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“Apenas fue ayer” Nuestra Palabra | 07 SEPTIEMBRE 2011 Así se llama un programa radial de música del recuerdo que atrapa en la nostalgia a mucha gente, especialmente la que tiene su vida bañada de canas y de memorias del siglo pasado. Lamentamos tener que decir que no es de música del recuerdo que trataremos este comentario. Se trata del Informe de la Comisión oficial de la Verdad y Reconciliación que se hizo público en el mes de julio, y que dos meses después, todo ha quedado remitido al pasado, y de su Informe se hace referencia como si “apenas fue ayer”. El día que se hizo público el Informe, en medio de alabanzas y oraciones clericales, el Señor Don Porfirio Lobo Sosa prometió que cumpliría a rajatabla todas las recomendaciones contenidas en el mismo, comenzando con la que refiere a la necesidad de que la Constitución política de Honduras establezca un juicio político, con mecanismos y procesos escrupulosos, para evitar que se repitan los hechos de capturar, secuestrar y repatriar a un presidente de la República, como ocurrió el 28 de junio del 2009. De igual manera, el Señor Don Porfirio Lobo Sosa se comprometió en público a cumplir con la recomendación de romper con lo intocable de la Constitución a través del recurso al poder originario de una asamblea constituyente, que es en donde al final de cuentas reside la soberanía del pueblo. Siempre en relación con la Constitución, el titular del Ejecutivo se comprometió a cumplir aquella recomendación de revisar la función de las Fuerzas Armadas para evitar misiones de carácter política y la prohibición de utilizarse para funciones policiales. El titular del Ejecutivo se comprometió a cumplir con la recomendación de investigar, procesar y sancionar todas las violaciones de los derechos humanos acaecidas a partir del 28 de junio de 2009 hasta el 27 de enero de 2010, incluyendo las personas identificadas como principales causantes de las violaciones, sin excluir los máximos niveles de responsabilidad. El Señor Porfirio Lobo Sosa se comprometió de igual manera a cumplir con la recomendación sobre el establecimiento de mecanismos que garanticen el respeto a la libertad de expresión y el libre acceso a la información, y en lo que atañe a los medios de comunicación, la necesidad de reformar la Ley de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones con el fin romper con el control de las frecuencias por un reducido grupo de personas naturales y jurídicas, con el fin de que las mismas se otorguen en el marco de propiciar un verdadero ejercicio de la libertad de expresión y de información. Dos meses después del Informe, todo ha quedado en el olvido, o en el mejor de los casos en el recuerdo. Y no podía ser de otra manera, porque el publicitado Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación cumplió a pie juntilla su función: desde una apariencia de verdad y objetividad, dar legitimidad a la impunidad en la que se cubren los diversos sectores oficiales del país y sus allegados. Tan cabal ha sido esta función que tanto los Comisionados, los funcionarios públicos, la comunidad internacional, los medios masivos de difusión, como los propios cuestionados en el carísimo Informe, leen y escuchan sus Recomendaciones de la misma manera como los amantes de la música del recuerdo escuchan las canciones que despiertan nostalgias en el programa “apenas fue ayer”.


“Apenas fue ayer” - 07 de septiembre de 2011  

Editorial radioprogreso,eric-sj

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