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Polititráfico Nuestra Palabra | 28 Septiembre 2012

Estamos acostumbrados al narcotráfico. ¿Quién que sea de Honduras no sabe lo que es el narcotráfico? Todo mundo. Sin embargo, hay otro tráfico mucho más antiguo y tan pernicioso como el tráfico de droga, y pasa como si fuese inofensivo. Se trata del tráfico de la política, o el polititráfico. Parece algo extraño, pero es de lo más común en nuestro país. Desde los grandes barones, hasta los activistas de base, los que menudean con el tráfico de la política en los barios populares y comunidades rurales. Los grandes barones son honorables señores, y se pueden identificar como los grandes electores en los procesos electorales. Son los auténticos capos de la política. Los Callejas, los Flores Facussé, los Irías Navas, los Rosenthal, los Ramos Soto o los Álvarez y Maduros son capos en el negocio del politráfico. Ellos mueven muchos hilos que desde las alturas del poder se extienden hasta las bajuras de las comunidades y barrios en donde está el menudeo del polititráfico. Es secreto a voces que mucho de los dineros que se mueven en la actual campaña electoral proceden de tres fuentes primordiales: dineros del Estado, usado mayormente para financiar la campaña de Juan Orlando Hernández; dineros que invierten el alto empresariado, destinado a financiar la campaña de Ricardo Álvarez primordialmente; dineros procedente del crimen organizado, es decir, dineros que pasan del narcotráfico al polititráfico, y que son usados o destinados indistintamente en las diversas corrientes de los partidos contendientes en las elecciones primarias. El polititráfico es un negocio sucio como el narcotráfico, y entre los dos hay profundas afinidades e intereses comunes. Con frecuencia los capos de uno también son capos del otro. Se trafica con narcóticos para amasar grandes fortunas, y se trafica con la política para amasar igualmente fortunas y poder. Se trafica con narcóticos embruteciendo y alucinando a mucha gente. Se trafica con la política igualmente embruteciendo y alunando a mucha gente. Los dos finalmente son drogas que se distribuyen en todo el país, y se mantienen a través de dineros malhabidos, y los dos tráficos se sostienen desde redes controladas por grandes capos que con la venta de narcóticos y de política amasan enormes fortunas. La diferencia entre un tráfico y otro es que, mientras el narcotráfico se mantiene en secreto y mueve sus negocios criminales en los oscuros subterráneos de la ilegalidad, el tráfico de la política sus capos lo hacen en los corredores públicos y le hacen creer a mucha gente que metidos en ese negocio están haciendo patria y democracia. Y todo lo hacen en nombre y bajo el amparo de la democracia y el Estado de Derecho.


Polititráfico