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Nuestra palabra |21 Septiembre 2011

Esta palabra extraña, y que casi no podemos pronunciar, tiene que ver mucho con nuestra vida. Su origen está relacionado con la manipulación genética, es decir con la combinación de los genes de diversos orígenes con el fin de lograr nuevas y diferentes semillas. Puede ocurrir, por ejemplo, que un científico agarre el gen de una rosa roja natural, lo combine con el gen de una rosa blanca, siempre de nuestros jardines, y estos dos genes los combine con otro gen de una rosa de África, y produce entonces una hermosa rosa rosada. Lo mismo puede ocurrir con los diversos genes de los granos de maíz heredados de nuestros antepasados, con el fin de obtener matas pequeñas de maíz, pero con una enorme mazorca tupida de granos. Los transgénicos entonces son productos que resultan de la combinación genética de los genes naturales o criollos. Muchos de los productos que encontramos en los supermercados o que anuncia la televisión, son productos transgénicos. Una guayaba hermosota, o un tomatote con colores que atrapan nuestra vista, seguramente son transgénicos. Cuentan que mucho del maíz y del frijol que actualmente se están sembrando, son semillas transgénicas. El asunto no está sólo en la manipulación genética. El asunto está en lo que de fondo hay en estas manipulaciones. Por una parte, los transgénicos responden al interés tecnológico de grandes empresas transnacionales por controlar la oferta y la demanda de los productos, buscando la reducción de los costos y maximizando las ganancias. Por otra parte, la existencia de los productos transgénicos está llevando a la desaparición de las semillas criollas. Y esto es grave porque mientras una semilla criolla, por ejemplo, el maíz que sembraron nuestros abuelos, se reproduce por ella misma, con el cuido y abono de las personas, una semilla transgénica, por el contrario, produce una vez, y tal vez una segunda vez. Pero luego se tiene que seguir comprando la semilla, de manera que quien siembra un producto transgénico casi está obligado a seguir comprando la semilla para seguir cosechando la misma calidad del producto. Nuestro país cuenta con una riqueza natural tan grande que jamás tendría necesidad de los transgénicos. Sin embargo, las grandes empresas agrícolas, farmacéuticas y de químicos tienen puesta su voraz mirada sobre nuestras riquezas. Y están organizando nuestro presente y nuestro futuro desde sus intereses económicos y comerciales. Toda nuestra producción criolla está tremendamente amenazada y ya comienza a escasear. Muchos productores están comprando las semillas que se llaman mejoradas, que en la primera cosecha dan frutos grandes, gruesos y de mucha calidad, pero que no se pueden seguir sembrando porque el resultado no será el mismo. El sistema de los transgénicos es una realidad que amenaza a los productores que todavía cosechan el maíz, fríjol y muchas hortalizas de la manera más natural como lo han hecho siempre nuestros campesinos. Es un sistema que amenaza todo nuestro futuro, nuestra cultura, nuestra salud y nuestro medio ambiente. Esa amenaza tenemos que conocerla, y tenemos que prepararnos para hacerle frente con todas nuestras fuerzas. Hoy estamos a tiempo. Mañana puede ser muy tarde.

Los transgénicos en el mes de la patria  

Editorial Radio Progreso

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