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Nuestra palabra | 20 Agosto 2010

Para el gobierno la coyuntura semanal está marcada por dar muestras de capacidad y eficacia frente a una serie de problemas que se van acumulando y aumentan la presión para encontrar soluciones viables. Si la condición de vulnerabilidad ambiental y ecológica nos colocan en alerta roja, los problemas sociales hacen otro tanto debido a la fragilidad democrática y la baja capacidad de respuesta de nuestros gobiernos. No es una novedad señalar que al gobierno actual le toca enfrentar tres tipos de problemas: a) problemas puntuales, como el dengue o la vulnerabilidad ecológica b) problemas coyunturales, como los relacionados con el magisterio, el bajo Aguan, el salario mínimo o la ley de empleo temporal y c) problemas estructurales como el de la desigualdad, la injusticia, la reducción de la pobreza, la violencia y la inseguridad ciudadana. Y, en medio de todo ello, aparece la evaluación que realiza el Consejo Central Ejecutivo del Partido Liberal a los seis meses del gobierno de Pepe Lobo. Es un documento extenso, crítico, parcial, injusto y evasivo. Pretende que en pocos meses se solucionen los problemas que vienen arrastrándose desde hace décadas, que han sido causados por el bipartidismo y que nunca han querido enfrentar. Lo que sí hacen admirablemente es presentarnos una radiografía de lo que son los políticos y la vida política nacional. Lo más llamativo es que el Partido Liberal no se considera “parte del problema” ya que desde el inicio dice que “es importante señalar que la herencia que recibió el presidente Lobo Sosa no necesariamente es atribuible al Partido Liberal, por cuanto el gobierno del ex presidente Zelaya Rosales fue cooptado por un grupo que se autodenomina revolucionario y que, confiesa que Zelaya tenía un partido, una carisma y pueblo y ellos, los revolucionarios, le dieron la ideología que le faltaba a Zelaya. De esa cuenta el Gobierno fue orientado no con la ideología liberal, sino con la que llaman Socialismo del siglo XXI. No comparte responsabilidades con el Partido Nacional”. No deja de ser desconcertante la actitud de los partidos mayoritarios, en este caso representada por el Partido Liberal, puesto que no quieren reconocer la “paternidad” de la democracia hondureña. Una democracia formal que se limita a dar el voto cada cuatro años pues “está al servicio de los pocos y no de los muchos”. Es decir, es lo que podríamos llamar una democracia ilegítima o bastarda pues ni políticos ni los partidos la reconocen ni se hacen responsables de la misma. El mismo documento nos describe nuestra democracia ilegítima en los siguientes términos: “Honduras se encuentra entre los tres países de A Latina de mayor concentración de la riqueza y, en consecuencia, de mayor injusticia social; ocupamos el último lugar en educación; el segundo lugar en vulnerabilidad ambiental en el mundo; los últimos lugares de desarrollo humano en A Latina; el quinto lugar en lavado de activos de A Latina; somos uno de los países más violentos del mundo; tenemos tres millones de personas con problemas de empleo; ocupamos el tercer lugar de corrupción de A Latina, el segundo en VIH en A Latina; un déficit habitacional de ochocientas mil viviendas; hay una evasión fiscal de diez y ocho mil millones de lempiras; un millón y medio de analfabetas y, por último, una pequeña y mediana empresa deprimida que es la que genera el 90% del empleo nacional”. Al no considerarse como parte del problema y tampoco reconocer la paternidad del tipo de “democracias ilegítimas o bastardas” que han creado difícilmente nuestros políticos van a enfrentar los urgentes problemas del momento nacional. Y esto significa que hay buscar nuevos caminos y actores sociales que asuman responsablemente la viabilidad democrática del país.

Democracias ilegítimas - 20 agosto 2010  

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