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Amasando conciencias Nuestra Palabra | 26 SEPTIEMBRE 2011 Cuenta una experta en temas militares del continente que en Bolivia los militares se dedican a amasar harina para hacer pan, además de las funciones inherentes al cuerpo castrense. Este dato boliviano no deja de ser curioso. Y los militares hondureños emulan a los bolivianos no tanto para ponerse el gorro de panaderos, como sí lo han hecho cuando se visten de enfermeros para salir a vacunar o cuando se disfrazan de ecologistas para salir a sembrar árboles o cuando se presentan como apolíticos y no deliberantes trasladando urnas en apego a la democracia. En esta ocasión no se pondrán a fermentar la masa de harina para amasar pan, pero sí seguirán el ejemplo boliviano, pero amasando otras obras tan valiosas o mucho más valiosas que el pan. Durante más de quince años, los militares parecían cobijarse bajo el mal consejo del ocio. Estaban agazapados en la ociosidad. Pero como dicen que el ocio siempre es muy mal consejero, los militares saltaron al protagonismo político con el golpe de Estado de junio del 2009. Dejaron la ociosidad acostumbrada o sus servicios filantrópicos para dedicarse a violentar la Constitución y decidir por cuenta propia y también en pleno contubernio con sus secuaces oligarcas criollos, la suerte de un presidente electo por la ciudadanía. Así han reeditado aquel protagonismo de sus dorados años ochentas. ¿Y qué es lo que amasan entonces? Están dedicando sus tiempos y sus perversos cerebros para amasar las conciencias de miles de niños y jóvenes hondureños. Los uniformados no parecen perder el tiempo. Están afanados en adiestrar cada año a 25 mil menores hasta alcanzar en el 2013 el enrolamiento en sus filas de 75 mil compatriotas. El ocio de los años anteriores ha demostrado no ser tan mal consejero para quienes tienen mente de bala y olor a pólvora. La iniciativa no es nueva, pero ha comenzado a implementarse a partir de este año. Mientras, las resistencia de uno y otro lado buscan firmas, nombres y elecciones, los militares hacen de las suyas en el Aguán y adiestran a nuestra niñez y juventud en 17 unidades militares en todo el país. Mientras las Ongs se reúnen a discutir fino en hoteles de lujo sobre el presente y el futuro de los derechos humanos y sobre la formidable incidencia política, los militares se dedican una vez a la semana a amasar la conciencia de la niñez y de la juventud de los barrios marginalizados a cambio de un plato de comida. La niñez y la juventud tienen muy pocos caminos: o se van a los Estados Unidos, o se meten en una mara, o caen en las garras de los repartidores del “menudeo”, o caen bajo el adiestramiento de los militares, quienes en lugar de amasar pan como lo están haciendo los militares bolivianos, se dedican a amasar la conciencia y el futuro de una niñez y una juventud que hoy por hoy parecen tener cerrado todos los caminos. ¿Y los sectores sociales y populares hondureños, qué caminos reales, posibles y alternativos ofrecen a esta niñez y juventud?

Amasando conciencias - 26 de septiembre de 2011  

Editorial radioprogreso,eric-sj

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