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¿Nuevos pactos? Nuestra Palabra | 18 febrero 2011 febrero 2011 La Conferencia Episcopal de Honduras acaba de publicar un “comunicado” referente a la acumulación de conflictos que existen hoy día en nuestra realidad nacional. Es un pronunciamiento que, por una parte, resulta un tanto sorpresivo debido a que se rompe el silencio eclesial desde los cuestionamientos hechos a la jerarquía, tanto desde el interior de la Iglesia como desde la sociedad civil. Y lo es igualmente por cuanto presenta un planteamiento diametralmente opuesto al que tenía cuando se desató la crisis nacional. En Julio de hace dos años en el comunicado “Edificar desde la Crisis” se decía que “la iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida que asegura la participación de los ciudadanos en las acciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica”. Y en la festividad de la Virgen de Suyapa afirmaba que “hoy es un día especial para darle gracias a Dios por nuestra Honduras, por nuestra libertad, la soberanía y la independencia que don Roberto Micheletti supo defender con las Fuerzas Armadas y junto a miles de hondureños y hondureñas”. El cardenal Rodríguez comparó a don Roberto Micheletti con los próceres de la independencia patria porque estuvo a la cabeza del derrocamiento del gobierno de Zelaya y, a su juicio, esa acción fue heroica”.

Y la semana pasada la Conferencia Episcopal afirmaba que “consideramos razonable apoyar un nuevo pacto social, con la participación de todos los sectores de la sociedad, que logre renovar la institucionalidad jurídica, política, social y cultural de modo que responda a la voluntad mayoritaria del pueblo (…) Proponemos como camino de solución al problema de la marginación y la exclusión, un pacto social incluyente que supere los privilegios de unos pocos que se enriquecen más y más cada día y el empobrecimiento de las mayorías”. Son dos posturas que se encuentran en las antípodas una de la otra. La primera se identifica con los sectores que estaban de acuerdo en el derrocamiento y exilio del presidente Mel Zelaya. En cambio, la segunda se identifica con el movimiento popular y hace suyas alguna de sus propuestas fundamentales. Siempre apoyándose en el poder, se pasó de hacerlo en el “poder de la burguesía” al “poder popular”.

Pero estos dos últimos dos años de vida política nos han enseñado que si la Iglesia hace alianza con el poder pierde el rumbo de su identidad y de su misión. Y, como señalaba el “sondeo de opinión pública” deja de tener credibilidad y capacidad de mediación en la sociedad. A ello se une que uno de los graves problemas sociales del momento es la falta de capacidad de conducción y de propuestas del movimiento popular. Al designar a Mel Zelaya como coordinador del Frente Nacional de Resistencia Popular lo único que ha causado es división, debilidad y fragmentación; y, lo peor de todo, ha dejado de ser contrapeso y freno de contención al poder en funciones. Es por esto, que en este momento de la coyuntura sería mejor que la Iglesia fuese también “independiente” de este poder popular y de cualquier otro tipo de poder político o social. A pesar de todo, terminamos señalando que todas las propuestas que nos hace la Conferencia Episcopal son excelentes, hay que recogerlas, apoyarlas, hacerlas nuestras e invitar para que “todos los creyentes seamos protagonistas de los cambios sociales y políticos que necesita Honduras”. Eso sí, desde la independencia de todo tipo de poder y desde la “fidelidad al Evangelio y la opción por los pobres”.

¿Nuevos pactos?  

Editorial Radio Progreso ERIC-SJ

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