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Nuestra Palabra | 06 NOVIEMBRE 2013 Honduras es un Estado de derecho, soberano, constituido como republicano libre, democrático e independiente para asegurar a sus habitantes la justicia, la libertad, la cultura, la salud y el bienestar económico, político y social. En la Constitución hondureña hay separación de Iglesia y Estado; se reconocen los derechos humanos generales y específicos de todos y todas sus habitantes; amparándose las libertades de pensamiento, reunión, asociación y manifestación; también de religión, comunicación, partidos políticos y organizaciones populares; de instituciones educativas, culturales, artísticas y deportivas. En Honduras la democracia sigue tutelada por las Fuerzas Armadas y dependiente de las decisiones de la Administración Norteamericana. La democracia es de baja calidad, incapaz de fortalecer el Estado de derecho; donde abunda la corrupción, la impunidad, la violencia política, y la explotación de la clase oligárquica contra los trabajadores y campesinos. A ello hay que añadir que los tres poderes del Estado, junto con elementos de las Fuerzas Armadas y de la Policía; a los que hay que se suman empresas financieras, industriales, mineras y agrícolas, están penetradas por los narcotraficantes de personas, de drogas, de armas y de otros productos legales o ilegales. Nuestra democracia más parece un narco-Estado, una democracia fallida. Nuestra democracia está considerada como la más violenta de la Tierra y la segunda más empobrecida del continente americano. Nuestra democracia nunca ha estado al servicio del pueblo, pues es una democracia, capitalista, neoliberal, dependiente, oligárquica, militarizada, endeudada y corrupta; donde abunda la violencia y la explotación de la clase trabajadora y campesina. Es evidente que la Democracia hondureña necesita nuevos agentes políticos que emprendan la terea de liberar a las mayorías oprimidas. Tradicionalmente, por desgracia, el pueblo ha elegido a los gobernantes que descaradamente se pusieron al servicio de los poderes capitalistas y mafiosos contra el bien común de las mayorías. Esperamos que en las próximas elecciones del 24 de noviembre, la ciudadanía elija a los gobernantes que más contribuyan a la refundación del Estado. La Democracia de Honduras está necesitada de reformas en profundidad: depuración de la policía para garantizar la seguridad a la población; reforma militar para fortalecer la defensa del país; reforma agraria capaz de posibilitar vida digna a los campesinos y campesinas; reforma industrial y laboral que impida la explotación brutal de las empresas contra los trabajadores y trabajadoras; reforma del sistema de salud que evite la corrupción reinante por la que mueren innumerables hondureños y hondureñas ante la falta de atención de los especialistas en salud y de los medicamentos necesarios; reforma educativa que haga posible unas nuevas generaciones bien formadas civil y éticamente, capaces de emprender el desarrollo humano y económico del país.


Honduras democrática 6 de noviembre de 2013