Page 1

Nuestra apuesta tiene que ser la comunidad Nuestra Palabra | 23 Febrero 2012 En mi casa solo tengo un televisor y dos ventiladores, llevo doce años pagando mil trescientos lempiras mensuales a la ENEE y si me paso un día me cortan el servicio, así comentaba doña Gloria a su hija y a su nieta. Y a renglón seguido manifestaba, aquí ya no se puede vivir: lo asaltan en la calle, le roban en la casa, le roban en el bus, le roban en la ENEE o le roban en la policía. ¡Esto ya no se aguanta! Doña Gloria encarna el sentimiento de angustia e incertidumbre de la inmensa mayoría de población hondureña, especialmente de aquellas mujeres y hombres que luchan incansablemente por ganarse la vida honradamente. Ella se levanta a las 4 de la mañana para atender una pequeña glorieta, actividad que le permite sacar los tres golpes de diarios de la familia, el pago del alquiler de la casa, el pago de los servicios públicos y los gastos de la educación de las cipotas. Ese sentimiento de inseguridad e impotencia de doña Gloria, convertido en clamor social de las mayorías, es la expresión de un país que camina con sus tejidos sociales, económicos y políticos rotos. Donde las necesidades y los intereses la ciudadanía van a un lado y las acciones de Estado y de la clase política van en sentido opuesto. Acciones de funcionarios en contra de los intereses del pueblo las encontramos por toneladas a lo largo y ancho del país. Para muestra un botón: el gerente de la ENEE, Roberto Martínez firmó un contrato para comprar energía por 16 años. Lo firmó bajo argumento que es de emergencia para abastecer de energía el occidente del país, la zona de Olancho y del bajo Aguán. ¿Habrá algún país en el mundo con emergencias de 16 años? El negocio del gerente de la ENEE está amarrado y bendecido por las manos de Porfirio Lobo y por la mayoría de diputados. Otro de los generadores de la inseguridad y la incertidumbre de doña Gloria y de millones de hondureños son la policía y los militares. Tal como lo revelan los resultados del sondeo opinión del ERIC, dónde el 67 por ciento de la población considera que la policía está involucrada en actos delincuenciales. El 77 por ciento de la población manifestó tener ninguna o poca confianza en la Policía Nacional y 63 por ciento manifestó tener ninguna o poca confianza en las Fuerzas Armadas. En resumen, las instituciones creadas para proteger y dar seguridad a la gente, son las que mayor terror generan en nuestros barrios y comunidades. A pesar del miedo, la incertidumbre y la violencia la gente sigue creyendo y apostando por su tierra y sigue teniendo esperanza de un futuro mejor. Y aquí está la luz de la apuesta. La apuesta por un futuro mejor no puede estar sembrada sobre Iglesias de muchas bullas y promotoras del fin del mundo, pero lejana de problemas comunitarios; tampoco se deben poner las esperanzas en la Loto, la pega 3 o la diaria y menos en vividores disfrazados de brujos, curanderos o santeras. Nuestras esperanzas debemos ponerlas en la organización comunitaria, la formación política y ciudadana, la solidaridad con los vecinos. Nuestra apuesta tiene que ser la comunidad organizada, formada y en lucha permanente.

Nuestra apuesta tiene que ser la comunidad  

Editorial, Radio Progreso y Eric-SJ

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you