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Las tentaciones de los pastores Nuestra Palabra | 16 Marzo 2012 En esta semana han sido motivo de noticia dos pastores con proyección en el país: monseñor Luis Alfonso Santos, obispo emérito de la diócesis de Copán, y el pastor Misael Argeñal del Ministerio de La Cosecha. El primero oficializó su precandidatura presidencial por el Movimiento Liberales Auténticos de Honduras (MLAH) y, el segundo, debido al “secuestro express” que sufrió su esposa y a las amenazas contra su vida y la de su familia, salió del país. Uno católico y otro evangélico. Ambos reorientaron sus trayectorias eclesiales por motivos distintos: uno por razones políticas y otro por razones de seguridad. El primero pone entre paréntesis su trayectoria episcopal para dedicarse a la política. Y, el segundo, deja momentáneamente su ministerio para distanciarse de la delincuencia, la extorsión y el secuestro. Los motivos y las razones de uno y otro son muy diferentes, así como sus trayectorias y proyectos eclesiales. Monseñor Santos ha sido un líder indiscutible en su diócesis con una gran cercanía a la realidad pastoral y social de sus feligreses. Lo hemos visto acompañando a las comunidades indígenas y campesinas; como un defensor de los DD.HH y de los recursos naturales de la zona; un hombre que desde su ministerio ha enfrentado a gobiernos, diputados y compañías transnacionales mineras. El pastor Misael Argeñal, en cambio, es un hombre mediático, urbano, aglutinando a un sector evangélico en lo que se denominan las “mega-iglesias” (“megachurch”) o “iglesias gigantes” que reúne varios miles de fieles semanalmente, tiene actividades extra-cultuales muy diversas y una organización eclesial autónoma, cuyo pastor no está sometido a ninguna instancia superior. La motivación fundamental de Monseñor Santos nos la da él mismo cuando afirma que “mi decisión responde a una necesidad actual de la nación hondureña que en su mayoría se debate en la extrema pobreza con todas sus consecuencias” (…) en el país hay ocho millones de hondureños, cinco millones son pobres y de estos cinco millones, dos millones y medio son indigentes. Junto con la extrema pobreza el pueblo hondureño sufre inseguridad e intranquilidad, unidas a la falta de trabajo y empleo; además, han perdido la fe y la esperanza en la clase política”. Tanto el gobernador político de Cortés como la portavoz del Ministerio de La Cosecha dijeron que “el pastor recibió una amenaza para terminar con su vida y la de su familia y por eso él abandonó el país rumbo a Estados Unidos. Creo que va residir en Miami (…) Él se fue muy dolido, se fue muy triste porque es una canallada abandonar el país donde uno vive, donde ha hecho toda su vida como lo ha hecho él y tener que irse a refugiar a otro país". Posteriormente la Iglesia rectificó diciendo que salía por razones espirituales: como tiempo de oración, de desierto y preparación a la campaña evangelística. No deja de ser coincidente que suceda en tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión y volverse a Dios, donde el relato de las tentaciones de Jesús confronta las opciones de la Iglesia y del cristiano. Las tres tentaciones de Jesús son las “tentaciones de utilizar la religión para su servicio, la tentación del prestigio y la tentación del poder”. Monseñor Santos retomaría la “tentación jerárquica” de utilizar la política para un proyecto de cambio social que acabe con la pobreza, la injusticia y la desigualdad. Y nos preguntamos si no volveríamos a identificar el Reino de Dios con los “liberales auténticos” o con cualquier otro proyecto político. La historia de la Iglesia ha demostrado ampliamente que “la identificación institucional de la Iglesia” con cualquier “política y poder de este mundo” termina en la idolatría y la perversión de su misión. ¿No estaremos resucitando el mito del héroe cristiano revolucionario de los años setenta? El pastor Misael Argeñal se enfrenta a un tipo de Iglesia que no sabe como situarse con la realidad del mal de nuestra sociedad: ¿con evasión, yendo a los “desiertos de Miami”, engrosando las filas de los sistemas de seguridad de las élites del país, campañas evangelísticas multitudinarias sin incidencia de transformación más allá de lo cultual y familiar? ¿No será tiempo de revisar una “Iglesia Líquida” que se va construyendo como si fuera una empresa, con una fuerte racionalidad administrativa, con técnicas de mercadeo y de marketing en su acción social; una “iglesia virtual” basada en el empleo masivo de los Medios de comunicación social?. Terminamos señalando que en este tiempo de tantas “ofertas mesiánicas” no solamente son los pastores si no cada uno de nosotros quién debe revisarse para no caer en las tentaciones de la manipulación religiosa, del prestigio y del poder.

Las tentaciones de los pastores  

Editorial, Radio Progreso y Eric-SJ

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