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Benemérita Escuela Normal Manuel Ávila Camacho

Lic. en Educación Preescolar 1° Semestre

El sujeto y su formación profesional como docente

El buen maestro… ¿Figura utópica o realidad?

Docente: Mtra. Aneli Galván Cabral

Alumno: Rafael Alejandro Zavala Carrillo

28/Noviembre/2013


Un buen maestro… ¿Figura utópica o realidad? La profesión docente juega un papel relevante en la formación de los individuos, ya que

es la encargada

de proporcionarles los conocimientos

fundamentales con la finalidad de que adquieran las herramientas, capacidades, elementos y destrezas necesarias, y así enfrenten con eficacia las problemáticas que se le pudieran presentar tanto en el trayecto escolar como el social. Pero a pesar de tal objetivo tal imagen dista de la realidad, el cual se puede denotar al momento en el que se hace presente la inmensa ola de críticas y desvalorizaciones hacia tal práctica. Y para poder subsanar esa visión, se espera que el profesorado realice otras funciones ajenas a su labor diaria, en donde una de tales “tareas” es que esté al día de las transformaciones que se viven en torno a su profesión. Es por ello que el presente escrito tiene como objetivo dar, o bien, mostrar un panorama acerca de lo que se espera del profesorado en base de las exigencias de las diversas instancias implicadas en la educación. Así, y al contar con los referentes necesarios permitiría entender que el verdadero papel de la docencia, ya no solo se limita a “formar” individuos sino que ahora se enfoca a responder a las “necesidades” que se van suscitando en la población Así, esté trabajo se encuentra estructurado a partir de ciertas demandas, así como de retos,

que se espera que asuma el docente para que se pueda

alcanzar las características “deseadas” por la población; así como también se contrasta hasta en cierto punto algunos aspectos manejados con lo que se ve en nuestro contexto. Esto con el objetivo de poder diferenciar, y de manera generalizada, lo que se plasma en la teoría y lo que se vive en la vida cotidiana.

Desarrollo:


En los últimos años y, sin dejar de mencionar, hasta en la fecha se han presentado diversas miradas que distan entre sí en lo referente a la profesión docente. Por un lado se encuentran aquellas que se enfocan en lo cotidiano del hacer docente; mientras que por el otro polo están las que se encauzan a lo que debería hacer. Tales visiones hacen que existan ciertas divergencias entre la población y la docencia, dando como resultado la desvalorización de ésta. Asimismo, surgen demandas hacia tal profesión vinculadas con las transformaciones que se viven en la sociedad; entre las que destaca los cambios sociales, científicos y tecnológicos. Pero tal desvaloración produce efectos alternos, y que difieren a eso que se “espera” que realice en favor de las sociedades; formar ciudadanos con las herramientas y necesidades básicas de aprendizaje. Y una de tales implicaciones es la desmotivación hacia lo que hace, y esto a consecuencia de no contar con los cimientos esenciales para realizarla. Así, el resultado sería individuos sin capacidad de seleccionar, cuestionar, solucionar, enfrentar; en pocas palabras, ausencia de las herramientas para responder a las demandas sociales. Aunado a ello se encuentra el desencanto hacia la profesión, ocasionando que todo aquello que podría mejorar su práctica educativa, sea dejado a un lado para seguir con un método tradicional. Otra consecuencia que se deriva de ello, es la falta de compromiso, principios, valores, ética, afecto, entrega, por mencionar algunas. Lo que produce ciertas divergencias en su hacer diario. De esta manera, lo que se pretende es que se cuente con un maestro ideal, el cual responda a las necesidades del hoy, y al mismo tiempo

sirva como

mediador, para poder alcanzar metas y así todos los individuos adquieran las habilidades, competencias, valores, actitudes, y aptitudes acorde a la etapa en la que se está viviendo. ¿Quizá esto será el verdadero objetivo de la educación? Así, se espera que los docentes deben de despertar la curiosidad, desarrollar la autonomía, fomentar el rigor intelectual y crear las condiciones


necesarias para el éxito de la enseñanza formal y la educación permanente (Delors, J., 1996). Pero tales objetivos, si bien son elementos vinculados con la práctica docente,

no son intrínsecos de ella; ya que en tal propósito toman

relevancia otras instancias. Entre dichas instancias destaca una principalmente, es decir, la familia. Así, y a pesar de que los maestros hagan, asimismo efectúen, todo lo que esté de sus manos no podrán cumplir tal objetivo

a consecuencia de las estructuras

formadas en el seno familiar de los individuos.

Por lo que para que logren

cumplir con ello es de suma importancia que existan las condiciones adecuadas; ya sea un ambiente propicio, infraestructura y material adecuado, disposición, apoyo de otros pilares, etc. Ahora, esto es visto desde una perspectiva teórica, así como desde el enfoque del docente, y si lo confrontamos con la realidad… ¿Se estará trabajando para cumplir con ello? La respuesta que se nos vendría a la mente sería seguramente una negativa, pero a pesar de esto no se mencionan los factores que están interfiriendo en ello. Un elemento que pudiese estar inmerso directamente

sería las condiciones inadecuadas en las que se encuentra

actualmente el profesorado. Pero también en ello estaría implicado las siguientes características para concretar eso que se espera: logre vigilar que los niños aprendan, genere dudas, busque estrategias, domine contenidos, motive e innove, difunda el deseo de aprender, sea un líder, proponga, sea crítico, posea la capacidad de observar, trabaje con ética, tome decisiones, juzgue con argumentos, etc. Otro de los aspectos que se espera que realicen los docentes es que hagan de la escuela un lugar atractivo para el aprendizaje de los alumnos, así como el lograr que adquieran un sentido crítico de la sobreinformación que se les presenta (Delors, J., 1996). De esta forma, lo que se pretende que todos los alumnos, sin excepción, que transiten por el ámbito escolar adquieran, o bien, desarrollen actitudes positivas


en lo referente a ello, con el propósito de que tengan el deseo, así como también las ganas de seguir aprendiendo. Pero no solo se persigue tal fin, también se espera que adquieran la capacidad de aprender a conocer. La cual le permitirá, o bien, favorecerá en adquirir otras habilidades; ayudándole a responder de manera adecuada a los cambios que se suscitan, y así podrá entender de una manera más eficaz el mundo que lo rodea. Y al momento en el que logra entender y/o comprender el contexto en el que se encuentra inmerso, le ayudará a aprender a vivir en conjunto. De esta manera, lo que se espera hacer del individuo es formarlo como un ser integro, donde no solo tome relevancia los conocimientos sino que también estén vinculados aspectos emocionales, sociales, y psicológicos. Pero en la realidad, todo ese anhelo que se pretende forjar en la población parece ser un sueño aun. No solo porque no se tienen las condiciones necesarias para llevarlo a cabo, o bien, podría decirse que no existe esa “chispa” que motive a los alumnos, y por ende a los maestros. Pareciese ser que la población solo espera un fin de la educación; adquirir los elementos indispensables para alcanzar y/o adquirir puestos de trabajo más remunerados para poder subsistir. Por lo que al observar este panorama, se puede juzgar que el papel de las instituciones educativas es preparar a los individuos para que adquieran las mejores plazas de trabajo, sin importar las capacidades que podrían desarrollar durante su trayecto formativo. Por lo que al aceptar esto, lo que es espera es que: “… el sujeto se adapte a un mundo de trabajo en continuo movimiento, aprenda rápidamente, y en gran parte por su cuenta propia, lo que este mercado le exigirá y mantenga la flexibilidad para ir propiciando, a la vez, su adaptación a los cambios que seguirán suscitándose” (Schmelkes, S., 1999)1

1 Schmelkes, Sylvia (1999), “Reforma curricular y necesidades sociales en México”, en Cero en Conducta, año XIV, núm. 47, abril, México, Educación y Cambio, pp. 3-15.


Lamentablemente, esto puede llegarse a presentar

a causa de la

globalización, en donde lo único que les importa es contratar a los individuos que puedan “desempeñar” los cargos requeridos, dejando a un lado a los otros. Así, se puede constatar que se vive en un mundo en el cual si no se adquieren las competencias necesarias no se es apto para poder “servir”. Es por ello, y para que se tenga los cimientos suficientes, lo que se espera del docente es que se encuentre en constante actualización; a consecuencia del vaivén del conocimiento. Al mismo tiempo se le exige más preparación a causa de las constantes transformaciones que se viven, ya que para lo que para un día es novedad para el otro ya está obsoleto (Ander-Egg, E., 2005). Así, lo que se pretende que haga el profesorado es que tenga las capacidades suficientes con el objetivo de que sirva de mediador en el aprendizaje de la población, para que éstos desarrollen las capacidades necesarias, para identificar, utilizar, así como demostrar los conocimientos. En pocas palabras, lo que se espera es que susciten la población capacidad de aprender a aprender, con la finalidad de que puedan elegir lo que para ellos es correcto, y además de lo que le es útil. ¿Será eso lo que se está haciendo en el aula?... aunque no es posible generalizar, si es posible clasificar el desempeño de los docentes en dos variantes; y a partir de éstas se puede discernir el rubro que se está siguiendo. Por un lado están aquellos que basan su práctica presentando los conocimientos “…en forma de problemática, situándolos en un contexto y poniendo los problemas en perspectiva, de manera que el alumno pueda establecer el nexo entre su solución y otras interrogantes de mayor alcance” (Delors, J., 1996). Pero por el otro polo, se encuentran aquellos que se interesan solo por dar digerida la información sin importar si el alumno aprende, o no. En relación a este aspecto, y a base de lo que se presenta en el contexto actual, lo que realmente hacen los docentes es dar digerida la información sin que los alumnos logren utilizar sus propias capacidad, a consecuencia de ciertos


obstáculos que interfieren en la práctica docente, y muchas veces ajenos a éstos; entre los que pudiese destacarse

la falta de tiempo; importancia a otras

actividades ajenas a la enseñanza; mayor énfasis a políticas implementadas para evitar otras problemáticas (rezago, reprobación, deserción), por mencionar las más relevantes. Pero no solo se tiene la expectativa de que contribuya a la formación de los individuos únicamente, sino que logre participar en las decisiones de la educación (Delors,1996). Esto con la finalidad de que tenga el “poder”, o bien, iniciativa de

elegir aquello que puede mejorar, y a la vez ser útil,

para su

práctica diaria, y esto con el propósito de obtener una motivación en su hacer diario. Pero no solo se pone en juego lo referente a la práctica del profesorado, este “acuerdo” permitiría también que se alcancé a producir un vínculo estrecho entre cada una de las partes implicadas en ello; entre los que diseñan el currículo (expertos y técnicos) con aquellos que lo ponen en práctica (docentes) (Torres, R. M., 2000). Aunque esto es lo que se plasma en la teoría, en la realidad dista significativamente. Ya que las autoridades educativas son las que se encargan de diseñar los planes y programas de estudio, así como todo lo que concierne a la organización. Ejemplo claro de lo que pasa en México, en donde a partir del ANMEB, firmado en el año de 1992, se transfiere el “poder”, o bien, el cuidado de la Educación a cada uno de los Estados (descentralización), pero a pesar de ello comparten una característica en común, es decir, siguen ciertos reglamentos establecidos por la federación; como es el caso de calendario escolar, así como el caso de planes y programas. Es por ello, que es difícil afirmar que este aspecto que se espera que adquiera el profesorado que se lleve a la práctica, y esto a consecuencia de las políticas que se tienen en cada uno de los países, en donde la mayor parte de las “ordenes” vienen desde arriba, y por consecuente tienen que ser acatadas por


cada uno de los miembros involucrados en la educación, ya sea directores o maestros, con el objetivo de ofrecer a los demás actores escolares (alumnos y padres de familia) una mejor educación. Pero al mismo tiempo se tiene la expectativa de los docentes, en los cuales se tiene el anhelo en que convivan en un ambiente adecuado, y en colaboración del personal que labora en la institución, principalmente con los docentes, esto con la finalidad de que dialoguen, expongan, observen, analicen, diseñen estrategias, compartan experiencias, así como expongan dificultades, de la práctica que conllevan a diario. Pero… ¿Es posible encontrarlo en nuestras escuelas? En nuestras escuelas, en su mayoría, se pueden encontrar docentes que cuartan con esa idea a causa de que entre ellos mismo compiten por ser el “mejor” maestro, o bien, “cierran las puertas” en donde lo uno que interesa es lo que hacen; sin llegar a tomar la iniciativa en lo referente a ello, y esto por miedo a las críticas que se suscitan entre los miembros de la comunidad escolar. Aunado a estas expectativas pedagógicas, se encuentran otras relacionadas directamente en el hacer docente en la escuela, en donde los actores de la institución, como del exterior, esperan que cumpla con cada una de tales tareas con la finalidad de que logre contribuir al mejoramiento continuo tanto de la escuela como de la formación de la población. Así, algunas de las acciones que se encomiendan al profesorado es que cumplan con tareas administrativas, organización de actividades, planificación, planear material, tareas de orientación, cumplir con reuniones (Ander-Egg, E., 2005). Tales “actividades” son una limitante tanto para su salud como para el desarrollo de otras actividades ajenas a su práctica educativa. En lo referente al primer aspecto se produce debido a que hay un desgaste físico y mental, debido a las horas a las que tiene que dedicar a ello, así como a la exigencia que se le


pide para poder cubrir con cada uno de los aspectos encomendados, ya que ya no solo está en juego su función básica, es decir, el de la enseñanza. En relación al segundo, y queda claro al analizar lo anterior, al estar la mayor parte de su tiempo dedicados a todo lo que conlleva su profesión, le llegan a impedir que realice actividades personales. Pero no solo implica dejar de hacer cosas, sino que en esa acción se vincula otro aspecto meramente relacionado con su hacer diario en el aula, es decir, lo limita a realizar sus funciones con eficacia y eficiencia. Es así, por lo que existe una ambivalencia entre lo que se espera que haga el docente y lo que hace en su práctica diaria. Ya que no se le puede exigir demasiado, debido a que por cumplir una parte de ello descuida otra, en donde el principal afectado, o bien, los afectados son los alumnos y el maestro. Esto es lo que se refleja en la realidad, tanto maestras como maestros se sienten cansados por las diversas labores que se les atribuyen en las instituciones en las que trabajan, en donde la disposición, asimismo el empeño, por impartir clases se deja a un lado, y toma relevancia la falta de atención de cada una de las necesidades que presentan los alumnos, en donde el único interés es dar clase sin que haya aprendizaje significativo. En lo que concierne a la capacitación constantemente se escucha que el profesorado necesita que adquiera la pedagogía, los conocimientos, y formación acorde a lo “actual” con la finalidad de que esté al día, y así llegue innovar en su práctica como docente… ¿Es posible que se esté cumpliendo? En torno a tal aspecto, se puede apreciar que se difiere entre lo que se hace y lo que se dice. Esto se explica en base a dos perspectivas, por un lado y a pesar de que autoridades, y gobierno, frecuentemente hacen comentarios acerca de la importancia de la capacitación del docente, eso se queda en el discurso, ya que no existen los programas, así como el apoyo suficiente de estos hacia el profesorado.


Pero por otro lado, también se encuentra el rechazo de los docentes por aceptar lo que se establece. Así, lo que se espera de los docentes acerca de ello, también debe exigirse a los encargados de tales implementaciones con el objetivo de que no exista, o bien, se produzcan divergencias en ello. En cuanto a lo referido a la planificación de aula, y vinculado en cierta forma con el material a trabajar, se puede observar que existen muchas dificultades en torno a tal aspecto. Debido a que los maestros y las maestras, en mucho de sus casos, no realizan tal acción, por lo que su práctica pedagógica se basa únicamente en lo aprendido durante su formación, así como en las experiencias que ha tenido. Pero una causa de ello es derivada del escaso tiempo que tiene para realizar tal acción, así como la falta de iniciativa por realizarlo; basándose simplemente en las actividades que orienta el libro de texto. Por lo que a partir de las expectativas del buen profesorado, permitirá consolidar esa imagen deseada, es decir, aquella que organiza, establece propósitos, identifica dificultades, propone, diseña estrategias, y todo ello que contribuya al aprendizaje, y lo motive, a seguir aprendiendo. Respecto a las tareas administrativas, cada vez más constituye un trabajo extra para el profesorado porque no solo implica invertir tiempo en ello, sino que se necesita que se tenga disposición, y por ende, dedicación a causa múltiple esfuerzo que tiene el realizarlo, por ejemplo al hacer el llenado de documentos, entrega semanal, así como mensual, de lo que realiza. Pero no solo implica eso, sino que conlleva revisar trabajos escolares, pase de lista, diseño de exámenes, evaluación. Por ello, a pesar de que se espera que realice, o bien, esté implicado en tales acciones puede ser benéfico, pero también perjudicial, en su labor diaria como se comentaba anteriormente. Un aspecto que no puede olvidarse, y a consecuencia de los nuevos modelos educativos que se presentan, es que se pide al docente que tenga la capacidad de gestión. Tal acción conlleva el saber qué es lo que se necesita en la


institución, cómo hacerlo y para qué realizarlo; queda claro que no solo se trata de pedir ni hacer sino que conlleva hacer diagnósticos, audiencias, llenado de documentos, así como involucrase con las instancias que podrían contribuir. Además, “el nuevo docente deberá ser capaz de comprender, apreciar y hacer dialogar las culturas incorporadas por los alumnos de las instituciones escolares” (Tedesco, J. C., 2002). Éste es uno de los retos, por así decirlo, más complejos

que

debe

de

asumir

el

docente,

a

consecuencia

de

las

transformaciones que se presentan en las diferentes estructuras sociales de la población. Así, el docente ya no solo tiene la tarea de atender a un determinado grupo de individuos con características en común, ahora el panorama dista mucho de ello. Pero no solo se pretende que desempeñe tal función, sino que funja como un mediador de lo que la familia no puede proporcionar, es decir, de principios y valores con el objetivo que tengan un desarrollo óptimo y así pueda vivir en conjunto... ¿En realidad se ve esto reflejado en nuestros contextos? Un ejemplo de esto, y que tiene que enfrentar el docente en las aulas, son las distintas culturas interiorizadas por la población a consecuencia de los medios de comunicación de masas, principalmente. Los cuales muestran una figura, o bien, un prototipo a seguir, el cual éstos los siguen por estar “al día”. Pero no solo está en juego lo anterior, sino que cada uno y pertenecientes a grupos y etnias distintas, vincula formas de pensar, comprender, actuar, aprender, discutir, interactuar, dialogar, y creencias, etc., lo que hace que se esté en constante contradicción lo que hace y lo que ellos “creen”; es decir, lo que para unos está bien para los otros es erróneo, lo que ocasiona que existan interferencias en el hacer diario del docente. Así, pesar de que se estipula que el maestro debe de hacer frente a los problemas, así como a los diferentes modos de pensar y actuar de los alumnos, pareciese que los trata de unificar en una norma. Pero el problema no solo implica esa simplificación, sino esa tarea de formarlo a través de principio y


valores, parece que se está incumpliendo a cusa de una formación ineficaz de éste. Cabe señalar respecto a esto, es que todo lo que no se es enseñado es difícil, e incluso incomprensible, de enseñarlo a otros. Por lo que el docente debe tener la preparación suficiente para responder a ello con el objetivo de que no se haga a un lado a los alumnos que posean distintas formas de pensar y actuar; además esto le permitirá darles mayor atención a cada uno sin distinción ni etiquetamiento. Otro referente, además de ser un aspecto clave, y que es visible en cualquier discurso, es lo referente a las TIC, o bien, con Tecnologías de la información y la comunicación. En esto, se tiene la perspectiva de que cada uno de los maestros tenga el dominio, así como la preparación suficiente, con la finalidad de que mantengan en constante “actualización” a la población en lo referente a tal materia. Pero… ¿Se tienen los medios, y las condiciones, para hacerlo? Se puede tener el deseo, nos queda claro, pero lo que dista verdaderamente son las condiciones para que se efectué. En donde no es comprensible solo atribuir tal problemática a las instancias políticas, sino que también es esencial que se focalice a las condiciones sociales y económicas en las que se encuentra la población. Es por ello que es posible observar divergencias en cada uno de los contextos en los que se visualice. Así, no se puede atribuir, en su totalidad, que los docentes cuenten, o no, con las herramientas en torno a ello, ya que pueden estar ejerciendo su práctica en un medio en el que se les de las facilidades esenciales para llevarlo a cabo, así como en uno carente de ello, y por ende, no cumplir en ambos casos con tal expectativa. A pesar de ello, se puede apreciar que, y dejando a un lado lo referente a las condiciones, los docentes tienen “miedo” a tales herramientas a consecuencia de diversos factores como: la falta de iniciativa, así como, a las actualizaciones


que implica aceptar tal reto. Pero no solo implica ello sino también conlleva cambiar el método tradicional por uno nuevo, lo cual hace que exista un cierto desapego. Pero la concepción de un buen maestro implica también un aspecto directamente relacionado con las expectativas que se tengan por parte de la población, en donde se espera que sea un modelo a seguir. El cual al seguirlo, o bien, al formase desde esa perspectiva le favorecerá en adquirir los referentes necesarios para que tenga éxito en lo escolar, asimismo en el medio en el que se desenvuelve. Pero… ¿Será posible tal objetivo? A pesar de que el maestro puede ser un modelo a seguir, en todo caso que se llegará a estar de acuerdo en tal concepción, puede ser en un cierto modo incomprensible. No solo porque posee diferente forma de pensamiento, así como grado de cultura; sino que tiene una vida personal que dista en lo relacionado a su hacer diario en el aula, y que ésta conlleva en sí problemáticas, fanatismos, perjuicios, molestias, y alegrías; los cuales deja a un lado (aunque no es siempre posible) para que se lleve a cabo de la mejor manera el proceso de enseñanza/aprendizaje de los individuos en el salón de clase.

Conclusión: A partir de las expectativas que se tienen en relación al profesorado, se pueden trazar dos caminos diversos entre sí; ya que por un lado aumentan las demandas hacia tal profesión, cuyo propósito es formar a docentes aptos, que cuenten con las capacidades y elementos esenciales para fungir como un maestro modelo, o bien, un buen maestro que al mismo tiempo actué en función de los cambios que se presentan. Pero por el otro lado se sitúa la parte en la que proviene la demanda, es decir, gobierno, autoridades educativas, escuela, y la sociedad en general. Los cuales


únicamente, y al apreciar este panorama,

solo exige más tarea hacia los

docentes sin darle el reconocimiento, ni el apoyo necesario, para que se efectué tal propósito. Es así, que aquel docente que se espera que actué en relación a los cambios

que se producen sea un “tipo ideal tan contradictorio como de

imposible realización práctica” (Tedesco, J. C., 2002). Una posible causa del porque es propiciado el primer aspecto (la contradicción) es por el desinterés del docente, por falta de compromiso, de tiempo, de estímulo, de apoyo; y por más que se haga a favor por parte de las otras instancias no se producirá el resultado esperado. Y lo mismo pasa si se hace

de manera inversa. ¿Acaso está fallando el sistema educativo, o

simplemente es falta de disposición de ambas partes? Y en lo que respecta al segundo elemento, se podría decir que se manifiesta a consecuencia de las condiciones sociales, económicas y políticas existentes. Ya que a pesar de que prevalezca el “deseo” por cumplir con las exigencias que se le demandan, pero no existe las estructuras necesarias para hacerlo, no se podrá llevar a cabo. Es por ello, y si se quiere que se haga realidad esa imagen utópica del buen maestro, no solo basta con exigir más. Lo que es verdaderamente imprescindible es que tal tarea no solo se les atribuya a los profesionales de la educación, debido a que no son solo los únicos responsables de responder a las demandas que se realizan entorno al mejoramiento de la sociedad, así como de la educación, sino que son una parte esencial en la contribución de ello. Así, y si se quiere que se cumpla tales exigencias es necesario que se produzca un dialogo entre cada una de las partes implicadas, esto con la finalidad de que no se espere más de lo que puede ofrecer y realizar el docente. Por lo que al trabajar en conjunto; permitiría obtener buenos resultados que al atribuirles las diversas “tareas” que se espera que cumplan. De esta manera, el querer “hacer” es diferente al poder hacer, y si éste enunciado se traspasa a lo que se espera que haga el profesorado se pueden


encontrar ciertas características en común. Ya que el anhelo difiere ciertamente en lo que acontece entorno a ello, es decir, aunque se tenga tal esencia pero no se posee los elementos, así como las condiciones necesarias; ya sea sociales, económicas o políticas, no será posible que se lleve a cabo con efectividad. Y al hacer que se produzca esas expectativas en el profesorado, sin las condiciones ni el apoyo requerido, esa idea que se tenía positiva puede tomar un giro totalmente contradictorio a esa imagen arquetipo. Así, se puede entender que en lugar de realizar cada una de sus tareas, así como acciones, de manera satisfactoria las hará con ciertas presiones y dificultados. Lo que diferiría de las expectativas que se tienen de él… ¿Lo que se espera del profesorado puede ser medida para el cambio social y educativo?, o, ¿Simplemente es una ideología de la sociedad contemporánea?

Bibliografía: Ander-Egg, E. (2005). Debates y propuestas sobre la problemática educativa (pp. 22-90). Argentina: HomoSapiens. Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro (pp. 9-27), (pp. 155-171). México. Schmelkes, Sylvia (1999), “Reforma curricular y necesidades sociales en México”, en Cero en Conducta, año XIV, núm. 47, abril, México, Educación y Cambio, pp. 3-15. Tedesco, J. C. y Emilio T. F. (2002). Nuevos tiempos y nuevos docentes. en: Conferencia Regional El Desempeño de los Maestros en América Latina y el Caribe: Nuevas Prioridades. Brasil: UNESCOUNESCO: Siglo XXI Torres R. M. (2000). Itinerarios por la educación latinoamericana. Cuadernos de viaje. Argentina: Paidós.


Heargreaves, A. (2005). Profesorado, cultura y posmodernidad. Cambian los tiempos, cambia el profesorado (5° edición). España: Morata.


Ensayo