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Por una Nueva Central Unitaria, Por una Nueva Independiente Central y Democrรกtica Unitaria, de las y los Independiente trabajadores y Democrรกtica de las y los trabajadores Por una Nueva Central Unitaria, Independiente y Democrรกtica de las y los trabajadores Nueva Central de Trabajadores

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http://www.nuevacentral.com.mx juntapromotora@nuevacentral.com.mx

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Introducción

Los ataques frontales que contra algunos de los más importantes destacamentos del sindicalismo independiente ha lanzado el gobierno de la derecha encabezado ahora por Enrique Peña Nieto, así como la constante reducción de la base de organización y contratación colectiva auténticas de las y los trabajadores, producto de décadas de aplicación de políticas neoliberales de panistas y priístas, han puesto sobre la mesa de manera real y concreta la discusión sobre la necesidad de la unidad de todas las fuerzas inde– pendientes y, concretamente, la de crear una nueva central de trabajadores que además se proponga desarrollar nuevas estrategias para organizar a la gran mayoría no organizada.

El gobierno de Peña Nieto es la continuidad de la antidemocracia y el neoliberalismo. Desde antes de tomar posesión avaló la más fuerte de las ofensivas neoliberales: la largamente anhelada reforma laboral, que legaliza la precarización laboral, socava de manera definitiva la estabilidad en el empleo y la contratación colectiva, y no sólo protege al viejo aparato sindical corporativo, sino cobija los contratos y sindicatos de protección patronal. El ataque es total, pues ha seguido toda una ola de “reformas”neoliberales contra la nación y el pueblo trabajador, lo que hace aún más profundo y perentorio el desafío para el sindicalismo auténtico de actuar de manera urgente, pero también con visión estratégica. De ahí el lanzamiento inédito de una nueva

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Central de trabajadoras y trabajadores, cuya fundación se concretará el próximo 25 de enero de 2014. Las fuerzas más movilizadas del sindicalismo independiente han venido confluyendo en un largo proceso hasta llegar al Pre Congreso de la nueva central, realizado en la ciudad de México el pasado 16 de noviembre. Quienes participamos en este esfuerzo estamos conscientes de que no se trata simplemente de crear nuevas siglas o membretes, sino de un esfuerzo serio de unidad y replanteamiento estratégico. Se trata entonces, en primer lugar, y sin dejar de avanzar en el terreno concreto de organización, de promover el análisis y la discusión entre todas las fuerzas independientes y entre todas y todos los trabajadores sobre esta nueva iniciativa. Por ello, presentamos en este folleto tres documentos que son básicos para esa reflexión, aprobados de esa manera en el pre Congreso mencionado. En primer lugar, el Reporte presentado por una comisión sobre el proceso de promoción y

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discusión de la Nueva Central, que facilita entender el contexto organizativo en que se ha desarrollado. En segundo lugar, el Documento Base “Por una Central Unitaria, Independiente y Democrática de las y los Trabajadores”, que es el documento que sustenta hasta ahora los trabajos de construcción y los objetivos consensados por las fuerzas participantes en la nueva Central. Finalmente, incluimos la ponencia presentada por el Doctor Pablo González Casanova en el Foro realizado el 10 de marzo de 2012 en la Universidad Obrera de México, que también ha sido adoptada como una reflexión programática sustentadora de este esfuerzo. Estamos convencidos de que el folleto que ahora ponemos en sus manos servirá por sí mismo para reforzar el debate y las propuestas para el necesario rearme del sindicalismo independiente y democrático en México, y nos enfila ya hacia la cita histórica que será el Congreso de Fundación de la Nueva Central democrática en enero de 2014.


Proceso de construcción de la Nueva Central de Trabajador@s Reporte presentado por una Comisión al Pre Congreso

La

construccion de una central de trabajadoras y trabajadores que unifique al conjunto del movimiento sindical independiente y democrático mexicano es una necesidad que ha sido expresada con amplitud en múltiples foros y cuya concreción ha sido postergada largamente.

El ataque constante de la oligarquía mexicana y de sus cómplices en el poder político contra los derechos laborales hace insostenible la actual atomización de nuestras fuerzas; por ello, un grupo amplio de sindicatos, organizaciones sociales, personalidades, hombres y mujeres de la sociedad civil, decidimos iniciar un proceso, que sabíamos largo, para formar una central que agrupe al mayor número de trabajadoras y trabajadores, con una visión distinta,

auténtica e incluyente, del sindicalismo, alejado de las prácticas corporativas y corruptas. Ahora nos encontramos ya en la ruta hacia el 25 enero de 2014 en que se realizará el Congreso Constitutivo de la Nueva Central, primera meta de un camino complejo, que inició el 29 de octubre de 2011 en la V Conferencia Sindical Nacional, organizada por el Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (CILAS). En este foro, al Nueva Central de Trabajadores

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que asistieron más de 80 organizaciones sindicales, el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) presentó una ponencia intitulada Por una nueva central de trabajadoras y trabajadores del campo y la ciudad, que dio pie a innumerables reflexiones y debates que culminaron con la propuesta de ir hacia adelante en la conformación de una nueva central de trabajadores. El Frente Sindical Mexicano fue quien marcó la pauta inicial. En su reunión del 24 de noviembre de 2011 acordó convocar a una reunión de direcciones sindicales para discutir la ruta de conformación de la nueva central, con carácter clasista democrático e independiente. Ésta se llevó a cabo el 7 de diciembre de 2011 y su resolutivo principal fue impulsar un foro de análisis —amplio e incluyente— para destacar el valor de la unidad. Así, el 10 de marzo de 2012, en la Universidad Obrera de México, se realizó el foro: ¿Es necesaria una nueva central de trabajadores?, en el que el doctor Pablo González Casanova presentó la ponencia Por una nueva organización de los trabajadores, que sintetiza las razones y aspiraciones de la central en formación. Un mes más tarde, en una nueva reunión participaron las secciones de la CNTE de los estados de Michoacán (XVIII), Oaxaca (XXII) y Distrito Federal (IX); Alianza de Tranviarios de México (ATM); Sindicato Mexicano de Electricistas (SME); Sindicato de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, (STMMSRM); Sindicato de Trabajadores

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del Transporte de Pasajeros del Distrito Federal (STTPDF); Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma de Chapingo (STAUACH); Sindicato Indepen–diente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (SITUAM); Sindicato Único de Trabajadores del Instituto de la Educación Media y Superior (SUTIEMS); Consejo Nacional de


Traba–jadores (CNT); y la Sección 33 del Sindicato de la Secretaría de Desarrollo Social. El principal acuerdo de ésta fue declarar constituida la Junta Promotora Provisional por la Construcción de una Nueva Central de Trabajadores, en el entendido de que éste era el inicio de un proceso de construcción de la misma y no su culminación.

Esta Junta Promotora se ha venido reuniendo con regularidad y a ella se han sumado más organizaciones, incluso del norte del país. En el sexto pleno de esta Junta, de marzo de 2012, se acordó “eliminar

el carácter “provisional” de la Junta, con objeto de darle a este proceso un carácter definitivo y formalizado”. Posteriormente, en el Seminario de Reflexión Estratégica Hacia la Construcción de una Nueva Central de Trabajadores, de julio de 2013 realizado en el balneario de Oaxtepec Morelos y ante la presencia de invitados internacionales como José Rigane de la Central de Trabajadores de Argentina; Rafael Chacón de la Central Bolivariana Socialistas de Trabajadores y Trabajadoras de Venezuela y Jorge Bermúdez del Plenario Intersindical de Trabajadores y Convención Nacional de Trabajadores (PIT-CNT), de Uruguay, se confirmaron la pertinencia y viabilidad de construir la nueva central. Se nombraron comisiones para redactar una propuesta de documentos básicos para discutirlos y afinarlos, de tal modo que puedan ser aprobados durante el Congreso de 2014, además de una ruta de construcción estratégica. Durante el trayecto que nos ha llevado a los umbrales de la fundación se han conjuntado convicciones y esfuerzos solidarios para llevar a cabo las múltiples tareas que implica este proyecto, como la elaboración de diversos carteles, de volantes y folletos que han ido permitiendo que la sociedad conozca de la construcción de la Nueva Central; la realización de confe– rencias de prensa, comunicados y pronunciamientos sobre temas específicos que han permitido que la Junta Promotora sea ya una importante referente.

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La Junta Promotora ha organizado foros regionales para la formación de la Nueva Central como los realizados en Morelia, Michoacán; San Luis Potosí capital; Guadalajara, Jalisco; Tepic, Nayarit; Oaxaca capital. También se ha hecho evidente que la Nueva Central se construye también en la calle, en la movilización. Son las organizaciones que la construyen las que han protagonizado las principales luchas sociales de los últimos años —electricistas y magisterio, por citar sólo los principales ejemplos— y que, ya unidos en la Junta Promotora, han encabezado las marchas del 1 de Mayo por la defensa de los derechos laborales, en el 2013 y la del 20 de Noviembre, en reivindicación del carácter social y popular de la revolución Mexicana. El 16 de noviembre de 2013, en la sede del SME, tuvo lugar el pre Congreso de fundación de la Nueva Central, en el que más de 40 organizaciones, sindicales, cooperativas y campesinas nos reunimos para discutir los avances logrados y la discusión de los documentos básicos. Contamos con la participación de 170 delegados, provenientes de los estados de Baja California, San Luis Potosí, Aguascalientes, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Veracruz, Puebla, Hidalgo, Estado de México, Morelos y Distrito Federal. Hasta el momento, participan del proceso de construcción de la nueva Central las siguientes organizaciones: Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, Secciones IX (Distrito Federal), XIV

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(Guerrero), XVIII (Michoacán), XXII (Oaxaca), XL(Chiapas); Sindicato Independiente de Trabajadores de la Educación de Tabasco; Sindicato Estatal de Trabajadores de la Educación de Baja California; Sindicato Autónomo de Trabaja– dores de la Educación de Veracruz; Sindicato Único de Trabajadores del Colegio de Bachilleres de Guerrero; Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana; Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma de Chapingo; Sindicato Único de Trabajadores del Instituto de la Educación Media y Superior del DF; Sindicato Mexicano de Electricistas; Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual SCL; Sección 50 (Chiapas), del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salubridad y Asistencia; Sindicato de Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado Municipios, Insti– tuciones Descentralizadas Estatales y empresas Privadas del Estado de Nayarit; Sindicato Independiente de Trabajadores Académicos y Docentes del Conalep, Nayarit; Sindicato Independiente de Trabajadores al Servicio de Educación del estado de Nayarit; Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad Tecnológica del Estado de Zacatecas; Sindicato de Empleados Públicos del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado de Guadalajara; Sindicato de Trabajadores de la Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbano; Asociación Sindical de


trabajadores del Instituto de la Vivienda del DF; Sindicato Democrático de Trabajadores de la Procuraduría Social del DF; Confederación de Trabajadores Democrá– ticos (que agrupa a cinco sindicatos); Federación Sindical Revolucionaria (que agrupa a nueve sindicatos); Sindicato Internacional de Constructores de Elevadores de México; Trabajadores Democráticos de Occidente (Cooperativa); Sindicato Nacional de Trabajadores de General Tire; Sindicato de Trabajadores del Transporte de Pasajeros de DF; Alianza de Tranviarios de México; Central Unitaria de Trabajadores de México; Unión General Obrero, Campesina y Popular del Estado de Chiapas; Unión de Colonos de Sta. Inés Buena Vista, Berriozábal, Chiapas; Sindicato de Trabajadores de la Universidad Intercultural de Chiapas; Colectivo de Trabajadores de la Cultura de Michoacán; Sindicato Único de Trabajadores Académicos del Conalep de Michoacán; Sindicato de Trabajadores de Farmacias Similares y Expendios Farmacéuticos de Michoacán; Sindicato Único de Traba– jadores del Organismo Público Descen– tralizado de los Servicios de Salud de Michoacán; Colegiado de Trabajadores del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos de Michoacán; Sindicato Único del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Michoacán; Frente de Transportistas de la Asociación de Trabajadores de Michoacán; Sindicato Independiente de Trabajadores de la

Educación del Estado de Quintana Roo; Sindicato de Educación Indígena de Veracruz; Sindicato de Trabajadores al Servicio del CECyT de Oaxaca; Sindicato Único de Trabajadores de la Junta Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Guanajuato; Frente de Migrantes y Adultos Mayores de Jalisco; Confederación de Jubilados, Pensionados y Adultos Mayores de la República Mexicana. En el pre Congreso participaron diri– gencias de 40 organizaciones, entre las cuales los compañeros de las secciones presentes de la CNTE representan a 279 mil 875 trabajadores; los sindicatos inde– pendientes de la educación básica, media y superior a 32 mil 997; del sector energético a 26 mil 559; de empleados públicos a 22 mil 224; la industria hulera a 2 mil 68; de industrias diversas a 6 mil 594; del transporte público a 6 mil 700; campesinas y urbanas a 5 mil; y jubilados y pensionados a 7 mil 600. En su conjunto, las organizaciones que participan en el proceso de construcción de la nueva Central, representan un universo

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de más de 400 mil trabajadores, que segura– mente se ampliará de manera significativa en el Congreso de Fundación de enero. Este pre Congreso tuvo enorme significado pues permitió construir acuerdos profundos sobre la caracte– rización de la situación nacional y en torno a los documentos básicos: Estatutos; Principios y Programa; Lineamientos Estratégicos; Organización y Ruta hacia el Congreso y Plan de Acción.

El Principal acuerdo fue realizar el Congreso de Fundación de la Nueva Central de Traba– jadores para el sábado 25 de enero de 2014. Unamos nuestras fuerzas e impulsemos la fundación de una nueva central de trabajadores del campo, la ciudad, el aire y el mar; de mujeres y jóvenes; de empleados y desempleados; independiente, democrática y clasista; con un proyecto de nación propio, que recupere lo que los neoliberales nos quieren arrebatar: nuestras conquistas y nuestra patria.

¡Viva la lucha de la clase trabajadora! ¡Por un sindicalismo de Clase, Autónomo, Democrático e Internacionalista! ¡Viva la Nueva Central de Trabajadores! ATENTAMENTE Junta Promotora por la Construcción de una Nueva Central de Trabajadores

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Llegó laUnitaria, hora de construir la Central Independiente Central Unitaria,deIndependiente y Democrática las y los y Democrática de las y los Trabajadores Trabajadores Documento base aprobado por el Precongreso de la Nueva Central, realizado el 16 de noviembre de 2013 en la ciudad de México

Es

necesario decirlo claramente: en México el movimiento sindical ha llegado a uno de los puntos más bajos de su historia, tras los efectos de treinta años de neoliberalismo, veinte de “libre comercio”, en medio de crisis económicas sucesivas y bajo un ataque brutal y a fondo del capital y los gobiernos neoliberales.

Los males endémicos del sindicalismo mexicano —el corporativismo, la corrupción, la antidemocracia, la fragmentación, la falta de inde–pendencia y libertad sindical—, han dado lugar a expresiones aún más perversas como el sindicalismo de protección, en tanto que la “creatividad” patronal no tiene límites para burlar derechos, como es la abusiva expansión del outsourcing. Las bases objetivas de sustentación de la organización y la contratación colectivas están minadas.

Durante décadas, el charrismo sindical ha pervertido la noble naturaleza de los sindicatos como organizaciones de lucha para la defensa de los intereses de clase de los trabajadores convirtiéndolos en aparatos de control, corrupción y privilegios como pago a su colaboracio– nismo, constituyéndose en verdaderas mafias al servicio del capital. Ejemplos de ello, los tenemos en el SNTE, el SUTERM, y el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana.

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El sindicalismo independiente, que se fortaleció durante un periodo y ha dado luchas de resistencia muy significativas, se ha debilitado, se encuentra dividido y no ha sido capaz de desarrollar nuevas estrategias para encarar tal situación. El reto es enorme. Superar la división y el agotamiento de las frágiles formas de unidad existentes, construir estrategias comunes que permitan no sólo una mejor defensa, sino crecer entre los no organizados y los sometidos al sindicalismo mafioso, es una necesidad apremiante, de supervivencia, una tarea elemental para hoy y por encima de las diferencias y los pequeños intereses. El sindicalismo democrático e independiente tiene el reto de contribuir a la reorganización de la clase trabajadores para socavar las base de control sobre las que se erige el injusto sistema de explotación capitalista.

La dimensión de la ofensiva neoliberal (tirando a matar) “Los sindicatos son un cáncer para la sociedad y hay que extirparlos”: Felipe Calderón Hinojosa. La frase anterior, pronunciada ante empresarios que financiaron su campaña electoral, es mucho más que la bravuconada de una mente enferma y el odio de clase de los sectores más reaccionarios de la oligarquía mexicana. Es, sobre todo, parte de una visión de largo plazo, la neoliberal, que viene socavando las bases materiales sobre las que se sustenta la

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existencia de los sindicatos, reduce su poder de negociación y prepara su eventual desaparición. Décadas de lucha proletaria y de organización sindical permitieron alcanzar conquistas sociales y derechos, no sólo laborales sino también civilizatorios, durante la mayor parte del Siglo XX. Desde hace tiempo estas conquistas están sometidas a un fuerte ataque por parte de los neoliberales. En busca de recuperar la tasa de ganancia, los capitalistas han lanzado una brutal ofensiva destinada a destruir estas conquistas y nos retrotraen a las dimensiones más bárbaras del capitalismo del siglo XIX. Desde 1976 el poder adquisitivo del salario se ha desplomado en un 80 por ciento. El desempleo real, no el imaginario de las cifras oficiales, rebasa el 20 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) y el empleo informal alcanza a otro 30 por ciento. Existen 8 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan. La precarización del trabajo avanza en todas sus formas. La estabilidad en el empleo se desvanece. Los contratos temporales se han constituido en la norma. Los trabajadores de la ciudad, el campo y el mar son sometidos a intensas cargas de trabajo —sin ningún respeto a normas mínimas de seguridad, higiene y capacitación—, y sin el pago de horas extras. Las autoridades laborales se han convertido en agentes patronales para legitimar despidos, cierres de empresa,


recuentos fraudulentos y demás atrocidades. Miles de trabajadores al ser despedidos, o porque sus salarios no les alcanzan, están perdiendo su casa ante el Infonavit. El derecho a la jubilación es acotado sistemáticamente y cada vez hay que ser más viejos y resignarse a menores pensiones para jubilarse, además de que los fondos de ahorro han sido privatizados, quitando responsabilidades a patrones y estado, y son objeto de la especulación financiera. Especialmente los jóvenes tienen un futuro marcado por el empleo precario e inestable en el que tendrán que conformarse con saltar “de chambita en chambita”. Particularmente nociva para los derechos laborales y la existencia de los sindicatos está siendo la expansión de la práctica perversa del outsourcing o tercerización. Al dividir una empresa en varias razones sociales, recurrir al trabajo doméstico, pagar por honorarios y subcontratar a través de terceros, se busca expresamente rebajar salarios y prestaciones, e impedir la organización y contratación colectivas de los trabajadores. Para asegurar estas políticas, y cuando creíamos haber visto lo peor con el

corporativismo, se ha venido expandiendo el cáncer del sindicalismo de protección, una completa simulación de contratación colectiva por parte de sindicatos fantasmas que abarca ya a la mayor parte de los trabajadores mexicanos y se exporta a otros países. Al mismo tiempo, obtener el registro o reconocimiento de un sindicato auténtico es casi imposible, por la larga cadena de obstáculos a la libertad sindical que colocan empresarios y autoridades. Eso no es todo. La reforma laboral recién aprobada por el Congreso de la Unión legaliza todas estas formas de sobrexplotación de la fuerza de trabajo para instaurar un régimen laboral despótico e inhumano en miles de talleres, fábricas, industrias, comercios, servicios y latifundios; estimula todas las formas de control corporativo y de protección patronal que niegan en forma permanente la autonomía de la clase trabajadora y día con día sepultan la democracia en miles de organizaciones sindicales y campesinas que simulan representar a sus agremiados. En México, las conquistas laborales que en los hechos se fueron perdiendo, práctica– mente han quedado abolidas “legalmente”

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después de la imposición de la reforma laboral impulsada por el PRI y el PAN, también respaldada por algunos sectores de la “izquierda” institucional. El objetivo primordial de esta reforma es terminar con la estabilidad en el empleo. La contratación por horas, alargar los periodos de prueba, facilidad y reducción de los costos por despido, son acciones que van en este sentido y que afectan, sobre todo, a los jóvenes cuyo porvenir es ahora la precarización de por vida. Todo este panorama no es otra cosa que la entrada a un mundo en donde la simulación laboral sustituye a todo los establecido en el artículo 123 de la Constitución y socava la existencia de los sindicatos. Adicionalmente, la “nueva” crisis económica global está siendo usada como un factor fundamental para hacer retroceder derechos, y para disciplinar y paralizar la combatividad de la clase trabajadora. Los trabajadores del mundo ven debilitadas sus organizaciones sindicales por el desempleo y la disminución de sus posiciones en la producción, se ven colocados a la defensiva, en particular en lo que toca al salario. La crisis refuerza la labor hecha durante años por el neoliberalismo y el “libre comercio” para fomentar la competencia internacional entre trabajadores norte-sur y, peor, sur-sur por ver quien trabaja más por menos. La “salida” de la crisis que construye el capital se da sobre la base de una nueva oleada de reformas neoliberales, la imposición de políticas de austeridad y los

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llamados ajustes estructurales que en suma no son otra cosa que la privatización de las empresas públicas, el desmantelamiento de la contratación colectiva, la generalización del trabajo precario y la pérdida de soberanía. No conforme con socavar las bases que sustentan la existencia de la organización sindical y colocar toda clase de obstáculos a la libertad de asociación, los gobiernos neoliberales han lanzado toda una ofensiva contra el sindicalismo independiente. Los ataques al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), al Sindicato Minero, Mexicana de Aviación y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), no sólo son graves en sí mismos, sino que representan la punta de lanza de una política de exterminio de la sindicalización auténtica. Nadie puede considerarse en una isla. Tal ofensiva se da en medio del desastre nacional, de la generalización de la violencia y la militarización. En medio también del hartazgo, las resistencias, la desobediencia y la rebeldía, como se puede observar en la insurgencia magisterial popular contra la reforma educativa y la rearticulación del movimiento ciudadano y popular en contra de la reforma energética privatizadora del gobierno neoliberal en turno. La persistente y digna lucha de resistencia del SME que se prolonga por más de cuatro años; el ascenso y expansión de la lucha del magisterio democrático encabezada por la CNTE; el cotidiano batallar de cientos de


sindicatos independientes y democráticos en todo el país, que en la educación media y superior, la industria, los servicios del campo luchan por defender sus conquistas y alcanzar mejores condiciones de vida para sus agremiados; el surgimiento de nuevas organizaciones de masas para la defensa de los intereses del pueblo como la de los usuarios de la energía eléctrica; las policías comunitarias; la emergencia del movimiento estudiantil yosoy#132 y la proliferación en todo el país de nuevas organizaciones de resistencia popular en defensa de la tierra, el agua, los bosques y el aire, son prueba de que actualmente vivimos una etapa de recomposición de la lucha social que debe ser estimulada con el lanzamiento de la Nueva Central de Trabajadores.

La realidad sindical que hay que desafiar El hecho es que, como consecuencia de este conjunto de medidas neoliberales, de una PEA calculada en 54 millones, menos de la mitad tienen alguna clase de empleo “formal” y entre estos cada vez predomina más la inestabilidad, la flexibilidad, la subcontratación, la precariedad, lo que los coloca en una situación objetivamente muy difícil para organizarse y concentrarse simplemente en la sobrevivencia. De los trabajadores que tienen la “fortuna” de tener algún empleo, sólo 15% están sindicalizados (menos de cinco millones) según estadísticas oficiales, pero además alrededor del 60% de

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ellos están bajo contratos de protección, lo cual significa que menos de 3 millones se encuentran afiliados a sindicatos auténticos, ya sean buenos, malos o regulares. Es decir que, respecto a la PEA, menos de 10% está sindicalizado realmente y respecto a los trabajadores formales menos del 15%. Conclusión obvia: la gran mayoría de trabajadores mexicanos no está organizado en tanto tales, son millones los que están esperando alguna forma de organización que defienda sus intereses como trabajadores. Es decir que en México ha habido un retroceso impresionante en lo que internacionalmente se mide como representatividad o densidad sindical, es decir, lo que realmente representa entre los trabajadores y en la sociedad el sindicalismo. Además, hay sectores claves de la economía en los que predomina aún más desproporcionadamente la simulación o de plano la ausencia de organización y contratación colectivas. No es sólo un problema numérico. En esas condiciones, la capacidad y la fuerza de los sindicatos para presionar o negociar es raquítica, porque ello no depende sólo de buenas o malas estrategias políticas o de cuántas movilizaciones, sino del peso que se tiene en la gestión o afectación de los productos y servicios que requiere la sociedad. Es el chantaje del enorme y permanente ejército de reserva de trabajo, pero también la gran ausencia de organización en los centros de trabajo. Y entre más desem– pleados o más trabajadores sometidos a la

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desprotección o simulación laboral, más es la presión hacia la baja para los trabajadores sindicalizados y bajo contrato colectivo. La presión para disminuir, flexibilizar o desaparecer esos contratos colectivos es enorme. Todo ello sin contar los problemas endémicos del sindicalismo mexicano a los que hacíamos referencia al inicio. Dejemos de lado por el momento algunos fundamentales, como han sido la falta de independencia política, el corporativismo, la falta de democracia sindical, los grandes obstáculos a la libertad sindical existentes. Enfoquemos sólo el problema de la fragmentación. México es de los países en donde más divididos y fragmentados están los trabajadores. En muchos países hay tres, cuatro, cinco centrales sindicales; aquí existen decenas. En muchos países se cuenta con sindicatos por rama de industria; en México los trabajadores están divididos en miles de sindicatos y más de 15 mil contratos tan sólo registrados en la Junta Federal, y los


Contratos Ley están disminuyendo o desapareciendo. Esta situación adversa no nos exime de realizar un balance autocrítico para detectar las debilidades intrínsecas del sindicalismo independiente mexicano que han contribuido a la actual situación, encontrar las vías para superarlas y sentar las bases para construir un nuevo y efectivo instrumento para la defensa de la clase trabajadora. Nuestras luchas por lo general se han reducido cuando mucho a defender la fuente de trabajo y conquistas pasadas en peligro o tratar de recuperarlas; ya no nos hemos propuesto lograr otras nuevas. Nuestras organizaciones sindicales, conformadas en el periodo precedente de expansión, han resultado inadecuadas y sobrepasadas en las nuevas condiciones, aún más en las condiciones de la presente crisis cuando la ofensiva del capital se combina con una ola de innovación tecnológica. Lo anterior no se refiere a la dureza, la amplitud o la combatividad de los movimientos, sino a sus objetivos, su contenido y sus instrumentos organizativos. En estas condiciones, no es de extrañar que ante la misma ofensiva del capital a escala mundial, el sindicalismo mexicano continúe paralizado, no consiga el nivel de movi– lizaciones que se dan en otros lugares del mundo y que en México la posibilidad de impulsar una huelga general efectiva, por ahora, se vea bastante remota; cómo hacerlo con una tasa de sindicalización menor al 10

por ciento de los trabajadores; la frag– mentación de la clase trabajadora en diversas centrales y organizaciones sindicales; el férreo control que las organizaciones sindicales “charras” ejercen sobre sus agremiados; la división del sindicalismo democrático e independiente; y la falta de liderazgo social de la clase trabajadora. Vivimos la urgencia histórica de superar esta situación. Asumir el reto de que podemos superar el estado de cosas que nos impide avanzar como clase social. Ser autocríticos y ver con objetividad lo que estamos haciendo mal. En nuestra actividad aún predomina el gremialismo, aún no alcanzamos a articular una política de clase con un carácter nacional e internacional, con una orientación emancipadora. La visión estrecha de no ver más allá de lo inmediato, de no ir más allá del gremio al que pertenecemos ó de la entidad o región donde estamos, anula toda la posibilidad de disputarle el poder al capital. Lo que nosotros estamos planteando es cambiar la correlación de fuerzas entre el capital y el trabajo en la perspectiva de una verdadera emancipación proletaria. Hoy tenemos que dar un nuevo paso en la unidad del sindicalismo democrático e independiente con un salto de calidad en sus definiciones políticas estratégicas para avanzar en la reorganización política sindical de los trabajadores mexicanos. A eso convocamos a los polos unitarios del sindicalismo independiente al Frente

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Sindical Mexicano a la Unión Nacional de Trabajadores y a todas las expresiones del movimiento que asuman las nuevas tareas de construcción de una Nueva Central de Trabajadores democrática y revolucionaria.

La Urgencia de la Unidad, la Renovación y la Expansión Sindical: Hacia una Nueva Central Unitaria, Independiente y Democrática de las y los Trabajadores Es necesario educar, organizar y movilizar a toda la gran fuerza del proletariado mexicano. Esa gran masa de trabajo explotado que puede ser consciente para luchar por su emancipación social. La crisis global del capitalismo no es coyuntural, es una crisis estructural que adquiere el carácter de crisis civilizatoria en tanto pone en riesgo la existencia misma de la especie humana. La crisis global del capitalismo es económica, ambiental, migratoria, alimentaria, política y social y pretende ser remontada desde los grandes centros financieros del capital internacional con la imposición de nuevas reforma neoliberales que despojen de sus derechos sociales y humanos a la mayoría de la población mundial. En esa lógica, en México se pretenden imponer nuevas reformas privatizadoras en el sector energético, la educación pública y la seguridad social que den marcha atrás a

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la soberanía e independencia nacional y cancelen de un plumazo los derechos sociales adquiridos por pueblo de México. En México esta ofensiva neoliberal esta cobijada por el llamado “Pacto por México”, alianza entre partidos políticos de derecha a “izquierda” que, teniendo el control del Congreso de la Unión, están imponiendo las reformas estructurales neoliberales a espaldas del Pueblo. El dichoso consenso del Pacto se refuerza a través de la campaña permanente de criminalización de la protesta social por parte de los medios masivos de comunicación en manos de la Oligarquía que cotidianamente desinforman al grueso de la sociedad. El panorama descrito impone retos formidables al movimiento sindical democrático mexicano. Ya no es posible seguir en la inercia de pequeñas respuestas puntuales y estrictamente defensivas. Es necesario superar lo hecho hasta hoy. El primer reto es elemental: unir todas las fuerzas existentes del sindicalismo independiente si se quiere levantar una defensa eficaz e, incluso, si se quiere sobrevivir. Ya no es posible conformarse con mediaciones de unidad en las que el compromiso de articulación y acción conjuntas se da a medias, condicionado, mediado por los intereses particulares, en frentes, coordinaciones, etc. Es necesario avanzar hacia la constitución de una nueva Central de Trabajadores que agrupe de entrada a todas las fuerzas sindicales independientes, desde los


sindicatos nacionales constituidos y reconocidos, hasta los locales e incluso los grandes movimientos y corrientes representativas, y las agrupaciones de trabajadores democráticos en lucha o en proceso de organización dentro del sindicalismo corporativo. Una nueva central que levante un muro de defensa más eficaz pero que no se quede ahí; una central que sea capaz de convocar a los trabajadores en general, a los no organizados, a los precarizados y terciarizados, a los que están sometidos al corporativismo y a los contratos de protección; una Central que sea capaz de desarrollar estrategias que conduzcan a la renovación e incluso a la refundación del sindicalismo, a su crecimiento, que se proponga revertir la ofensiva neoliberal y sus efectos más nocivos; una Central que contribuya junto a otros actores sociales a encontrar una salida al desastre nacional y se enfile sin ataduras a la emancipación del proletariado mexicano. Tal perspectiva es acorde con lo que hoy se debate en el movimiento sindical internacional, pues los dilemas planteados se presentan en todo el mundo –aunque en México de manera más aguda. De manera global, el modelo de sindicalismo surgido en el siglo XX está agotado, es necesario sentar las bases del nuevo sindicalismo del siglo XXI. De no hacerlo corremos el riesgo de su desaparición y la emergencia de un nuevo tipo de totalitarismo. Debemos reconocer que actualmente ni el Frente Sindical Mexicano (FSM), ni la Unión

Nacional de Trabajadores (UNT), ni la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), ni el Sindicato Minero, ni el resto de la organizaciones sindicales independientes, representan por sí solas y por separado una alternativa a una situación tan adversa, y que no hemos estado a la altura para enfrentar la ofensiva neoliberal. Cada una de estas organizaciones está enfrentando de diversas formas la ofensiva del gobierno; el problema es que cada una lo hace por separado, sin una estrategia común y de largo plazo, apenas unidas alrededor de algunas declaraciones y movilizaciones conjuntas. Esta crisis nos ha sobrepasado a todos, pero todos juntos podemos sobrepasar la crisis. Debemos pensar en una estrategia que esté basada no sólo en la defensa, sino en la preparación de una contraofensiva. No debemos estancarnos en fórmulas de lucha que ya demostraron su insuficiencia y crear nuevas formas de resistencia. Debemos adquirir una mentalidad y un discurso que demuestre que nuestras propuestas para enfrentar la crisis del capitalismo son más racionales y justas que las que ofrecen los capitalistas y sus gobiernos. Debemos demostrar al conjunto de la sociedad que un sindicalismo democrático y emancipador fortalecido es la mejor alternativa ante la barbarie capitalista. Cambiar la correlación de fuerzas a nuestro favor requiere superar todo residuo de gremialismo, hegemonismo, sectarismo y las diferencias que nos han mantenido

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separados durante muchos años; nada es más importante en estos momentos que la unidad. Esta unidad no es un fin en sí mismo, ni tampoco la continuación de lo mismo que hemos venido haciendo hasta ahora; se trata de emprender la tarea de refundar al sindicalismo mexicano. No se trata simplemente de reacomodar las piezas sobrevivientes bajo una nueva sigla, sino de construir una nueva casa para todas las organizaciones sindicales adheridas y con poder de convocatoria para los trabajadores en general. Requerimos de una auténtica Central de Trabajadores que vaya más allá de un frente de organizaciones sindicales, que cuente con una rica vida interna y donde todos consideremos que nuestra organización gremial es solo un brazo de un mismo organismo unitario. Debemos elaborar una estrategia común para construir un espacio que aglutine a millones de trabajadores, divididos en el menor número de organizaciones sindicales posible y con una nueva plataforma de demandas. Debemos reivindicar, ante el uso peyorativo de los términos “asalariado” o “proles” por parte de la clase dominante mexicana, nuestro orgullo de pertenecer a la clase trabajadora. Orgullosos de no poseer nada más allá de nuestra fuerza de trabajo para tratar de vivir dignamente, de generar la riqueza base del desarrollo social y de nuestro potencial emancipador.

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De no avergonzarnos de pretender la realización de una clase trabajadora total y efectivamente consciente, unificada y apta, capaz de llevar a cabo el establecimiento de un sistema económico justo que permita a todos los hombres y mujeres aptos para trabajar, vivir holgadamente con el producto de su trabajo, y haga imposible el enriquecerse con el trabajo de los demás. Para eso queremos una nueva Central clasista de trabajadores.

Una nueva central de trabajadores que se proponga: ♦La unificación de todo el sindicalismo democrático e independiente. ♦Convocar al 90 por ciento de trabajadores que hoy se encuentran desorganizados o sometidos al charrismo o a los llamados “contratos de protección”. ♦Ir a disputar la titularidad de contratos colectivos de trabajo a las mafias “sindicales” ♦Democratizar las organizaciones sindicales bajo el dominio del charrismo sindical. ♦Contar con medios de investigación, capacitación, difusión y asesoría jurídica para apoyar las tareas anteriores.


♦Estar abierta a la afiliación individual y directa de trabajadores que todavía no cuenten con sindicato propio, a su organización en comités de empresa o sobre bases territoriales o sectoriales. ♦Aunque el problema de inicio es resolver el déficit de organización y participación de trabajadores asa– lariados, y por lo tanto la nueva Central debe estar basada en ellos primor– dialmente, la Central debe estar abierta a los trabajadores del campo, a los cooperativistas, desempleados, jubilados y pensionados y trabajadores informales. ♦Desarrollar toda una estrategia dirigida a la organización de los jóvenes trabajadores. ♦Desarrollar una política de promoción de la participación de las mujeres trabajadoras, incluso en las tareas de dirección, en un marco de equidad de género. ♦Mantener un respeto irrestricto a la pluralidad y autonomía de las organizaciones que la integren. ♦Sostener su independencia de cualquier partido político, pero respetando la militancia individual de todos sus integrante.

♦Basarse en la más irrestricta democracia sindical, incluyendo la elección de sus dirigentes y las posibilidades de su revocación. ♦Elaborar un programa basado en la defensa de los derechos fundamentales de los trabajadores establecidos en la Constitución, la Ley Federal del Trabajo y en los convenios internacionales. ♦Ser una organización solidaria e internacionalista, vinculada estre– chamente al sindicalismo clasista de todo el mundo, pero también con los movimientos de “indignados y ocupas”, ambientalistas, alter– mundialistas y demás movimientos antisistémicos. ♦Construir, con otros aliados sociales, una propuesta alternativa al neoliberalismo, una salida a la crisis que no sea la de seguir cargándola sobre los hombros del 99 por ciento de la población. Que la crisis la paguen los que la provocaron. ♦Comprometernos, desde una perspectiva de la clase trabajadora, a un desarrollo industrial compatible con la protección del medio ambiente. La combativa Insurgencia Magisterial y Popular, que se ha levantado a todo lo largo

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y ancho del país en contra de la mal llamada Reforma Educativa y la digna lucha de resistencia del Sindicato Mexicano de Electricistas que se extiende a lo largo de cuatro años nos muestran el camino correcto de la resistencia y la rebeldía contra las imposiciones neoliberales. Ambos movimiento confluyen en la construcción de la Nueva Central de Trabajadores al lado de decenas de sindicatos democráticos e independiente de todo el país que a diario libran una dura batalla en contra del neoliberalismo en la educación, la salud, el transporte, la industria, el campo y los servicios.

Hoy podemos afirmar, sin temor a equivo– carnos, que las principales organizaciones de trabajadores que hoy se movilizan y luchan confluyen en el esfuerzo de construcción de la nueva Central de Trabajadores. La recta final de los trabajos para constituir una nueva Central, autónoma, democrática y clasista de trabajadores en nuestro país está ya frente a nosotros. Hemos reflexionado, discutido y trabajado durante ya un largo periodo antes de llegar hasta aquí. Las razones y motivos por los que decidimos emprender este camino no sólo no han desaparecido, sino que se han vuelto más imperiosos.

Junta Promotora por la Construcción de una

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¿Hace falta una nueva central de trabajadoras y trabajadores? Dr. Pablo González Casanova

La

situación del mundo y del país muestran claras tendencias a agravarse. A la crisis financiera y económica que pesa sobre la inmensa mayoría de la humanidad, se añade la grave crisis ecológica que amenaza a toda la humanidad.

Se trata de algo más que la crisis del modelo neoliberal que el capitalismo corporativo impuso tras el golpe de Pinochet en Chile y con los gobiernos conservadores de la Thatcher en Inglaterra y de Reagan en Estados Unidos. En México la crisis se ha venido preparando desde que las políticas monetaristas empezaron a aplicarse en los años sesenta dando lugar al movimiento de los médicos, y al de los estudiantes y el

pueblo en 1968, así como a la insurgencia obrera de los setentas y a numerosos intentos nacionales de resistencia a los procesos de restauración del capitalismo asociado y dependiente. La crisis se fue preparando con medidas cada vez más contrarias al interés nacional, a los trabajadores, a los campesinos y los ciudadanos. Desde los años setenta hasta hoy el endeudamiento externo creció sin precedente. En los años ochenta se Nueva Central de Trabajadores

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volvieron a privatizar los bancos que eran fuente de altas tasas de utilidades y de inmensos ingresos para la nación. Desde entonces se empezaron a aplicar cada vez más las medidas neoliberales y neoconservadoras que favorecen al capital corporativo en detrimento de la nación. En forma sucesiva se reformó la constitución para acelerar el proceso de contra-reforma agraria. Se acentuó el desmantelamiento del Instituto Mexicano del Petróleo y, cada vez más, el de la industria petrolera y sus derivados. Se descuidó y obstruyó la construcción de las infraestructuras para el desarrollo agrícola y la soberanía alimentaria. Se orientó el uso de los préstamos extranjeros a la compra de alimentos chatarra y de armas y municiones, resolviendo los problemas de sobreproducción de los prestamistas y estableciendo con ellos convenios en que quedaba a su arbitrio la fijación de las tasas de interés. Esas medidas y numerosos tratados o acuerdos como el ALCA el Plan Mérida y sus derivados constituyeron a la vez fuertes sangrías para el pueblo mexicano y sus trabajadores y dieron pie a varios procesos simultáneos: la depauperación de la inmensa mayoría de la población mexicana; la baja de salarios directos e indirectos; el peso principal de la carga fiscal en la población de menores ingresos, la reorientación del presupuesto de egresos a favor del capital corporativo y sus asociados; la disminución y deterioro de los empleos y de los servicios médicos, educativos, de salud pública, y de construcción de viviendas.

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La privatización creciente de las actividades públicas –como el petróleo, la electricidad, y ahora las prisiones, y su metamorfosis en actividades lucrativas, se combinó con el uso creciente de la represión y la corrupción, y con el control de la población, de los trabajadores, de los desempleados, de los jóvenes y sus movimientos legales y pacíficos con agentes abiertos y encubiertos, así como con militares a los que se empezó a entrenar para la lucha contra sus pueblos y a los que se dieron órdenes de preparar a paramilitares, medidas ambas, como las anteriores, en abierta violación al régimen legal y a la constitución de la República. En el conjunto del país se llevó a cabo un desmantelamiento sistemático de los derechos constitucionales y de las garantías individuales y sociales que el pueblo mexicano había logrado en una Revolución como la de l010-17 en la que perdieron su vida más de un millón de habitantes.


A la depredación y empobrecimiento creciente del país en beneficio de las corporaciones y sus asociados se añadieron crecientes ofensivas en el orden político, cultural y educativo que acentuaron las diferencias entre el país real y el país formal; que criminalizaron las críticas y oposiciones de los de abajo, que acentuaron la política de discriminación y depredación de las comunidades indígenas y no indígenas de campesinos pobres; que asesinaron a miles de trabajadores expulsados de sus tierras y de sus trabajos, y que buscaban desde México, y desde los hermanos países de Centro-América cruzar el inmenso muro que separa a las poblaciones de México y Estados Unidos para ver si allá encontraban el trabajo que en sus países habían perdido con sus tierras y sus casas. La ofensiva también se dio contra los sindicatos industriales, agrícolas y de servicios, y afectó en especial a la gente más joven que no tiene ni casa, ni empleo, ni universidad, ni escuela, y con un múltiple daño silencioso a la población de ancianos que perdieron sus seguros de vida y ahorros para el retiro, pues de sus montos se encargaron las empresas financieras especulativas. En cuanto a la población de edad intermedia, a la violación de facto de sus derechos laborales y sociales, se añadió una presión constante y creciente por acabar con esos derechos tanto en la Constitución de la República como en las leyes que derivan de ella. Una campaña realizada a través de todos los medios no sólo tendió a culpabilizar

de los daños a las víctimas –fueran obreros, campesinos, indígenas, mujeres, jóvenes y viejos- sino que los sometió a imágenes televisivas e impresas que tienen como objetivo el que pierdan la autoestima, el que olviden los hechos heroicos de los pueblos originarios y de los movimientos de Independencia, de Reforma y Revolución. Para eso no sólo se reformaron los libros de texto —borrando nuestra historia prehispánica y a los héroes del pueblo— sino que se privilegiaron en diarios, semanarios, y programas de radio y televisión las fiestas, amabilidades, bondades y sonrisas de “los mexicanos bien”, mientras el pueblo aparecía y desaparecía como un conjunto de débiles mentales y de payasos, cuyas necedades y torpezas mueven a risa y justifican ante ellos mismos su lamentable condición y “fundada” pérdida de la autoestima. La múltiple ofensiva se enriqueció con una guerra virtual contra el narcotráfico que ya cobró más de cincuenta mil víctimas, mientras siguen fluyendo los

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miles de millones de dólares sin que se descubra a sus beneficiarios. Entre los objetivos de la narcoguerra destaca la pérdida de sentido de la lucha y de la vida entre numerosos jóvenes que son reclutados por las buenas o por las malas y que se embarcan en batallas por pequeños territorios que defienden o hacen suyo como en lo videojuegos de “Los pollos” y muchos más en que se dan divertidas y crueles luchas por diminutos espacios, juegos que se combina con la creciente intervención de las agencias norteamericanas en el auxilio al gobierno mexicano y en las funciones que este debería desempeñar controlando el blanqueo de dinero y el contrabando de armas, tareas que sin duda le sería más fácil controlar si no hubiera entregado, con los servicios de inteligencia, los bancos y las aduanas. Termino este recuento incompleto señalando cómo se ha fomentado la ruptura de los lazos familiares y sociales, el individualismo en la sociedad y el oportunismo en la política, así como alentando el ideal neoconservador de “el fin de las ideologías” que vacía de contenido a la democracia electoral y política de sus objetivos centrales de propuesta y lucha por políticas sociales y nacionales alternativas, reduciéndola a una triste contienda entre los miembros de cada partido por ser nombrados a puestos de “elección popular” por partidos que obedecen a la lógica de “lo menos malo” en condiciones cada vez peores para el pueblo, los trabajadores la nación.

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Todas estas circunstancias y otras más le plantean a los trabajadores, a los pueblos y a los ciudadanos de México y el mundo la necesidad de reformular sus luchas y de reestructurar sus organizaciones para fortalecer su capacidad defensiva y para aumentar su innegable capacidad de construir otro mundo posible menos autodestructivo, menos opresivo e injusto, tarea para la que existen todas las posibilidades humanas y naturales de triunfar, y para la que la humanidad cuenta con todos los conocimientos, experiencias y técnicas que permiten lograr ese objetivo. Al plantear los caminos de solución, en las condiciones que vivimos, necesitamos respetar a los integrantes de la Central en su pleno derecho a participar o no participar en la política de los partidos como sindicatos o como ciudadanos. Al mismo tiempo la Central buscará como objetivo la unidad de los trabajadores, los pueblos y los ciudadanos con plena independencia de los partidos. La unidad en la diversidad de los trabajadores se propondrá impedir que las luchas de partidos o las diferencias religiosas, culturales, regionales o raciales dividan a los trabajadores de la Central y disminuyan su capacidad de constituir un centro de organización de la clase obrera unida con los movimientos sociales en lucha contra el capitalismo corporativo y contra el modelo neoliberal, y por una civilización en que la barbarie del capitalismo sea sustituida por una democracia de veras en la que pueblos y trabajadores, como comunidades y como

ciudadanos participen en la toma de decisiones para la creación de otro mundo posible y necesario en que el vivir bien de unos no dependa del vivir mal de otros y en que con la justicia social se alcance la libertad Lograr esos objetivos implica luchar por otros más cuya práctica es inminente y entre los que se encuentran: 1. Rescatar las grandes luchas de los pueblos y los trabajadores mexicanos y en especial de los discriminados, excluidos y des-regulados de nuestro país y del mundo. 2. Defender las garantías y derechos constitucionales y tomar la Constitución de 1917 sin las reformas neoliberales como base para las nuevas luchas revolucionarias, como siempre ha ocurrido en la historia de México. 3. Exigir e imponer en las demandas inmediatas la aplicación de la Ley Federal del trabajo y del contrato colectivo y otras normas más que el actual gobierno está sistemáticamente violando o pretende que desaparezcan . 4. Luchar por la soberanía nacional y por la organización de los mexicanos para que ejerzan el supremo derecho que reside en ellos, cada vez más atacado por los entreguistas de viejo y nuevo cuño.

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5. Luchar contra la criminalización de los movimientos sociales. 6- Luchar contra la cultura del individualismo y el oportunismo que se está fomentando por todos los medios y con los métodos de evaluación y exclusión que tienden a hacer pensar a la víctima que es la culpable. 7. Luchar por los derechos de los pueblos indios y para que se cumplan los acuerdos de San Andrés. 8. Promover la organización y articulación de los trabajadores industriales, agrícolas y de servicios. 9. Promover la unión de los trabajadores organizados y no organizados, la unión de los trabajadores manuales e intelectuales, la unión de los trabajadores de los sectores medios y los excluidos, los desregulados o los discriminados.

como medios de organizacióninformación-acción, diálogo-debateconsenso. 12. Promover campañas de alfabetización política para la toma de decisiones y para la práctica de las técnicas de aprender a aprender y a leer y cambiar no sólo los textos sino el mundo, y a construir y crear textos y mundos alternativos. l3. Promover las universidades y escuelas de la Tierra y en ellas la cultura humanística, científica, artística, y el conocimiento de los oficios y profesiones que necesitan los pueblos y las zonas urbanas marginadas de trabajadores y proletarios, de desregulados y excluidos, de discriminados y despojados.

10. Promover con ellos grupos y colectivos de enlace que construyan el tejido social de las comunicaciones, las informaciones, los intercambios y las organizaciones presenciales y a distancia.

14. A este respecto organizar los sistemas de defensa de los trabajadores, los pueblos y los ciudadanos frente a los depredadores y las mafias que están empeñados en someterlos, corrom– perlos, enviciarlos, esclavizarlos y en acabar con el sindicalismo demo– crático, con las uniones de los campesinos, con sus medios y fuentes de trabajo y de vida.

11. Incrementar los periódicos y publicaciones no sólo impresos sino los que utilizan los medios electrónicos

15. Promover la articulación de los trabajadores con los estudiantes y los jóvenes en acciones conjuntas que

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incrementen la cultura solidaria y cooperativa y la capacidad de comu– nicación y acción. 16. Buscar en los programas de los sindicatos y movimientos más avanzados de México, América Latina, y el mundo los puntos de coincidencia para plantear la lucha y la articulación de los “colectivos” desde lo local hasta lo mundial, a sabiendas de que la misma lucha, entre simpatías y diferencias de regiones y sectores es y será una lucha mundial 17. Replantear la lucha ideológica con base en un creciente dominio del pensamiento crítico y alternativo y de la cultura del diálogo y el debate que en nuestros pueblos alcanza niveles cada vez más altos de comprensión y acción. 18. Fortalecer y hacer efectiva la lucha por la moral y la firmeza como verdaderas armas para el triunfo frente a una política que desde Teodoro Roosevelt se propone dominar al mundo con “la zanahoria y el garrote”, con la corrupción y con la represión. Hablar

de moral y de firmeza, de dignidad y de entereza como armas contra la corrupción que tantas víctimas y estragos hace, y que está asociada a la cultura de la represión y el terror, de la cosificación y deshumanización “de los pobres de la tierra y quienes echan su suerte con ellos”. Si el capital corporativo ha colocado la perdida de los derechos sociales, nacionales, laborales y humanos en el campo de lo no negociable, el frente del pueblo que se organice en torno a la central de trabajadores, q ue hoy promueven sindicatos que ni se rinden ni se venden, como el heroico Sindicato Mexicano de Electricistas y muchos más, ese frente en gestación alcanzará, con los trabajadores manuales e intelectuales del campo y la ciudad, de la educación, de la salud, de la construcción y los servicios, así como con las comunidades de los pueblos indios y no indios, con la juventud y con los estudiantes, con los periodistas, locutores, actores, escritores, realizadores que luchan en los espacios tradicionales y cibernéticos, ese gran frente de todos y con todos alcanzará la victoria de un socialismo con democracia, y de una democracia con socialismo, con justicia y con libertad.

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