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Sueñan con quedarse, pero en la realidad se van Nuestra Palabra |27 Enero 2012

Migrar es un derecho de toda persona de cualquier parte del mundo. Sin embargo en el mundo de hoy, la migración es forzada, y con frecuencia es un fenómeno inducido por quienes sostienen el sistema de acumulación y concentrador de riqueza y poder. Cuando en un país no hay decisión para impulsar propuestas integrales de bienestar, la migración se convierte en una válvula de escape para impedir la presión social. Y de paso, con las remesas, la migración forzada garantiza un buen ingreso económico que se constituye en un colchón que sostiene la crisis de las economías asimétricas de nuestros países. Pongamos el caso hondureño. La vida aquí cada vez resulta una hazaña, y la gente, especialmente joven, está saliendo a las carreras para salvar su vida y salvar el estómago de sus seres queridos. Sin embargo, y de acuerdo a la reciente encuesta del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación, Eric, junto a la Universidad José Simeón Cañas, la UCA de El Salvador, los hondureños y hondureñas no desean irse del país. 7 de cada 10 opinaron que no quieren abandonar su tierra. El sueño es quedarse, pero en la realidad se tienen que ir. En las condiciones actuales del país unos 100 mil compatriotas abandonan Honduras cada año. Quisiéramos ser optimistas. Sin embargo, tenemos datos e información que nos indican un 2012 muy difícil para la migración. No se perfilan signos de cambio. México, un país de paso e incluso de destino, tiene una nueva ley de migración que aunque tiene artículos favorables, su reglamento una vez aprobado, será un auténtico candado para que no se cumpla la ley primaria. Estados Unidos, envuelto en un ambiente electoral y con un Obama que sigue haciendo promesas, solo augura un ambiente de persecución. Frente a este panorama no nos queda más que unirnos y trabajar juntos en la defensa y promoción de los derechos humanos de los migrantes. Para este año, Radio Progreso se compromete a profundizar sobre este fenómeno, a denunciar sus abusos y a protestar para que haya una atención digna a la población hondureña que queriéndose quedar inevitablemente se le obliga a cambiar de país porque en el país los que definen las reglas del juego no están dispuestos a cambiarlas.


Sueñan con quedarse, pero en la realidad se van