Issuu on Google+

La política partidista Nuestra Palabra | 13 Noviembre 2013 En Honduras son 9 los partidos políticos con 8 candidatos a la presidencia de la nación, los que se presentan a las elecciones generales que se van a celebrar el día 24 de noviembre; donde se elegirán por sufragio universal: 1 presidente del Estado, 3 vicepresidentes, 128 diputados al Congreso, 20 diputados al Parlamento Centroamericano y sus suplentes, también los cargos necesarios para las 298 Corporaciones municipales de la nación hondureña. En total se ofrecen para ocupar los cargos locales y nacionales unos 27.000 candidatos procedentes de los diversos partidos; de los que el 87% llevan varios mandatos y aspiran ser reelegidos. Los partidos políticos hondureños, a pesar de la campaña electoral de las más caras de la historia, no hablan de sus programas y propuestas de gobierno. Apenas conocemos las identidades de los principales candidatos. Los partidos políticos son financiados por las cuotas de sus afiliados y por el Estado. Pero la recaudación principal la obtiene de empresas nacionales y extranjeras; incluso se habla que no poco del dinero de las campañas proviene del narcotráfico. Y aunque se rumora y es un secreto a voces, ninguna autoridad se atreve a realizar investigaciones para confirmar o descartar dichos rumores. Y, bien sabemos que quien paga la fiesta pone la música. Por su práctica, a los partidos se les puede clasificar de capitalistas, variando de la extrema derecha al centro izquierda. Pues, incluso LIBRE, donde confluyen liberales progresistas y populares, hoy todavía no tiene capacidad de construir un socialismo de izquierda como alternativa al capitalismo. De los nueve partidos, según las encuestas de opinión más autorizadas, sólo dos tienen capacidad de llegar a gobernar: LIBRE y PN. Quedando en un segundo lugar el PL Y el PAC. Dado lo igualado de las fuerzas políticas, no tendrán más remedios que establecer alianzas y pactos entre ellos. En realidad, los partidos políticos deberían orientar su práctica por los valores morales de la paz, la justicia y la libertad. Pero, constatamos que la República Democrática de Honduras ha sido convertida por las élites dirigentes en un Estado con una institucionalidad colapsada. Asistimos al escándalo de que los partidos políticos tradicionales con sus afiliados y candidatos, en vez de promocionar el bien común desde el Gobierno y el Congreso, se han servido de los cargos públicos para el enriquecimiento ilícito personal y la práctica de la corrupción. Es inmoral, pues, que el actual gobierno con su candidatura oficialista esté militarizando progresivamente el país para controlar las protestas sociales ante las constantes injusticias a que se ven sometidas las mayorías populares. También, en previsión de levantamientos populares si se da un fraude electoral en grandes proporciones. En Honduras, existe el modelo bipartidista, donde sólo el PN y el PL se han alternado el poder desde que existe la democracia, ampliando cada vez más la corrupción mediante pactos y alianzas con militares, policías, empresas privadas, y organizaciones mafiosas. Los partidos pequeños han ofrecido apoyo a uno u otro de los grandes, a cambio de ventajas personales o grupales. Esperemos que de este proceso electoral se abran nuevas puertas distintas al modelo político tradicional que aleje de la política esas prácticas corruptas.


La política partidista