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La juventud que emerge y nos reta Nuestra palabra | 10 Junio 2010

Hoy, igual que cuatro meses atrás, encuentro a Wilmer en camino al colegio. Pero hoy me sorprendió con su andar erguido, su corte de pelo estilizado y sus cejas delineadas. De inmediato tomo conciencia de que un grupo importante de sus compañeros anda el mismo corte de pelo y sus cejas igualmente delineadas. Estamos en una sociedad en ebullición, como cuando el agua de la olla tiene tanto hervor que de nada vale que le pongamos la tapadera. Necesitamos desprendernos de moldes y esquemas, si es que de verdad queremos comprender todo lo que nos rodea y todo lo que la juventud que emerge está cocinando en este hervidero social y cultural. El asunto se nos complica cuando empiezan a surgir cosas que no están registradas en nuestros esquemas mentales tradicionales y adultos, y empezamos a señalar con ese deje de descalificación, de la que es experta la sociedad adulta con sus conductas hipócritas. La dinámica de cambio conducida por los avances tecnológicos, la influencia de los medios de comunicación corporativos, los avances en la medicina, los nuevos alimentos producidos a base de alterar la genética de los productos y la imposición de la cultura gringa, están en la base de una nueva generación que emerge y demanda un lugar en la sociedad. Con sus riquezas, con sus destrozos, con sus alienaciones, con sus prisas y con su rechazo a compromisos duraderos. Ahí está esa nueva generación, pujando por ocupar su lugar. Si la ignoramos, ella nos acabará ignorando a nosotros. Si la reprimimos, ella nos acabará mandando al carajo. Usted y yo vivimos en un país hundido en la inequidad e inmensamente repleto de jóvenes. Las presiones sociales y las constantes nuevas expresiones, son parte de esa ebullición que caracteriza a toda nuestra sociedad. Lo peor actitud ante estas presiones sociales y expresiones culturales juveniles: encerrarnos en nuestros patrones tradicionales adultos, y ponernos un candado para no salir al encuentro ni para dejar que nos salgan al paso estas nuevas expresiones culturales. Sin el diálogo y el encuentro generacional, será muy difícil que contribuyamos a romper y arrancar de nuestras vidas la cultura política patrimonial productora de inequidad, corrupción y caudillos. Un día, un padre de familia, muy hecho a sus propios patrones culturales, vio entrar a la casa a su hijo de dieciséis años estrenando aretes en su oreja. Tras el primer arranque de sangre ardiente, el padre salió de su casa, buscó el lugar preciso, y regresó con un arete en su oreja. “Así podré conversar y entenderme con mi hijo”, fue la conclusión del padre. Sólo desde el diálogo y el respeto mutuos, la juventud y la sociedad de los adultos podremos apostar y compartir valores de honestidad, solidaridad, servicio, y juntas, ambas generaciones, avanzar hacia la construcción de los espacios públicos, desde una nueva cultura política ciudadana, en donde la política, en lugar de ser un factor que sostiene a los caudillos, se constituya en factor de plena participación ciudadana. La juventud, una vez más, nos reta a la sociedad entera.


La juventud que emerge y nos reta - 10 junio 2010