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La persona en la evolución Nuestra Palabra | 16 Mayo 2013

La realidad humana progresa y desfallece, es positiva y negativa; llega a altas cuotas de generosidad y cae en el más estrepitoso lodazal del egoísmo. Cuando observamos a las organizaciones solidarias y humanistas, nos emocionan la gran generosidad de sus miembros; pero al mirar a las instituciones económicas y políticas, nos descorazonan con sus miserables mezquindades. Pero, ¿qué es el ser humano? Observemos la evolución del cosmos hasta la aparición humana. Por la fe experimentamos a Dios creador de la Vida, inobservable e incomprensible. Por la ciencia constatamos que, el Universo evoluciona mediante la combinación de una cadena de casualidades del azar y de leyes físicas que lo rigen. El Universo, hecho de materia y energía, espacio y tiempo, surgió hace 13.750 millones de años, de un átomo de fuerza primordial, infinitamente comprimido y caliente que explotó. Luego en su expansión, fueron apareciendo galaxias, estrellas y planetas. De una nebulosa de gas y polvo cósmico procedentes de las supernovas, hace unos 5.000 millones de años se formó el sistema solar. Por las transformaciones que se dieron en el planeta Tierra fue posible la vida hará unos 3.500 millones de años. La vida fue evolucionando desde un diminuto organismo unicelular, pasando por múltiples especies de plantas y animales, hasta la aparición de los humanos. A partir de la evolución de los homínidos, apareció el homo sapiens (nuestra especie) en el continente africano hará unos 200.000 años. Las características fundamentales del ser humano son su inteligencia, su andar erguido y su capacidad para la fe, la ciencia y la técnica. Desde África fue emigrando hacia Europa, Asia, Australia y América. Hace unos 10.000 años, los humanos descubrieron la agricultura, se hicieron sedentarios y se formaron las primeras civilizaciones y religiones. Hace unos 250 años en Europa se impulsó la industrialización que ha desembocado en las llamadas civilizaciones del conocimiento durante los siglos XX-XXI, con su gigantesco desarrollo científico-técnico. El ser humano, -hombre y mujer- es capaz de sublimes actos de generosidad hasta hacer posible la justicia y la paz; pero llega a grados de maldad escandalosa hasta provocar hambrunas y genocidios. De Jesucristo aprendimos que, nadie es tan solidario como aquel que da la vida por los humildes. En Honduras, abunda la corrupción, la violencia y la impunidad; las minorías opulentas oprimen a las mayorías empobrecidas. Por ello, los colectivos solidarios redoblen sus esfuerzos para que los marginados tengan una vida de calidad. Así se manifestará el reinado de Dios, invisible pero creíble.


La persona en la evolución  

Editorial, Radio Progreso y Eric-SJ

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