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Proyectos contrapuestos Nuestra Palabra | 20 Abril 2012

Después de un silencio prolongado y una ausencia social por parte del movimiento popular vuelve a hacer acto de presencia en esta semana. Y lo hace en el aniversario de una masacre de 19 campesinos en Brasil y al momento de declarar el 17 de abril como el “Día Internacional del Campesino”. Por eso unas tres mil familias campesinas decidieron tomar doce mil hectáreas a nivel nacional y en cinco departamentos. Y como señalaban sus dirigentes el objetivo de las tomas tiene como propósito la producción de tres millones de quintales de maíz. Nadie pone en duda la legitimidad de la lucha por la tierra puesto que el campo no solamente es uno de los sectores más excluidos del país, juntamente con las minorías étnicas, sino que, al mismo tiempo concentra los mayores niveles pobreza a nivel nacional. De ser el eje fundamental del desarrollo en los años setenta/ochenta pasó a ser algo secundario en la fase neoliberal y globalizada de nuestra economía. La tierra era la que daba trabajo, concentraba la producción y hacía posible una agricultura sostenible. Ahora hemos sufrido un proceso de “descampesinización” y la agroindustria es el motor del desarrollo rural. Y de esta situación es bien consciente tanto el sector agroindustrial como el empresarial pues de manera prepotente se imponen al gobierno y al movimiento popular. Detrás de su argumentación esconden siempre sus privilegios e intereses económicos, y siempre es la misma: ¡si no hay seguridad jurídica de la propiedad no habrá inversión y si no se respetan las leyes y la propiedad la producción se destruye! Es la razón por la cual se da el lujo de culpabilizar al gobierno, al director del INA y al movimiento popular de la situación creada. A lo cual contribuyen los medios de comunicación dado que no les interesa diferenciar lo que es delincuencia, crimen organizado y narcotráfico de los justos y postergados reclamos populares. Por el otro lado, el movimiento popular no ofrece un frente homogéneo y unificado en sus planteamientos y en sus propuestas. En el bajo Aguan se enfrentan grupos campesinos entre sí, en vez de acercamiento con el INA se da una confrontación permanente con acusaciones excluyentes por ambas partes, el INA es acusado de politización institucional, César Ham acusa a Rafael Alegría y Juan Barahona de estar detrás de las invasiones y el director del INA es señalado por empresarios y agroindustriales de fomentar las invasiones. A los líderes del movimiento popular, aparte de tildarlos de “zelayistas”, se les acusa de movilizar fuerzas de cara al proceso electoral, a la movilización nacional y al 1º de mayo. En definitiva, la causa fundamental del problema de la tierra se origina en dos “proyectos contrapuestos” que luchan por hacerse hegemónicos: los “agroindustriales” cuentan a su favor con una fuerte inversión económica, altos niveles de productividad, control de los mercados, un sistema legal favorable y una imagen social de ser los redentores de la economía y el empleo; en cambio, los “campesinos” son los que sufren el reverso de una economía de mercado al servicio de la producción. Pero como nos recuerda la Iglesia en Aparecida: “en la globalización, la dinámica del mercado absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores reguladores de todas las relaciones humanas. La globalización tal como está configurada actualmente no es capaz de interpretar y reaccionar en función de valores objetivos que se encuentran más allá del mercado y que constituyen lo más importante de la vida humana: la verdad, la justicia, el amor, y muy especialmente, la dignidad y los derechos de todos, aún de aquellos que viven al margen del mercado” (DA, 61). Terminamos diciendo que para la Iglesia no todo se reduce a relaciones de poder sino que “la globalización debe regirse también por la ética poniendo todo al servicio de la persona humana”.

Proyectos contrapuestos  

Editorial, Radio Progreso y Eric-SJ

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