval no le sobra tiempo, y no pone mucha disposición, dice “que a él no le pagan para eso” -dijo Gabriel bajando la voz a modo de confidencia- que conste que no le critico, cada uno sabe sus cosas. La Slitter tiene mucha responsabilidad, no es una máquina complicada pero hay que estar ahí, sino en un momento se te puede liar una pajarraca de cuidado, y si pasa algo, nadie se va a acordar de si estaba metiendo los datos en el “cacharro”…

-

Ya, ya…entiendo… Albert sacó una libreta de su bolsillo, y anotó: Almacén orden, sin ubicaciones, fallos inventario, sin soporte informático.

-

Gabriel, y esas cajas que hay allí tan llenas de polvo…

-

¡Uy! Esas están ahí desde antes de que yo pusiera el pié en MANFILTER y Neil Armstrong lo pusiera en la Luna.

-

Pero bueno, ¿aquí no se tira nunca nada? –preguntó Albert que hizo una nueva anotación en su libreta: 5s


Entraron en la sección de la Slitter, una máquina de dos metros y medio de largo, donde se cortaba todo el material tejido filtrante de la empresa, Víctor, era el operario que llevaba la máquina en el turno de mañana. La máquina estaba parada y él estaba apoyado en la mesa anexa a la Slitter. -

¿Qué haces aquí parado chaval?

-

Esperando que Ferrán me afile las cuchillas…

-

Esta máquina, mírala bien que va a ser tu compañera de baile –dijo Gabriel dirigiéndose a Albert- ¿Ves todos esos rollos de tejido? Esto es el material tal y como lo manda el proveedor, tiene una longitud de 2160 cm. Después de colocar la pieza en la Slitter será dividida en diferentes rollos más pequeños según el pedido del cliente. Por ejemplo si el cliente necesita un ancho de 530 cm, de la pieza nos saldrán 4 cortes, con un sobrante de 20 cm por lado. Una vez cortado al ancho, esos cuatro rollos se llevan a la maquina de entubar, es decir se cose longitudinalmente, para luego cortarlo al largo que se necesite, y ahí ya casi tenemos una manga filtrante. ¿Ves ésta zona de aquí? Esto son las cuchillas, se pueden mover horizontalmente a la medida que quieres, puedes quitar o poner según necesites tres, cuatro o cinco cortes, dependiendo del ancho. Esta máquina es el pan de la empresa, si se para nos paramos todos, es el primer escalón de la larga escalera de la producción.

-

Y cuando se avería ¿hay máquina de sustitución?

-

No, cuando se avería, todos a correr

-

Y ¿ahora mismo, está averiada?

-

No, no, lo que pasa es que funciona las veinticuatro horas en tres turnos, y como las cuchillas se desgastan pues hay que parar para quitarlas y afilarlas.

-

¿Y no hay un juego de cuchillas de recambio? Sí, sí que hay, pero si el mecánico de la tarde no tiene tiempo de afilar…pues nada, nos pilla el toro, que es hoy sí, y mañana también…


Albert sacó nuevamente su libreta y anotó: Kaicen, Disminución de costes de producción (CQD) -

Esta otra máquina es la de cortar acero, tenemos cuatro anchos de flejes que después se utilizan en los acabados de los filtros.

-

¿Cómo? ¿Qué es eso de fleje?

-

Veamos, el fleje es una banda de acero que se forra de tejido y se cose a uno de los extremos del tubo de tejido o manga y que facilita su colocación hermética dentro del filtro del cliente. Es muy importante que el ajuste sea completamente hermético para que la manga filtrante sea efectiva al 100% y las partículas de polvo no se cuelen por donde no deben. Se trabaja al milímetro. Ahí tienes a David cargando la pieza de acero, pesa más de cincuenta kilos…

-

¿No debería utilizar alguna máquina que le ayude a mover tanto peso…eso que funciona con una polea…ahí está un polipasto.

-

Si…pero éste David es un caso…dice que pierde tiempo… y que las horas que pasa en el gimnasio haciendo pesas, para algo tienen que servir…

-

Ya… Cultura de seguridad laboral –anotó-

Gabriel, abrió paso a Albert. Unos carros de material entubado, estaban en medio del pasillo. …Lean Teak…optimización de los espacios -

¡Montse! ¡Por Dios! ¡Que no se puede pasar!

-

¡Gabriel, siempre protestando!…si es que no hay sitio

-

Pero mujer, aquí no lo dejes que tiene que pasar el toro…oye de paso déjame enseñarle a Alberto lo que haces.

-

¿Empiezas hoy chaval?


-

Montse…es el hijo del Sr. Enrique…

-

¡Uy!...-Montse cambió el color de sus pálidas mejillas, por un intenso rojo fuego- Me alegro de conocerte…

Albert notó como le hacía un repaso de arriba abajo y ponía cara de perpleja, por el mono de trabajo, suponía. Gabriel continuó con sus explicaciones. -

Esta máquina es un tubing o máquina de entubar. Aquí ponemos las piezas cortadas previamente en la Slitter, y ésta máquina las va cerrando con una costura longitudinal central de tres agujas. Hay una célula que detecta el largo que previamente se programa y la corta a la longitud que el cliente ha pedido. Los brazos mecánicos las van empujando a ésta cubeta grande y de ahí se van cogiendo y colocando en cubetas pequeñas que se transportan a cada una de las máquinas de coser para darles los remates en los extremos. ¿No se puede poner en marcha?

-

Bueno, ahora estoy en pleno cambio de pedido, rellenando los formatos, mientras nos aprueban la muestra en calidad…si vienes de aquí media horita

-

Niña, pues sí que tardan en darte el OK!

-

Ya ves…es lo que hay…

Sonó una sirena, que marcaba la hora del desayuno, y Gabriel después de darle una palmada en el hombro, y darle la indicación de que se encontrarían veinte minutos después, allí mismo, para continuar el recorrido, desapareció entre la multitud de operarios que corrían hacia el comedor, los lavabos y la salida. Alberto se sintió ligeramente aturdido, y se dirigió indeciso hacia el almacén. No tenía ganas de comer ni beber nada, pero sí le apetecía fumar. Salió al exterior y un poco alejado de un grupo de chicas que también fumaban encendió su cigarrillo. Una voz venida de su espalda le dijo: -

¿Me das fuego?


Se giró para tropezarse con unos ojos negros de intensidad arrolladora, acompañando una cara armónica con rasgos de escultura griega. Era realmente guapa. -

¿Eres nuevo, no? Si… digamos que es mi primer día Siempre es duro, no conoces a nadie… se siente uno como un tonto… Ya… ¿hace mucho que trabajas aquí? Un año más o menos ¿Y que es lo que haces aquí? Soy inspectora de calidad, ¿Y tú? ¿Vienes para la Slitter? Sí… más o menos. ¿Se trabaja a gusto aquí? Sí, sí, se está bien. El ambiente de trabajo es bueno, aunque la empresa parece anclada en el pasado. El dueño está un poco chapado a la antigua, y no le queda mucho tiempo para jubilarse, se supone que vendrá su hijo a hacerse cargo de la empresa, pero nadie cree que le dure más de seis meses, porque no parece haberse interesado nunca por la empresa. En el tiempo que llevo aquí, no le he visto el pelo ni una vez, así que ya me contarás… estudia en Estados Unidos, creo…

La sirena sonó para marcar el final del descanso y la chica apagó su cigarrillo y se puso en marcha. Se giró un momento y al ver que Albert seguía plantado, sin mover ni una pestaña le dijo: -

¡No te quedes ahí como un pasmarote, que tienes que entrar! Me llamo Andrea –dijo alzando la voz desde la distancia-¿y tú? Albert…

Andrea se alejó señalando con su índice la oreja en un gesto que quería decirle “no te entiendo”. Cuando llegó a la máquina de entubar Gabriel ya le estaba esperando. Montse estaba sentada, poniendo un poco de orden en la mesa donde convivían en poco espacio, herramientas, formatos, y algunos objetos personales. -

Vamos a calidad y veremos como verifican la muestra –sugirió Gabriel-


Cuando llegaron, se encontraron con Andrea que comprobaba el cabezal de la manga filtrante en una galga. -

Buenos días, venimos a ver cómo está la muestra de Montse, y a ver si nos explicas un poco lo que se hace aquí. Te presento a Albert, el hijo del Sr. Font.

Andrea había dibujado en su rostro una sonrisa al verles llegar, que se heló al saber quien era, y sus ojos se convirtieron en dos bazokas que lanzaron una mirara asesina hacia él. -

Nos hemos conocido hace un momento –sentenció Andrea visiblemente molesta- Tenemos un problema. El plano indica que el acero del fleje tiene que ser de grosor 0,5 mm y no lo es. Es de 0,4mm. Se tendrá que cambiar y averiguar si la prueba de cabezal, también está mal, pero lo vamos a hacer después para no dejar el tubing parado.

-

No entiendo…¿porqué estás tan segura del grosor del fleje? – preguntó Albert-

-

La forma en que se flexiona un 0,4mm es mucho más ligera que la de un 0,5mm y se nota enseguida, lo puedes comprobar tu mismo si no te fías…

Andrea puso especial énfasis en la palabra fías, en la que Albert leyó una especie de mensaje subliminal relacionado con la confianza traicionada. Le molestaba que ella pensara que había ocultado su identidad deliberadamente, pero no era el momento ni el lugar para hablar del tema. Andrea acompañada de la entubadora midió el largo. -

3052 mm , el largo debería hacer 3550, le falta medio metro para ser válida como muestra.

Montse no se podía creer que fuera medio metro corta. Uno de los formatos de calidad a rellenar antes de poner el tubing en marcha, tenía casillas, indicando el ancho plano, la longitud de la manga, largada de la


puntada, el hilo utilizado etc… pero a pesar de ello, no era la primera vez que sucedía algo así, porque la cinta métrica utilizada, por razones de posicionamiento en el tubing, se leía al revés y eso inducía a error en cifras que se prestaban más fácilmente al equívoco. -

Creo que no lo he entendido. ¿Alguien puede explicarme todo esto de una forma más sencilla? -Preguntó Albert- Lo siento, es mi primer día y todavía ando un poco perdido con vuestro vocabulario.

-

Verás –dijo Andrea intentando ser amable, aunque aún se la veía forzada- La máquina de tubing tiene una cinta transportadora por donde va avanzando el material que se va cerrando o entubando hasta que una célula fotoeléctrica lo detecta y hace parar la cinta, para que la cuchilla que está situada en el extremo de la cinta transportadora, corte el material entubado. Después de ser cortado un brazo mecánico lo empuja y lo arroja fuera de la cinta transportadora y queda depositado junto a las demás mangas que han ido cayendo en ese carro.

-

Y ¿cómo decide la célula fotoeléctrica a qué longitud debe cortar la manga?

-

La célula no “decide” – dijo Andrea dejando entrever una media sonrisa por la forma en que Albert había formulado la pregunta- La entubadora mira en el plano de fabricación la longitud a la que debe ser cortada la manga, y mueve la célula fotoeléctrica en función de la medida que desea. Tiene una cinta métrica colocada en la barra superior de la cinta trasportadora. ¿Sabes donde radica el problema?

-

No Los planos están en milímetros, y la cinta métrica en centímetros, de modo que hay que hacer la traducción mental, es decir al número que ves le añades mentalmente un cero. Hay números que se prestan más fácilmente al equívoco, como 2500 por 2050 o 3550 por 3500…

-

¿Y ahora que pasará?


-

Ahora la entubadora moverá la célula fotoeléctrica y la pondrá en la medida correcta, cortará otra manga, la dará a confeccionar y volverá aquí para que la verifiquemos, como podrás ver una autentica catástrofe –dijo con sorna-

-

¿Eso quiere decir que pasará otra media hora antes no tenga la muestra? -Pregunto nuevamente Albert sin poner demasiada atención a la ironía de la agraviada inspectora de calidad-

-

Algo menos… unos veinte minutos más o menos…

-

¿Eso es lo que se tarda habitualmente en tener lista una muestra?

-

No, eso es lo que se tarda en tener a punto una muestra sencilla como ésta, si fuera con aros, o algún otro tipo de acabado más complejo tardaría mucho más.

Albert se quedó perplejo de que Andrea dijera aquello con un tono que le parecía cercano al orgullo. Suponía que aún estaba rabiosa por lo que había sucedido antes. Smed -

¿Me has dicho que no es la primera vez que sucede algo así con las medidas?

-

Hombre, no está sucediendo todos los días, pero es un fallo recurrente.

-

¿Se abren incidencias internas, al respecto?

-

No. Prácticamente casi no documentamos las incidencias internas.

Albert siguió anotando mentalmente, Análisis modal de fallos y efectos. Confeccionar la muestra ponía nuevamente el cronómetro en marcha que consumía velozmente el tiempo, a pesar de que Montse corría arriba y abajo, primero buscando la regla para medir las puntadas, perdida entre el desorden de la pequeña mesa donde tenía sus herramientas, después un nuevo cabezal, luego en la prensa haciendo cortar un nuevo disco de tejido


para colocar en el otro extremo de la manga, y finalmente buscando cosedora para confeccionar la manga. Gabriel aprovechó para enseñarle el Departamento de Partes, que era donde se organizaba la preparación de todos los materiales que se necesitaban para la confección de las mangas. Había cuerdas de distintos grosores que se tenían que encolar o unir, gomas de diferentes materiales, discos de tejido de una enorme variedad de diámetros, que se cortaban en una prensa hidráulica, refuerzos, cabezales etc… La visión del departamento era bastante caótica porque había cajas de materiales por todas partes, rollos de tejido e infinidad de cosas amontonadas por doquier. -

No hay espacio resumió Olga, la encargada de Partes.

Desde allí pasaron a la zona de marcaje, donde Sonia y Lorena marcaban mangas de fibra de vidrio con aros, en una mesa de doce metros. Marcaban las líneas donde tenían que ser cosidos los aros, recubiertos por tiras de cobertura del mismo material de fibra. A veces llegaban a marcar mangas de diez u once metros. Solían tener el mismo problema que Montse. El tiempo de aprobación de la muestra podía llegar a ser de una hora o incluso dos, si no conseguían que quedara bien a la primera, ya que la tolerancia de medidas era muy estricta y la fibra de vidrio era un tejido con gran movilidad. Cuando llegaron a la sección de cosedoras, se encontraron con el problema de que una de ellas se había hecho daño en la espalda tirando de una de las mangas de la cubeta, y se la llevaban a la mutua. Varias cosedoras estaban en pie recriminando a la encargada que no se hiciera nada para evitar esas lesiones, porque no era la primera vez. Discutían acerca de la colocación de las mangas en la cubeta, y pedían una forma de distribución distinta, que las responsables de colocación de mangas, se negaban a realizar, porque les suponían el doble de tiempo. Ergonomía…Kaicen colocación de mangas Montse no sabía a quién darle la muestra a coser, porque había dos maquinas averiadas, Sole estaba cosiendo un pedido urgente, Tere tenía otra clase de hilo en la máquina y le pidió amablemente que buscara a otra cosedora que tuviera el hilo del mismo color.


-

Mira, Rosa Mari, tiene hilo de polipropileno, te lo hará en un momento.

Pero cuando Montse fue a la máquina, Rosa Mari acababa de levantarse para ir al lavabo. Así que para ahorrar tiempo se puso ella misma a coserla, recibiendo las críticas de una de sus compañeras de tubing por hacer una función que en principio no le tocaba. Cross training - Eso, eso, tú ves dando ideas, que acabaremos haciendo de todo, y aún les parecerá poco. Las dos máquinas en avería, tenían a las cosedoras en espera, porque el mecánico no daba abasto. En la sección de empaquetado, tenían un problema con uno de los pedidos, ya que al parecer faltaba una manga, pero la encargada estaba segura de que el pedido estaba completo. Como era una manga de aros, no podían fabricar otra sin más, ya que no disponían de más aros galvanizados requeridos para ese pedido. Así que no tenían más remedio que abrir todas las cajas y revisar las cantidades para cerciorarse de que realmente faltaba. Albert seguía tomando anotaciones de todos los procesos que veía mejorables Análisis modal de fallos y efectos -

El eslabón final de la cadena está aquí. Después de fabricar el producto lo enviamos. Todas las entradas y salidas de material se gestionan desde el departamento de logística, la llevan dos personas, Cesar y Celia –continuó explicando Gabriel-

Junto a la oficina de tráfico o logística, estaba la oficina de producción, con Julio al mando, y Jaime que era el jefe de calidad. Cuando entraron Julio estaba hecho un basilisco porque la máquina de remachar flejes tenía una avería y la pieza que estaba partida, debería haber tenido un repuesto que no estaba porque nadie se había ocupado de comprarla. El jefe de Mantenimiento, Ferrán, estaba allí, explicándole que la última vez, se había cambiado sin que nadie le informara.


Por otro lado Jaime intentaba explicarle que uno de los materiales se había entubado con el tratamiento por fuera, cuando el plano indicaba por dentro. Eso suponía unos doscientos metros de material inservible porque descoserlo y volverlo a coser dejaría agujeros sin tapar y era del todo imposible servir mangas filtrantes con agujeros. No era la primera vez que sucedía. Poka Yoke…Por otro lado y para rematar, la lesión de la cosedora dificultaba la organización de la semana, porque justamente era la única que sabía usar bien la máquina de reparar mangas, exceptuando una de las entubadoras que también podía desempeñar esa función, pero que era imposible que abandonara su posición. Subiendo una escalera se llegaba a la planta de operaciones, donde tres personas gestionaban Compras, Diseño, y Costes, coordinados y dirigidos por María Juárez. Había que subir otro piso para encontrarse con el Departamento financiero compuesto por tres personas, una de ellas era Roberto Márquez, el Jefe de Finanzas y el Departamento Comercial donde seis ingenieros, gestionaban las ventas, coordinados por un Jefe de Ventas. En una cuarta planta, estaba el despacho de su padre, y uno vacío que se suponía algún día sería el suyo. Allí le rescató su padre, y le retuvo con más explicaciones acerca del negocio, listados de clientes, estrategias de ventas, la forma en que calculaban el volumen que iban a mover a lo largo del año. -

Creía que iba a hacer de operario Eso será mañana Albert, hoy ya se te ha esfumado el día. Creo que deberías marcharte, debes tener la cabeza a punto de estallar. Descansa y mañana, empieza tu jornada a las seis de la mañana. Ya sabes dónde está la Slitter, Víctor te enseñará a llevarla.

-

¡A sus ordenes! –dijo Albert imitando un saludo militar-

-

¡Así me gusta! ¡Y sé puntual!

-

¡Señor! ¡ Sí, señor!

Albert subió a su coche, completamente absorbido por sus pensamientos, relacionados con la sensación de que el día que había vivido era al más largo de su vida, y no había avanzado ni veinte metros cuando


distinguió la figura de Andrea que caminaba a su izquierda. Después de accionar el claxon se detuvo a su lado y bajó la ventanilla. -

¿Te acerco a alguna parte?

Andrea se paró ante el bocinazo, y contestó sin dejar de caminar. -

No, ¡no hace falta!

-

En serio, te acompaño donde quieras. No tengo prisa.

Andrea se detuvo, y se acercó hasta la ventanilla. -

No te molestes, me gusta caminar.

-

No es ninguna molestia, hace mucho calor. ¿A dónde vas?

-

A la estación de ferrocarril.

-

¿Está cerca?

-

A unos diez minutos.

-

Sube, que te llevo.

Andrea, pareció dudar aún unos instantes, y se mordió el labio inferior de una manera muy graciosa, mientras resoplaba. -

Vale, de acuerdo.

Después de rodear el coche, entró en el vehículo. -

¿Siempre vienes en tren?

-

No, normalmente vengo en moto, pero ésta mañana llovía a mares y me ha dado pereza, pero ya ves, ahora hace un sol aplastante.

-

¿Dónde vives?


-

En Mollet

-

Ah! puedo llevarte hasta allí, me viene de paso.

-

No hace falta, de verdad.

-

Verás, quería hablar contigo. No hemos empezado con buen pie, ésta mañana…

-

No demasiado.

-

No quería que tuvieras una idea equivocada de mí…

-

No tengo ninguna idea. –contestó Andrea, bastante esquiva-

Albert empezó a hablar por los codos, explicándole a Andrea un montón de cosas que venían a su mente, sobre los últimos años, como le había ido el día, y la tensión de Andrea cedió con facilidad, de modo que en el trayecto, charlaban animadamente, riendo y bromeando como si se conocieran de toda la vida. Cuando llegaron a Mollet, Albert le propuso tomar una cerveza y aunque Andrea pareció volver a transmitir la tensión inicial, y después de mirar de reojo como pensando, accedió. -

¿Aún sigues creyendo que cuando la empresa esté en mis manos, no durará más de seis meses? –preguntó Albert-

-

Bueno, eso era antes de conocerte, ahora estoy convencida de que con tres meses tendrás suficiente para mandarnos a todos a engrosar las listas del paro, ja ja ja!

-

¡Muchas gracias por la confianza! Bien, sí tu teoría es vox populi, y mucho me temo que lo es, siempre podrás decir esa fantástica frase de “Esto ya os lo decía yo”

-

No suelo decir esa frase, casi nunca.

-

No me lo creo, esa es una predicción típicamente femenina.


-

Uf! acabas de entrar en territorio peligroso, las arenas movedizas de los tópicos femeninos. Prepárate porque puedes acabar hasta el cuello y sin posibilidad de salvación.

-

No, no, dejemos la guerra de sexos…prefiero volver al tema del hundimiento de la empresa, provocado por mis torpes manos. La verdad es que yo tampoco tengo mucha confianza en mi mismo.

-

¿Por qué dices eso? Por lo que me has contado, tienes una buena formación y ¿sabes lo que creo más importante? que te has formado en Mejora Continua. Yo soy una auténtica fanática de la Mejora. He hecho cursos de Lean Management y me apasionan los cambios, la empresa donde trabajaba anteriormente, se dedicaba a la fabricación de envases para laboratorios. Tenían un responsable de Lean Manufacturing, y yo participé en varios proyectos de mejora. Fue alucinante ver la evolución de la empresa. De ser una empresa familiar, con todo el equipo reticente ante los cambios, después de varios Workshops, fueron encauzándose todos en la misma dirección. Llegaron a incorporarlo como una herramienta más de trabajo. ¿Sabes lo que es un equipo de sesenta personas pensando día a día, como mejorar la empresa? Llegó a crearse un clima tan fuerte de hacer piña, que incluso relaciones de trabajo antagónicas por excelencia, mejoraron. Fue espectacular. Creo que tú podrías hacer algo similar.

-

Ya…pero yo no tengo la experiencia, no he hecho nunca nada semejante. Sé lo que tengo que hacer, pero no tengo ni idea de cómo hacerlo… eso teniendo en cuenta que mi padre lleva cincuenta años en el negocio, y vengo yo que llevo un día a enseñarle como dirigirlo.

-

¿Lo ves? Esa forma de pensar es limitadora. Cualquiera puede hacer una aportación de mejora, independientemente de la posición que ocupe en la empresa, incluso si lleva un solo día, cuando todo el mundo está convencido de ello, y de que hay una vía de comunicación para expresar sus ideas, la fuerza que se genera en la empresa es imparable, porque todo el mundo se siente parte importante en ella.


Las cervezas y las horas fueron sumándose una tras otra, sin que ninguno de los dos pareciera consciente de ello. La mirada intensa de Andrea quedaba en parte oculta por un mechón de su pelo alborotado por las risas, y Albert no pudo evitar acercar su mano al rostro de ella y retirar delicadamente ese mechón, que colocó detrás de su oreja, a la vez que en su descenso, casi acariciaba su mejilla. Las miradas se habían fundido con el silencio que se había cargado con la intensidad del deseo. La voz del camarero irrumpió como si un trueno anunciara una tempestad. -

Señores, si tienen la amabilidad de ir acabando sus copas, en diez minutos vamos a cerrar.

Andrea miró el reloj y dijo: -

¡Las tres! ¡No puede ser! ¡Me tengo que ir! Nos vemos mañana.

A la salida del bar, Andrea se despidió breve, rápida y secamente, dejando a Albert sumergido en un mar de confusiones. Caminó hasta el coche viendo como la silueta de Andrea se fundía entre las sombras de la noche, mientras Albert se preguntaba a sí mismo, qué hubiera sucedido si el camarero no hubiera irrumpido de forma tan brusca e inoportuna a informar del horario de cierre del local.

*

*

*


II     Cuando cambiamos interiormente, debemos cambiar también los objetos que nos rodean Anaïs Nin

A la mañana siguiente se enfrentaba a su primer día en la Slitter. A las seis de la mañana estaba junto a Víctor intentando retener todas las explicaciones que éste empezó a soltar de carrerilla. Le pareció que iba muy deprisa e intento tomar algunas anotaciones en su libreta, pero no parecía fácil elaborar un mini manual de funcionamiento, a la vez escuchar y además ponerse manos a la obra. Aprendió a rellenar los formatos, a colocar la pieza de tejido en el rulo, que después pasaría por los tensores


hasta llegar a la parte donde las cuchillas dividirían la pieza grande en piezas más pequeñas. -

Se coloca el lado filtrante por fuera, excepto cuando es membrana que se coloca por dentro para que no se dañe, o cuando la manga filtra por dentro, ya que en ese caso también se coloca por dentro.

-

Ya…-contestó Albert sin mucha convicción- ¿Y eso donde está escrito?

-

En el plano. Cada pedido lleva su plano y su hoja de pedido, en la hoja de pedido verás la cantidad, el cliente, los componentes de la manga y el número de plano. El plano es sagrado, es la biblia del pedido. Aquí te dice todo lo que tienes que saber sobre el producto que vas a fabricar, si cambia un solo dato se genera otro plano y así se evitan las confusiones. Sí, sí, eso lo entiendo, pero supongamos que yo leo en el plano, calandrado por dentro, ¿Cómo puedo saber, mirando el tejido donde está la parte calandrada?

-

-

Si lo miras a la luz…verás cómo este lado brilla un poco… ¿lo ves? Bueno aunque hay alguno que cuesta más de distinguir…

-

¿Y ante la duda?

-

Preguntar, siempre preguntar. Cortas un trozo y se lo llevas a Jaime de Calidad.

-

¿Y no puede venir Jaime aquí?

Víctor dejó escapar una sonrisa, y le dijo: -

Mira Albert, Jaime no va a venir hasta aquí, bueno si lo llamas tu, seguro que sí y hasta corriendo.

-

No te entiendo…


-

Pues es muy sencillo, tu llevas el mono de prestado, pero sigues siendo el hijo del jefe. Jaime es el jefe de Calidad, no va a venir hasta aquí porque un simple operario le llame.

-

¿Perdona? Creo que de todo lo que me explicó Gabriel, hay una cosa que me quedó clara, ésta máquina cuando está parada se pierde dinero, y en ese caso tu tiempo es más valioso que el de Jaime, creo que hay una idea que percibo en el ambiente y que no me gusta, nadie está al servicio de nadie, intentamos hacer un buen trabajo para dar un buen servicio al cliente, que es el que mantiene la empresa en funcionamiento.

-

A mi me parece bien, pero díselo a los otros… yo aquí ni pincho ni corto…

Cambiar las cuchillas no era difícil, Luis, el mecánico de la mañana lo hizo en un momento, pero conseguir que las cuchillas estuvieran afiladas parecía imposible. Salieron al paso mil dificultades que fue subsanando con ayuda de Víctor, pero la información era tan abundante que como cifra estimativa, creyó necesarios unos tres meses de aprendizaje, para poder manejarse con soltura y poder llevar la máquina sin ningún tipo de ayuda. Teniendo en cuenta que había unas cincuenta posiciones distintas en la empresa, y la teoría de su padre era la de probar los mocasines de todos, a un promedio de tres meses por posición, calculaba que en doce años y medio estaría listo para dirigir la empresa con completo dominio de la situación. Cuando terminó la jornada le dolía el cuerpo como si le hubieran dado una paliza, suponía que más que el trabajo físico, se debía a que la tensión acumulada por los nervios, se había instalado en la parte superior de su espalda, o ese era el motivo, o se estaba haciendo viejo, rio para sí. Se sorprendió a sí mismo intentando coincidir con Andrea a la hora del desayuno, buscándola con la mirada durante alguna pausa en la jornada laboral, y en general cuando en su ocupada mente quedaba un minuto de sosiego. Su parte racional le dio un toque de aviso y le lanzó la clara advertencia de que no era momento de ponerse a pensar en mujeres, sobre todo con lo que le venía encima, y menos aún, teniendo en cuenta que estaban en la misma empresa y que él era el hijo del jefe y ella empleada


de la misma. Desde luego lo último que necesitaba en aquel momento, era hacer una triunfal entrada en la empresa de su padre con un lío de faldas. A no ser que tuviera intención de perder toda su credibilidad en un tiempo record. Así que se hizo el firme propósito de mantenerse lo más alejado posible de Andrea. Aunque por otro lado, sentía que era una pieza muy valiosa para la empresa, y que si algún día empezaba a implantar cambios la iba a necesitar, a pesar de que ese día parecía estar a mil años luz. Albert vivía en un pequeño apartamento en Granollers, se había independizado justo al volver de Estados Unidos, así que todavía tenía cajas por abrir, y aún no se había hecho con el sitio. Había invitado a su padre a cenar, y tenía muchas ganas de explicarle los cambios que quería implantar, pero la cena se convirtió en un duelo dialéctico entre la defensa por parte de su padre del estatus actual, y las ideas de innovación que Albert tenía en su mente. Cuando su padre se marchó tuvo la sensación de que un tsunami había pasado por el apartamento, llevándose toda su energía. Su mente y su corazón estaban divididos, por un lado creía que pensar en la gestión del cambio era como traicionar a su padre, y no pensar en ello era traicionarse a sí mismo, y dar la espalda a todo lo que había aprendido. Pero decidió darse una tregua y seguir aprendiendo el funcionamiento actual dentro de la empresa. Pasó una semana entera como si la hubiera fundido un rayo y cada día iba ganando más confianza en sí mismo. Lo que más le gustaba de su vida de operario, era que lejos de sus pronósticos, todos parecían aceptarle de buen grado y hasta parecían haberse olvidado de que era el hijo del jefe, porque incluso los comentarios acerca del mal genio que a veces gastaba su padre, se hacían con él delante y sin ningún pudor. El lunes de la segunda semana, asistió a una reunión de producción, que duró aproximadamente hora y media, tras la cual, tuvo la sensación de haber salido igual que había entrado. Tuvieron que esperar porque algunos de los asistentes no habían llegado, muchos contestaban a los móviles en medio de la reunión, tenían una lista de temas a tratar que no les habían pasado previamente, de modo que la mitad de los asistentes no sabía de que iban a hablar, tuvo la sensación de que la búsqueda de culpables era mas importante que la resolución de problemas, y que las relaciones personales se ponían por encima de las profesionales, convirtiendo la reunión en un campo de batalla improvisado, donde unos arremetían contra otros,


aprovechando los conflictos o problemas de fabricación. Cuando volvió a la Slitter, estaba completamente desmoralizado, porque los años habían hecho mella en muchas de las relaciones, que parecían irreconciliables, y le parecía imposible que pudiera implantarse el trabajo en equipo como sistema de mejora en la empresa, si los miembros de la misma no colaboraban entre ellos. Su padre se había habituado a esa situación y al final tomaba las decisiones que nadie parecía atreverse a tomar, pero eso convertía la empresa en un ente de gestión unipersonal, totalmente contrario al sistema que él había aprendido, basado en la labor de equipo. Se dirigió a su puesto de trabajo, que le pareció un refugio donde esconder sus pensamientos, sus ideas innovadoras y su frustración. Aun así sacó su libreta y anotó Brainstorming, Diagrama de Pareto… Como llevaba la Slitter con bastante soltura, Víctor empezó a enseñarle cosas más complicadas como cortar fibra de vidrio o materiales satinados, que requerían una técnica especial, aprendió a llevar la máquina de cortar acero, a remachar flejes a cortar pedidos pequeños, que normalmente se hacía sobre la mesa de corte con una cortadora circular, y las semanas se iban sucediendo una tras otra, hasta que sin darse cuenta había transcurrido un mes. -Víctor, si pudieras decidir cómo organizar la Slitter, ¿Qué mejorarías? - ¿Yo? Pues para empezar, Compraría más cuchillas, o pondría un sistema para que la persona que fuera la encargada de afilarlas viera que están por afilar, por ejemplo una caja con un letrero en rojo o algo así. En la fábrica donde estuve trabajando antes de trabajar aquí, tenían un sistema para reponer aceite que funcionaba de éste modo, cuando el bidón se vaciaba se colocaba en la zona pintada con un letrero que indicaba “Bidones vacíos”. El primero del equipo de mantenimiento que pasaba por allí, se lo llevaba hasta el taller y lo llenaba, y después, camino al revés, el que lo veía lleno lo llevaba hasta la zona de máquinas. Allí se trabajaba desde la iniciativa y la responsabilidad. Cuando te ordenan que hagas una tarea, parece que inconscientemente te rebelas. - Es una idea muy buena. - Ya…pero aquí nadie te pregunta nada. Y digo yo, el que mejor sabe cómo funciona una máquina es el que la está haciendo funcionar cada día, ¿o no?


- Yo pienso lo mismo. - Pues ya sabes lo que toca. Yo no puedo hacer nada, pero tú estás aquí de paso. ¿Sabes lo que creo?, que ésta empresa está bien, pero podría funcionar mejor. Encontrarse cada día con los mismos tropiezos, como el tema de las cuchillas, cansa y desmotiva. Y eso de las cuchillas es solo un ejemplo, hay tropecientas cosas más que se podrían mejorar, pero es como si nadie quisiera tocar nada. Muchas veces me tengo que oír “Es que siempre se ha hecho así” “Ya, y antes de tener encendedores, frotábamos dos piedras para sacar una chispa, ¿no te fastidia?” - Para cambiar los procesos o mejorarlos, antes hay que cambiar las mentes o las actitudes, y eso es lo que veo más complicado… - ¿Sabes cuál es tu problema? - No - Que no te lo crees. No lo ves posible. Albert, antes de conocerte, tenía una idea equivocada de ti. Pensaba que esto de venir aquí a trabajar entre nosotros, era pura comedia, que no ibas a mover una pieza y estarías tocando las narices todo el día. Pero te prometo que me ha sorprendido ver que te tomas esto en serio, y puedo asegurarte que ahora me pareces un gran tipo, y creo que puedes hacer grandes cosas aquí, pero tienes que verlo claro, pasar de lo que hay a tu alrededor y hacer las cosas a tu manera ¿no sé si me explico? - Sí, Víctor, entiendo lo que dices y me alegra que trabajes aquí, cuando todo esto empiece, creo que te voy a necesitar. - Me parece bien, pero de momento lo que vas a necesitar es otra pieza de NX260, porque tienes la Slitter a punto de parar –dijo Víctor, alzando una deja y señalando el toro, con aire divertido- Señor! ¡A sus ordenes! –contestó Albert acompañando la frase con un saludo militar, a la vez que le tiraba el rollo de precinto- Eh! ¡Rebelión a la autoridad! ¡Prepárate!


Albert tenía muy buena relación con Víctor, y aprendía de él, no solo el funcionamiento de la maquinaria, procesos o materiales, sino que al margen de los sistemas de trabajo que parecían inamovibles, existía entre muchos de los empleados de MANFILTER, una corriente de pensamiento enfocada a la innovación, al cambio y la mejora. Solo tendría, llegado el momento, que aprovechar esa fuerza que ahora estaba como un gigante dormido, y hacerla despertar. Después de terminar su jornada salió con su padre a comer, y como siempre intentó explicarle sus proyectos e ideas. A pesar de que su padre parecía escucharle con atención, le iba rebatiendo sutilmente sus propuestas, hasta concluir finalmente con frases que desmontaban todo lo hablado, y le hacían pensar en el tablero del juego de la oca, y esa casilla con una calavera, en la que si caes, estás obligado a volver al inicio del juego. -

Albert, a las cuatro tengo reunión con el contable, y me gustaría que estuvieras presente.

Roberto Márquez llevaba quince años en la empresa, y dirigía el departamento de finanzas que constaba de dos personas, presentó los balances de situación, comentó unos abonos a proveedores, unos aplazamientos, algunos impagados, y poca cosa más. -

Albert escuchaba atentamente, y cuando ya parecía terminada la reunión, pregunto. ¿Cuál es el punto de equilibrio de la empresa?

El contable y el padre se miraron como si Albert hubiera hablado en otro idioma. -

Me refiero al punto muerto, a la cifra de ventas en la que no perdemos ni ganamos.

-

Eso tendrías que preguntarlo al Jefe de Ventas –contestó Roberto-

-

No, eso es un tema del departamento contable. Conocer el punto de equilibrio de una empresa es muy importante, porque si vende por debajo de él tendrá perdidas, los beneficios se sitúan por encima del


punto, pero la empresa tampoco puede disparar las ventas muy por encima porque no podría responder a nivel operativo -intentó resumir Albert-

Insisto en que ese es un tema de la previsión de ventas.

-

Ya, pero es un dato importante si se hace contabilidad analítica. ¿Tengo que suponer que no la hacemos?

-

¿Qué no hacemos, que? -Preguntó Roberto visiblemente molestoContabilidad analítica -contestó escuetamente Albert que notó la hostilidad de su interlocutor-

-

Por supuesto que la hacemos

-

Pues no entiendo que no tengamos un dato tan simple como el punto de equilibrio. ¿Tenemos un control presupuestario? ¿Un balance de situación previsional? ¿Análisis de desviaciones presupuestarias?

-

Tenemos un presupuesto anual, pero ésta no es la reunión del presupuesto anual –contesto Roberto escuetamente-

-

Ya, pero para ponerme al día del funcionamiento de la empresa, necesito esos datos, y también querría saber cómo clasificamos los gastos para su análisis, ¿por productos, por función, o según la proporcionalidad de las ventas?

-

Los gastos están controlados, y justificados. Todo, absolutamente todo está documentado. El programa informático dispone de todos los datos, podemos revisarlos cuando sea necesario, no es así Sr. Font? –preguntó Roberto, intentando que el padre de Albert interviniera en su favor, ante el acoso del que se sentía objeto. Pero el Sr. Font no se pronunció-

-

No lo dudo -continuó Albert- pero no es esa la cuestión. Yo he preguntado si hacemos contabilidad analítica, y aunque la respuesta es que sí, veo por la falta de datos que no es así, que no se está haciendo contabilidad analítica


-

¿Y qué quiere decir con eso? –preguntó Roberto que empezaba a verse claramente molesto y alterado- Llevo quince años en la empresa y nadie ha cuestionado que haga mal mi trabajo.

-

Ni yo tampoco lo estoy cuestionando. No es un asunto personal, sino direccional. Para saber adonde vamos, primero deberíamos saber donde estamos. Yo sé perfectamente donde estoy –concluyó Roberto levantándosesi me necesitan estaré en mi despacho.

-

Roberto se marchó desairado, y en cuanto cerró la puerta, el Sr. Font le dio una palmada a su hijo y visiblemente entusiasmado, le dijo: -

¡Muy bien! ¡Así se habla, hijo! Le has puesto contra las cuerdas, estoy orgulloso de ti.

-

No tenía intención de molestarle, pero creo hay muchas cosas que habría que mejorar, y es imposible en pleno siglo XXI llevar una empresa por pequeña que sea, sin conocer el punto de equilibrio, o tener un mínimo balance de situación previsional…

-

Sí hijo sí, a éste ya le tienes controlado.

Albert salió de la sala, con una angustiosa sensación de frustración. Lo único que había conseguido era enfurecer a Roberto Márquez y esa no era su intención. De nada servía que él supiera lo que hay que hacer si los demás no eran conscientes de ello, era como hablar un idioma que nadie conoce, y no poder comunicar nada, porque nadie entiende lo que dices. Le parecía muy grave que la contabilidad de la empresa se llevara de forma tan arcaica. Estaba seguro de que hacían su trabajo con corrección, pero el desconocimiento de herramientas analíticas, impedía tener un mejor control de la empresa, cosa absolutamente necesaria en tiempos inestables y difíciles de por sí. Contabilidad analítica Al día siguiente tuvieron una reunión con el departamento de Ventas. El Jefe de Ventas era José María Bravo, y tenía un equipo de seis ingenieros que se ocupaban de las ventas. Dos de ellos se dedicaban a la


exportación, dos al territorio nacional, y los otros dos eran comerciales de apoyo. La reunión tenía por objetivo revisar un listado de materiales obsoletos, otro de materiales de poca circulación y analizar estrategias de venta. En general fue bastante productiva, a pesar de que le dio la sensación de que los ingenieros participaban muy poco, y normalmente asentían lo que José María les proponía sin mucha resistencia. La previsión anual no estaba muy clara, y en general todos se quejaban de los plazos de entrega demasiado largos y de algunas incidencias de calidad que no parecían resolverse con la agilidad necesaria. Al salir de la reunión se dirigió al lavabo con cierta prisa, porque el meeting se había alargado más de la cuenta, después de poner el cerrojo a su puerta, escuchó las voces de dos de los miembros del equipo de ventas, le pareció que eran Marcos y Nil. -

Yo no entiendo a éste tío, siempre estamos con lo mismo. Sabe perfectamente que esos materiales no hay forma de colocarlos, son excedentes que en global hacen una suma considerable, pero por separado son restos que no sirven para nada. Habría que pensar en la forma de reciclarlos como materia prima, o eliminarlos del inventario, porque después de todo es un capital que cuenta pero que en realidad no existe como tal. Yo creo que estas reuniones son una forma de cubrir el expediente y cargarnos el muerto a nosotros.

-

Yo recuerdo haber hecho una propuesta de desviación de materiales o incluso de la posibilidad de ofertarlos a clientes que utilizan una gama inferior, sin modificar el precio. Es preferible que se beneficie el cliente, y no que el material se vaya devaluando por el deterioro del tiempo. ¿Tú has pasado últimamente por el almacén B? La forma de conservar éstos rollos no es la idónea, muchos tienen el embalaje semiroto, y el polvo ha penetrado en el tejido, ¿a quién vas a servirle un material en ese estado?

-

Ya, pero como no se le puede llevar la contraria.

-

No, no, si eso ya lo sé, mejor decirle que sí a todo y hacer tiempo. Yo al principio te juro que me preocupaba, pero ahora me da exactamente igual.


Albert escuchó las voces que iban atenuándose, hasta perderse del todo tras el ruido de la puerta al cerrarse. Aún permaneció un par de minutos, sintiéndose como un delincuente que acaba de dar un “golpe”. No quería que supieran que había estado ahí, escuchando. Sobre todo porque les iba a resultar una situación violenta, que al fin y al cabo no iba a reportar nada. Para lo único que le servía la conversación, era para cerciorarse de que era real la percepción que había tenido en la reunión, y también para convencerse de que la mayoría de personas que trabajaban en su empresa, estaban habituadas a callar. Que las mejores ideas se las quedaban encerradas en sus mentes, sin que tuvieran una vía o canal para dejarlas ir y enriquecer la empresa con ellas. Las cosas que había escuchado tanto de Marcos, Nil, Víctor o Andrea… eran opiniones valiosas, nacidas de la experiencia y la reflexión sobre el trabajo diario. Se preguntaba cuantas ideas más corrían por las mentes de las personas que formaban el equipo al pleno, y casi se horrorizó viendo que era un auténtico desperdicio. Análisis de opiniones y sugerencias Al bajar a planta se encontró a los embaladores apilando las mangas filtrantes dobladas en el suelo sobre un enorme plástico transparente. -

¿Por qué colocáis las mangas en el suelo, y no en cajas como siempre?

-

Porque se han acabado las cajas, y aunque están ya pedidas, no llegarán hasta mañana

-

¿Cómo? Pero, ¿Cómo ha podido suceder algo así?

Abdoulaye era un senegalés que se había incorporado hacía dos semanas a la empresa. -

Cuando ves el relámpago venir aún tienes tiempo de correr, cuando oyes el trueno, ya da igual. Aquí, alguien no vio el relámpago. Abdou, has dado en el clavo.

Albert subió a la planta de operaciones, y se dirigió directamente a María Juárez que era la jefa de operaciones.


-

Buenos días María. He visto a los chicos de embalaje acumulando las mangas en el suelo porque no tienen cajas.

-

Tu padre ya está informado –contestó María escuetamente, sin que pareciera tener ninguna intención de dar ninguna explicación, dándose la vuelta acto seguido, como dando por terminada la cuestión-

-

Emm…María –insistió Albert- Me gustaría saber por qué.

-

¿Por qué, que? –contestó María que parecía intentar decir de un modo subliminal, que no tenía que darle a él ninguna explicación de lo sucedido-

-

¿Por qué se han terminado las cajas, y los chicos de embalaje tienen que poner las mangas en el suelo? –contestó Albert, que no pensaba dejar el tema de lado- ¿Cuándo llegan las cajas?

-

Mañana.

-

¿Mañana? Aún no ha empezado el turno de tarde, y ya está el suelo inundado de mangas, no podemos esperar diez horas. ¿Está informado Julio?

-

Julio está fuera de la empresa por un curso, creo…

-

Ya, pero ¿está informado? Trazabilidad en la información

-

No sé Albert, pregúntale a Claudia… -contestó María y sin dejarle opción a replicar, se dio media vuelta y se alejó a su despacho, cerrando la puerta tras ella.

Albert tuvo que controlar un primer impulso de irrumpir en el despacho de María y decirle que no le gustaba en absoluto su actitud, pero optó por el autocontrol y fue en busca de Claudia, quien le explicó que a veces el aviso desde producción o almacén era un poco apurado y a la vez el proveedor no acababa de cumplir los plazos de entrega.


-

De todos modos, si el pedido mínimo son mil cajas, no creo que las vaya a fabricar todas ésta noche, ya debe tener una buena parte fabricada, que podría enviar hoy. El proveedor dispone de la mitad hoy y la otra mitad está pendiente, porque sufrió una avería en la máquina que probablemente quede subsanada hoy.

-

¿Probablemente? ¿Eso quiere decir que tampoco es seguro? Necesitamos cajas hoy.

-

Le hice la sugerencia a María, pero me dijo que si lo trae el proveedor es a portes pagados, en cambio si lo hacemos entregar de modo parcial, deberemos pagar los costes de envío nosotros.

Albert cogió el teléfono y marcó la extensión de Cesar de Logística, le pasó medidas y pesos aproximados y le pidió una cotización de recogida. La cifra era sesenta y dos euros con cincuenta y siete céntimos, y como aún no eran las 13h del mediodía podía conseguir que siendo un servicio Standard se repartiera en el mismo día. -

Claudia, ocúpate de pasarle la dirección de recogida a Cesar y avisar al proveedor de que tenga preparada las cajas. Pasarán a recoger hoy antes de las tres.

Albert pasó por delante del despacho de María Juárez y estuvo tentado de entrar, pero estaba demasiado furioso porque no entendía una actitud tan pasiva. Cuando avisó a Abdou de que tendrían cajas por la tarde, éste le dijo: -

“El cazador, antes de salir a matar elefantes, mejor se ocupa de matar las víboras que tiene dentro de su casa”

-

Díselo a Julio cuando vuelva mañana, le va a encantar esa frase ja ja ja! Adbou, eres un filósofo.


III   El pasado es un prólogo William Shakespeare

El móvil vibró en el bolsillo de Albert, y al sacarlo para responder, vio que la llamada era de su madre, cosa que le sorprendió mucho. Al descolgar, su voz alarmada y urgente le hizo cambiar la cara, aunque no parecía comprender lo que ella le había dicho: -

¿Cómo…?

-

Que tu padre está ingresado, ha tenido un infarto, ven por favor, te necesito aquí… -dijo entrecortando las palabras con un sollozo-

Le costó entender el nombre del hospital donde se encontraba su padre porque su madre se había desmoronado y no conseguía parar de llorar. Fue a cambiarse deprisa y recorrió el trayecto de la fábrica al hospital con la convicción de que no llegaría a tiempo. Ver a su madre totalmente deshecha, le impactó más si cabe que la misma noticia. -

No me dejan verle… -consiguió decir de forma más o menos audible antes de que volviera a estallar en sollozos como una chiquilla-

Las horas que siguieron, fueron como haber entrado en el infierno sin pasar por la taquilla de entrada, o en un túnel que no tenía final. La parada cardíaca había sido importante y afortunadamente no tenía dañada una parte muy extensa del corazón, pero los médicos tenían que asegurarse de


que estaba estable, antes de darle el alta. El médico quiso hablar con la familia antes de dejarle salir del hospital. -

Su esposo está fuera de peligro, se recuperará, pero antes de darle el alta, quiero asegurarme de que han entendido bien la situación y no hay lugar a equívoco. A pesar de que el paciente está fuera de peligro, ha habido pérdida de tejido cardiaco.

-

¿Qué quiere decir eso? –preguntó Albert-

-

-

El infarto se produce cuando hay una obstrucción en una de las arterias coronarias, y el riego sanguíneo no llega al corazón. Ésta falta de riego tiene como consecuencia, una deficiencia de oxigeno que produce lesión y necrosis, es decir muerte del tejido cardíaco. La parte de corazón que deja de funcionar es irrecuperable, por tanto el paciente está fuera de peligro, pero su corazón no es el mismo. En éste caso, la pérdida de tejido ha sido importante, es como si tuviera el corazón a la mitad de rendimiento, por tanto no lo podemos sobrecargar o pretender que, aquí no ha pasado nada. El paciente puede llevar una vida normal, pero debe retirarse de toda actividad laboral, y además tendrá que hacer todo lo que probablemente no ha hecho hasta ahora, cuidarse. Veo por los análisis, un colesterol muy alto, tabaquismo, sobrepeso…en fin una bomba de relojería que ha estallado. Lo único que quiero que les quede claro, es que otro susto como éste y probablemente no lo superaría. Su ayuda en éste sentido es crucial, porque normalmente a los pacientes les cuesta mucho asumir un cambio de vida. Aparentemente se sienten bien, fuertes y capaces de volver a coger el ritmo. Uno no es consciente de que el corazón se ha quedado a medio gas. Su misión es hacerle entender que si quiere vivir, no puede trabajar, ni angustiarse, ni hacer esfuerzos físicos, deportes agresivos, o cualquier otra actividad que desarrollara con anterioridad y que suponga un sobresfuerzo. ¿Han entendido lo que les he expuesto? ¿Tienen alguna pregunta? No. –dijo Albert con un hilo de voz-

-

¿Creen que serán capaces de controlar la situación?


-

Tranquilo doctor, yo me encargo de todo –contestó la madre de Albert- Gracias, doctor.

Albert dejó a su padre en casa discutiendo con su madre acerca de la total y absoluta prohibición de acercarse a la fábrica a menos de diez kilómetros, que le había impuesto su madre como medida preventiva. -

Perfecto, ósea que el médico me prohíbe ir a trabajar, pero no me prohíbe vivir contigo. ¡Y dice que esto es para salvar mi vida! Ja! ¡Y yo me lo creo! Está clarísimo que ésta es la forma de deshacerse de mí, lo más rápidamente posible.

-

Quítate de la cabeza la idea de que eres imprescindible, Albert, se hará cargo de todo.

-

Hijo, sobre todo, llámame sea la hora que sea, pregúntame lo que quieras, tenme informado, quiero un informe diario de lo que ha sucedido ¿lo has entendido?

-

Si –contestó Albert-

-

¿Esa es la forma en que pretendes que Albert se haga cargo de las cosas? –intervino la madre- ¿Viniendo a darte los recados como si fuera un niño? ¿No te das cuenta de que Albert es un hombre, que está bien cualificado y es perfectamente capaz de llevar la empresa sin ti? Lo único que necesita de ti, es que le dejes hacer las cosas a su manera, que le des su confianza, para que pueda respirar tranquilo y no angustiado intentando hacer las cosas a tu manera. No va a haber recaditos de fábrica mientras yo esté aquí.

-

Pero mujer…

-

Ni mujer ni nada. Además no vas a estar aquí, mañana mismo busco un balneario donde vamos a pasar el próximo mes. Y que sepas que te vas sin móvil.

Albert empezó a creer que tal vez su padre tenía razón y le iba ser más difícil sobrevivir a la convivencia con su madre que a los problemas de MANFILTER. Se acercó a la cocina a beber algo fresco, y seguía


escuchando las voces de sus padres, pero estaba ensimismado en sus propios pensamientos, hasta que su padre le puso una mano en el hombro y le sacó de su ensimismamiento. - Albert, tu madre tiene razón, todo esto me cuesta mucho y espero que me entiendas. Pero también quiero que sepas que sé que estás preparado y que estoy orgulloso de ti. El otro día discutimos sobre la forma de llevar la empresa, pero yo ya no voy a estar allí, así que tendrás que hacerlo a tu manera ¿me entiendes? Yo estoy aquí para apoyarte, en todo lo que hagas…y ¿sabes una cosa hijo? Tu madre me ha hecho recordar que tu abuelo era igual que yo, le costaban los cambios y yo era igual que tú, decidido, tenía las cosas muy claras. No puedes tomar las decisiones pensando en lo que yo haría, porque te equivocaras siempre. Tienes que hacer las cosas a tu estilo y ya verás como todo irá bien. ¿Te ha quedado claro? Albert afirmó con la cabeza y se abrazó a su padre incapaz de articular palabra. Cerró la puerta, sintiendo, que dejaba atrás una etapa de su vida, para entrar de lleno en la siguiente. Condujo sin saber muy bien a donde dirigirse, y se encontró llegando a la fábrica, sin saber ni cómo había llegado hasta allí, completamente absorto en sus pensamientos. Bajó del coche y se quedó fuera mirando aquel monstruo de cemento, sin atreverse ni a entrar. -

¡Albert! –dijo una voz conocida. Se giró y vio a Andrea acercarse hasta él-

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Andrea…

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¿Cómo está tu padre?

Y entonces sucedió una de esas cosas que no esperas, Albert noto como el nudo que había sentido oprimiéndole la garganta durante las últimas horas, pareció desatarse de pronto, y los ojos se le llenaron de lagrimas, dispuestas a salir como si hubieran abierto una compuerta. Andrea, al ver su reacción ante la pregunta, se abrazó instintivamente a él y Albert rompió a llorar como un niño, abrazado al cuerpo de Andrea como un naufrago ante la tabla que puede salvarle la vida.


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Ven, te sacaré de aquí, creo que necesitas una cerveza.

Andrea le llevó hasta su moto. El aire y la velocidad actuaron milagrosamente en el ánimo de Albert, porque al bajar de la Harley, su expresión era totalmente distinta. Al verle Andrea sonrió. -

Impresionante eh? Ésta bicharraca lo cura todo. También es mi terapia cuando estoy triste. Venga, cuéntame que te pasa…

Estaban en el mismo bar donde estuvieron la última vez. El mismo camarero que les interrumpió en aquella ocasión, les sirvió dos cervezas heladas, según instrucciones de Andrea, en la misma mesa. Albert sintió que el destino que en aquel momento cortó a su antojo la escena que tenía lugar en su vida, ahora decidía volverle a poner justo en el mismo sitio, dos meses después. Lo curioso era que parecía que no había pasado el tiempo. -

Andrea, todo esto parece que me ha caído encima de golpe, y no se si estoy preparado para dirigir la empresa de mi padre, creo que nada de esto va a salir bien.

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Albert, por lo que me has contado, ya no es la empresa de tu padre, es tu empresa, y dirigirla no es una idea que haya surgido ayer, ya está en tu mente desde hace mucho tiempo, te has preparado durante muchos años para ello. Creer que no te va a salir bien no va a ayudarte en nada. Tienes lo que se llama pánico escénico, el miedo es un mecanismo de defensa que nos prepara para estar más alerta en caso de necesitar nuestros cinco sentidos. Así que aprovecha ese “miedo” de forma positiva, pero no te pierdas en él, no dejes que el miedo asuma el control porque entonces te bloqueará y te paralizará. Ya ¿y como hago eso?

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Es más sencillo de lo que crees. Lo primero que necesitas es convencerte de que es normal sentir miedo, pero debes saber exactamente a que le tienes miedo. Coge un papel y haz una lista. ¿Quieres que lo hagamos ahora?

Andrea extrajo una libreta, exactamente igual a la suya.


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¡No puedo creerlo, tienes una libreta como la mía!

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No es nada tan raro, me compré una igual porque te vi anotando cosas por la fábrica y me llamo la atención. Me pareció que el tamaño es perfecto.

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¿Sabes que Hemingway, Picasso y hasta Van Gogh usaban una igual?

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Si -dijo Andrea riendo divertida- lo busqué en Internet – Venga, dime que te da miedo, te voy a ayudar: ¿Miedo a no tomar decisiones correctas? ¿miedo a lo que piensen de ti?¿miedo a hundir la empresa?

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Eh! Te recuerdo que el miedo a hundir la empresa ¡me lo contagiaste tú! –dijo bromeando- …Miedo a no estar a la altura, miedo a que los cambios que quiero implantar, empeoren la situación actual, miedo a que mi padre se sienta decepcionado, miedo a no saber por donde empezar, miedo a que crean que no tengo ni idea.

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Perdona, pero éste último se puede incluir en “miedo a lo que piensen de ti” y si me permites la apreciación, todo lo que puedas ir diciendo a partir de ahora, seguro que se puede incluir en alguna de las cosas que ya has dicho. Voy a actuar como fiscal de tus miedos y los voy a desmontar todos. En cuanto a las decisiones, no existen decisiones correctas o incorrectas sino, tan solo decisiones. Lo que piensen de ti, no es importante, porque no puedes tener control sobre los pensamientos u opiniones de nadie, lo que cuenta es lo tu piensas de ti, tener un buen criterio de ti mismo, saber cuando te has equivocado y rectificar, buscar ayuda o consejo cuando lo necesitas, ser honesto contigo mismo y con las personas que te rodean, querer mejorar como persona y dar lo mejor de ti. Si te concentras y haces todo eso, te aseguro que la opinión que la gente tenga de ti va a ser buena. Obviamente no puedes gustarle a todo el mundo, a no ser que seas George Cloony y todo el mundo te adore ja ja ja!


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Lo siento pero aquí te equivocas, puede que le adoren las mujeres pero seguro que hay hombres que le odian

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¿Lo ves? Nadie es perfecto. A ver, sigamos… “Miedo a hundir la empresa” Todos los empresarios tienen miedo a no vender suficiente, a los cambios de mercado, a no poder hacer frente a los pagos, y lo cierto es que nadie puede asegurarte la supervivencia de la empresa, pero tampoco nadie puede asegurarte la continuidad de un empleo, la vida es riesgo y hay que asumir ese riesgo. ¿Cómo minimizar esos riesgos? Con herramientas de gestión, una buena gestión financiera, control presupuestario, previsión comercial…en fin, no sé que te estoy contando, supongo que de todo eso sabes tu más que yo ¿no?

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Supongo que si…

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“Miedo a no estar a la altura” ¿a la altura de quien? Deberías de intentar estar a tu propia altura y utilizar todo lo que sabes.

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¿Y si implanto cambios, y no funcionan?

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¿Y si los implantas y funcionan? ¿Puedo preguntarte algo? ¿Tú quieres de verdad dirigir ésta empresa?

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Sí, creo que sí.

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No, eso no sirve. “Creo que si” no es una respuesta convincente. Pregúntale a tu corazón que quieres de verdad, y si sientes que sí, que quieres dirigir ésta empresa, sacarás la fuerza y la motivación necesarias para vencer todos los miedos. Pero si solo una parte de ti está aquí y otra parte está por ahí pensando que debería estar dando clases de Historia del Arte, o trabajando de investigador molecular o plantando petunias en los jardines municipales, entonces no harás una gestión brillante que te permita llevar la empresa no solo arriba, sino más allá. Solo puedes contagiar entusiasmo, si tú mismo te sientes motivado.


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¿Sabes una cosa? Cuando miro la lista ahora, me parece ridícula. Tienes razón, creo que la vida me ha puesto delante una oportunidad.

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Pues guarda la lista y cuando sientas que el miedo “ataca” enséñale la lista, es tu escudo protector para decirle que no tiene argumentos contra ti, que le vas a vencer siempre.

Albert sintió deseos de abrazar a Andrea, y buscar sus labios para darle el beso que se quedó colgado en el tiempo la última vez, pero tuvo miedo de perder el control y que eso estropeara la relación que tenían. Así que después de un breve silencio, propuso que se marcharan. Andrea le acompañó a casa, y Albert salió literalmente huyendo lo mismo que hiciera Andrea la vez anterior. ***** HASTA AQUÍ LOS TRES PRIMEROS CAPÍTULOS ***** Si quieres la historia completa contacta con nosotros en el correo info@coachingvalles.com.



La máquina humana