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“Paso a paso hacia la paz” Nuestra Palabra | 1 AGOSTO 2011

Nuevamente, hombres y mujeres salieron en busca de familiares desparecidos en la peligrosa ruta que toman los indocumentados para poder hacer realidad lo que mal llamamos “sueño americano”. Pero, como lo decía un congresista de México, antes los migrantes deben sortear los peligros que provoca la “pesadilla mexicana”. La caravana de migrantes “Paso a Paso hacia la Paz”, que recorre por estos días los cementerios, las cárceles, los parques y las casas migrantes en México, buscando pistas de desaparecidos y dando un mensaje de promoción y defensa de los derechos de quienes emigran, tiene un solo mensaje: basta ya de tantos asesinatos, desapariciones y secuestros. Este mensaje está dirigido tanto al gobierno mexicano, que muy poco se preocupa por los derechos de quiénes cruzan su territorio, como a las bandas organizadas que vieron en los secuestros otra fuente de ingresos importantes para su organización criminal e incluso para fortalecer con más elementos su gran ejército de matones y secuestradores. Pero sí volvemos a la raíz del problema, nos vamos a encontrar que el asunto tiene su origen dentro los países expulsores, y para ello basta mirar hacia adentro de nuestra Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, que por sus políticas públicas mezquinas, están obligando a sus ciudadanos a que abandonen su tierra y se aventuren en la “ruta del mojado”, viviendo las mil y una pesadillas. Aún logrando pasar México, la pesadilla sigue, juagando al gato y al ratón con la policía de migración gringa. Migrar no es delito, delito es lo que produce la migración forzada. Para combatir este problema no solo basta con ir a México, visitar las cárceles y tomarse fotos en las vías de “la bestia de acero”, como se hace desde la cancillería hondureña. Primero hay que hacer cambios profundos en el país. Mientras no se garantice una estructura social y económica que genere empleo digno y permanente, educación, salud, vivienda, una política fiscal equitativa y una plena participación de toda la sociedad en las decisiones de los asuntos públicos, nada detendrá la migración con sus secuelas de muerte. Y seguirán las caravanas de buena voluntad buscando familiares desaparecidos. Pero tampoco debe quitarse “el dedo de la llaga”. Debemos seguir exigiendo a todos los países, pero sobre todo a México, seguridad para la población migrante, un trato humano y sobre todo garantizar su derechos fundamentales a la vida y a migrar, porque como gritan en la caravana Paso a paso hacia la paz, “los migrantes no somos criminales, somos trabajadores internacionales”.


“Paso a paso hacia la paz” - 1 de agosto de 2011