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Por nuestros viejos Nuestra Palabra | 05 Octubre 2013

Algunos creen que llegar a viejo, es decir superar los 60, 70 u 80 años es una bendición, pero en el caso de Honduras se puede catalogar como un golpe de suerte con tanta violencia y desatención hacia nuestros ancianos y ancianas que convierten a Honduras en donde no se sabe que es peor, si morir ingratamente por la violencia o la inseguridad en todos sus rasgos, o envejecer recibiendo un trato como quien sobra o estorba, como es el trato que damos a nuestros adultos mayores. Hace unos días veíamos el informe sobre el Índice Global de Vigilancia del Envejecimiento publicado por una organización internacional, el cual sitúa a Honduras como el peor país de Latinoamérica para ser viejo, y se puede realizar una lista interminable de razones. Pero no se necesita llegar a los 60, 70 u 80 años para que en Honduras se califique como vieja a una persona. Un gran error que cometemos como sociedad es relacionar lo viejo con lo inservible, con lo que estorba o con lo que ya no se puede contar. En nuestro país, una persona que supera los 30 años no puede conseguir un trabajo porque ya es considerada vieja, a los sumo, los hombres consiguen una chamba de vigilantes y las mujeres un trabajo de sirvienta en una casa de ricos, lo que no desmerita que el trabajo sea digno, pero en muchos casos son personas preparadas y con capacidad para ejercer otras labores. Aunque es un golpe de suerte llegar a viejo en Honduras, alguna gente prefería no haber llegado porque son mal tratados y burlados por la sociedad. Y no se trata de brindar descuentos en las compras o ser primeros en una fila de un banco, de lo que realmente se trata es de brindarles un trato digno porque son seres humanos con los que debemos estar muy agradecidos por el servicio que han prestado al país. En estos tiempos en los que se habla de cambios, de transformaciones, de reformas, nuestros ancianos y ancianas tienen mucho que aportar con su voz de la experiencia y sus conocimientos que la universidad de la vida les ha proporcionado y que con mucho gusto los pondrían al servicio de la patria.


Por nuestros viejos