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Tiempo de bonanza…a qué costo Nuestra Palabra | 19 Marzo 2012

Un precio histórico alcanzan los derivados del petróleo en Honduras, manteniendo el liderazgo en la región centroamericana por los precios más altos. La “sangre” que mueve la industria, el comercio y que retuerce los bolsillos de los más pobres, alcanza esta semana casi en todo el país los 100 lempiras por galón de gasolina. Aunque todos los derivados del petróleo tienen gravámenes, los más altos son por la gasolina superior y la gasolina regular que en promedio por cada galón pagado unos 20 lempiras pasan inmediatamente a las arcas públicas por concepto de impuestos. Esta recaudación representa para el gobierno la tercera más importante al año. Si hacemos cuentas, solo el Gobierno con sus 10 mil vehículos, en su mayoría camionetas de lujo y de alto consumo, le cuestan al pueblo hondureño unos 220 millones de lempiras al año solo en combustible. Y usted soplándose con un cartón para no encender el ventilador o dejando de comprar los frijoles para pagar a tiempo el recibo de energía eléctrica. Si se trata de dar ejemplo en esta materia, nuestra clase política no tiene experiencia. Las recetas de ahorro que ahora se piensan implementar de cambiar el horario de entrada de los empleados públicos, el “hoy no circula” para carros del gobierno y adelantar la hora, se quedarán en simples ideas. Sin embargo, nuestra clase política sigue actuando y viviendo como si disfrutáramos de tiempos de vacas gordas, y ni por asomo da señales de acomodar sus prácticas a los tiempos de vacas flacas que desde hace muchos años viene afectando a la mayor parte de la gente, la cual se tiene que socar la faja para mantener tanto su subsistencia como a flote la economía del país. Es cierto que cada familia tiene la responsabilidad de asegurar el uso eficiente de la energía eléctrica a fin de no aumentar la demanda de combustible. Pero esto no solo no es suficiente, sino que la sociedad debía salir de su modorra y demandar que los políticos y funcionarios públicos pongan en marcha medidas reales de ahorro a mediano y largo plazo. Una demanda muy precisa: que se suspendan esas concentraciones políticas donde se derrochan en un solo día hasta 40 millones de lempiras. Otra demanda: que la suspensión del uso de vehículos del Estado no sea sustituido por el alquiler de vehículos privados para guardaespaldas de funcionarios altos y medios. Si no hay medidas de ahorro que signifique sacrificio efectivo para los políticos y funcionarios, no hay derecho que se exija que la gente se siga sacrificando cuando ya no tiene dónde ni cómo socarse la faja.


Tiempo de bonanza…a qué costo