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Leyendo entre líneas Nuestra Palabra | 11 Octubre 2013 Aunque el año pasado la Conferencia Episcopal de Honduras, con ocasión de las elecciones internas, publicó una carta pastoral sobre el proceso electoral lo hacen nuevamente en vísperas de las generales. Nos aportan su punto de vista eclesial y, diríamos más, nos señalan sus “temores y esperanzas” en este momento delicado de la coyuntura nacional. Como siempre nos ofrecen criterios orientados a formar una conciencia crítica, ciudadana y cristiana. Y, de paso, actualizan la del año pasado. Como es cosecha nuestra hacer una “lectura entre líneas” y explicitar lo que nosotros entendemos que son sus “temores y esperanzas” recogemos desde el inicio los interrogantes que plantean: ¿habrá elecciones transparentes?, ¿se desarrollaran en paz y sin violencia?, ¿nos ayudarán a salir de la crisis que envuelve al país?, ¿serán aceptados los resultados? Hay, pues, una duda razonable como punto de partida de sus reflexiones. Inmediatamente después señalan los elementos positivos que existen en la realidad política: a) los esfuerzos del TSE para establecer mecanismos de credibilidad por los resultados electorales b) el ”pacto político ético” que obliga a los candidatos a respetar los resultados electorales c) una campaña electoral basada en la transparencia, respeto a la Constitución y legislación electoral d) observadores de diferentes instancias internacionales e) participación de universidades y plataformas de la sociedad civil por medio de debates electorales y f) la presencia de la Iglesia Católica que se suma al esfuerzo de unas elecciones transparentes. ¿Qué es lo que ven como pastores?: “miramos con profundo dolor y compasión el grave deterioro de la salud, de la enseñanza, del trabajo, de la seguridad. Urgimos a todos los candidatos a mostrar su cercanía al sufrimiento que ese deterioro genera y a presentar propuestas claras, con presupuestos creíbles para cambiar estas situaciones. La conquista del poder no debe ser para abusar de él, sino para usarlo en bien de toda la colectividad. Urgimos a los candidatos católicos para que se comprometan a estar atentos a las situaciones de injusticia y dolor pues revertir la pobreza en todas sus manifestaciones es la tarea prioritaria de cualquier gobierno”. Es interesante subrayar como algo fundamental en el pensamiento de los obispos que la política es mucho más que los partidos políticos. Por eso afirman que “es todo el pueblo hondureño, no solo los partidos políticos, quien debe recuperar su soberanía y su protagonismo en la vida pública y en la vida política. Es responsabilidad de todos mantener la gobernabilidad del país, de manera que el pueblo hondureño pueda expresarse como sujeto de su propio destino, organizarse para encontrar alternativas a sus problemas y participar en la toma de decisiones, fiscalización, control y ejecución de los asuntos gubernamentales. No puede darse un cambio profundo y duradero si no participa en el mismo toda la población”. Señalando alguna de sus propuestas recogemos las siguientes: un voto maduro, reflexionado y responsable; candidatos que viven y defienden los principios democráticos; un voto libre sin condicionamientos, sobornos, presiones o amenazas o por la simple costumbre; electorado vigilante que denuncie cualquier fraude o práctica ilegal que altere los resultados; y, para los cristianos, que den testimonio de participación por encima de los colores políticos. Finalizamos recogiendo el voto de confianza en el futuro que hace la Conferencia Episcopal cuando dicen que “confiamos en que el proceso electoral bien realizado y con elevada participación ciudadana, dé paso a una reorganización social y política que permita “la elaboración de un proyecto nacional incluyente al servicio de una democracia pluralista, participativa, justa, responsable, respetuosa de la dignidad humana, dialogante, promotora del bien común y defensora de los Derechos Humanos. Que sea este el estilo de vida y cultura democrática de nuestro pueblo”. Seamos creyentes o no los obispos hondureños nos ofrecen sus reflexiones y preocupaciones a todo el país. Sepamos recoger, pues, los aportes valiosos que puedan iluminar nuestra vida política nacional.


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