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Doble muerte: por enfermedad y por discriminación Nuestra Palabra | 01 DICIEMBRE 2012 “De qué murió la vecina”, se pregunta en voz alta, y la respuesta en susurro: “Dicen que de Sida”. “Es cierto que está muy enfermo Cristóbal”, pregunta alguien a viva voz, y la respuesta es con voz bajita y viendo para los lados para asegurar que nadie escuche, “Sí, y dicen que lo que tiene es Sida”. Eso tiene un nombre: discriminación, y es uno de los males más hondos de nuestra sociedad. Una persona portadora de Virus de Inmunodeficiencia Humana, VIH o enferma de Sida es discriminada y estigmatizada, y mucha de la gente discriminada ni siquiera es consciente de serlo. Parece normal ser tratado mal y despreciado si se es una persona viviendo con VIH. Se llama estigma a un descrédito atribuido arbitrariamente a quien posee cierta cualidad, en este caso cuando están infectados con VIH. Pero cuando esto se manifiesta de manera pública se convierte en discriminación, es decir en rechazo, y se produce en establecimientos de salud, en las familias, en el trabajo, en las instituciones públicas o privadas, en educación, en los medios de comunicación, y en otras áreas de nuestro diario vivir. Las personas que viven con VIH tienen una doble lucha que enfrentar: primero la discriminación a la que como sociedad las sometemos, y otra los propios efectos que el virus produce en la salud de las personas. Muy claro lo decía en una de las entrevistas realizadas a Rosa González, una mujer que lleva 20 años viviendo con VIH, “hay una doble muerte para los pacientes que viven con el virus del Sida y con el Sida propio, antes de que su cuerpo muera, la sociedad, con sus actitudes discriminatorias, ya los han asesinado”. La discriminación es una epidemia social que está directamente relacionada con el VIH. Este tipo de discriminaciones hacia las personas que viven con VIH y Sida, se inclina a reforzar las connotaciones negativas hacia comportamientos ya anteriormente marginados como el trabajo sexual, las mujeres y la diversidad sexual, los orígenes étnicos y todas las situaciones relacionadas con la pobreza. Los medios de comunicación actuamos de manera irresponsable al tratar este tema desde una simpleza pura, desde la ignorancia, analizando datos fríos sin ponerle rostro a esta pandemia. Para hablar de VIH, es necesario comenzar por admitir nuestros prejuicios, los temores, la ignorancia que transforman a las enfermedades en descréditos y a los enfermos en culpables. A todos y todas se nos presenta un gran reto y es el de hacer la elección de las palabras correctas porque estas pueden repercutir positiva o negativamente en la respuesta a la pandemia. Recordemos que No existe riesgo de infectarse con VIH en el contacto casual, abrazos, besos, o al compartir platos, vasos, cubiertos, sanitarios. Ayudemos a acabar con el estigma y la discriminación hacia las personas con VIH y exijamos se respete la dignidad y todos los derechos humanos a todas las personas portadoras del VIH.


Doble muerte: por enfermedad y por discriminación