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Aciertos y una tarea política intacta Nuestra Palabra | 26 MAYO 2011 La firma de los acuerdos de Cartagena deja varias señales positivas, y a la vez deja intactas las preocupaciones de siempre. La primera señal positiva es que en los casi dos años de golpe de Estado, nos encontramos con una primera propuesta que, aunque tibia e incoherente, apunta a una salida política a la tormentosa coyuntura que se destapó con la ruptura constitucional del 28 de junio del 2009. Una segunda señal es el liderazgo de América Latina que se ha hecho sentir en un conflicto político que ha mantenido la atención y la tensión de todos los países del continente en torno a la legitimación o repudio del primer golpe de Estado exitoso del siglo veintiuno. La sola presencia de los dos presidentes que representan dos visiones políticas diversas, como promotores y testigos de los acuerdos, así como la participación activa de los presidentes centroamericanos, advierte un mapa político latinoamericano que establece una prudente distancia de las tradicionales definiciones y últimas palabras procedentes de Washington. Los acuerdos de Cartagena, representan sobre todo, logros para la diplomacia latinoamericana, la cual abre las puertas hacia una correlación de fuerzas que permiten vislumbrar una posible instancia latinoamericana que en paralelo a la OEA, y sin romper con ella, avance en definir a una América Latina que va irrumpiendo con una nueva personalidad, sin tener que pedir prestado a nadie del norte criterios para tomar sus propias decisiones. Una tercera señal positiva de los acuerdos apunta hacia dentro de Honduras. Con todo y sus timoratos contenidos, los acuerdos advierten a los políticos, militares y empresarios que no se puede atentar contra la democracia y el Estado de derecho sin recibir el repudio y rechazo por parte de una comunidad latinoamericana más consciente y exigente hacia sus gobernantes. Los acuerdos representan una advertencia a los militares, políticos, empresarios y sectores que impulsaron y avalaron la ruptura constitucional, no solo de su error en buscar la fuerza y la ilegalidad para resolver conflictos internos, sino de la necesidad de reconocer dicho error, y al menos pedir disculpas a la sociedad hondureña y latinoamericana por el daño ocasionado a la democracia y al Estado de derecho. Una última señal positiva, y no por eso menos importante. Los acuerdos de Cartagena dejan un mensaje que se constituye en tarea política irrenunciable: si dos presidentes latinoamericanos que representan dos visiones políticas diversas, impulsan y se convierten en testigos de unos acuerdos políticos que abren una nueva coyuntura en Honduras, significa que los conflictos y la polarización social que existe en la sociedad hondureña se pueden resolver a partir del diálogo y la negociación entre los sectores que representan diversas posiciones, intereses y visiones políticas e ideológicas. Basta una actitud de apertura y de escucha a quienes son distintos, y la disposición de cada persona y sector a defender sus intereses y posiciones, pero con la decisión de hacer concesiones en virtud de un interés patriótico y nacional. Los acuerdos de Cartagena, tienen señales positivas. Sin embargo, deja las violaciones a los derechos humanos, los conflictos agrarios, educativos, y todos los asuntos de corrupción y de impunidad intactos. Y esos no se resuelven con acuerdos políticos de cúpulas. Un nuevo pacto social con la plena participación de todos los sectores de la sociedad, sigue siendo la tarea política fundamental, si es que de verdad queremos ingresar a un nuevo período en la Honduras del siglo veintiuno que rompa con la exclusión social y avance hacia una auténtica democracia política, social y económica.


Aciertos y una tarea política intacta - 26 de mayo de 2011