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La guerra de los pobres contra los pobres Nuestra Palabra | 26 Abril 2013 Estamos acostumbrados a centrar nuestros comentarios y análisis sobre las políticas del gobierno, la corrupción, los partidos, la ley de telecomunicación, la depuración policial y… un sin fin de aspectos coyunturales de la vida política. Hay otros, en cambio, que tienen que ver directamente con la vida de las mayorías y pasan a un segundo plano al quedar opacados por el mundo de la extorsión, de la violencia, del miedo y la indefensión. La verdad es que no es un tema nuevo en la vida de las colonias, barrios y aldeas de nuestro país. Si la mayor de las violencias es la pobreza, no lo es menos la violencia que hoy día ejercen los pobres contra los mismos pobres. Y en consonancia con esto encontramos como noticia que se nos dice que “tortilleras, vende conos y hasta “chaineros” no se escapan a la extorsión. Tengo quince años de vender tortillas en este puesto y jamás había tenido problemas. Aquí todas les pagamos 200 lempiras semanales a los pandilleros, para que nos dejen vender. Nosotras tenemos más tiempo de estar aquí y ahora ellos nos dan permiso”. El recrudecimiento de la violencia generada por el cobro del impuesto de guerra y las extorsiones telefónicas se van extendiendo a los taxistas, comerciantes, pulperías, choferes del transporte público, zapateros, mercaditos, a pequeñas actividades muy poco lucrativas, etc, etc. Y, como trasfondo, lo que está sucediendo desde hace tiempo es la descomposición de ese tejido social y humano que es la vida los barrios y colonias donde los pobres pueden vivir con dignidad, reconocimiento y aceptación su cultura popular-solidaria. Esta realidad se impone a todo tipo de organización comunitaria, sus vínculos con los movimientos sociales, la defensa de la dignidad de la persona y los derechos humanos, el derecho al trabajo, a la vida, a la vigencia de la ley, a una vida laboral trasparente. Y sobre todo, crea un entorno de inseguridad ciudadana, violencia y sumisión. Desmoviliza a la ciudadanía, la convierte en receptora acrítica de una política municipal y bipartidista que controla a las comunidades por medio de un poder local cimentado en unos patronatos afines al partido de gobierno. Aquí queda por fuera todo tipo de vida democrática, política y electoral. El día a día impone una vida de sobrevivencia desvinculada de poderes y actores sociales; sin alianzas estratégicas y sin apoyos institucionales. Y, lo peor de todo, los pobres se dividen, quedan enfrentados y son víctimas unos de otros. Años atrás el Papa Juan Pablo II había denunciado que en su tiempo se estaba dando una “guerra de los ricos contra los pobres”. En cambio, lo que está sucediendo en estos momentos es, además de lo anterior, una “guerra de los pobres contra los mismos pobres”. Por lo tanto, lo que se necesita hoy es que “los pobres hagan la opción por los mismos pobres”. Es la única manera para que rehacer una sociedad sumida en la violencia, la fragmentación y la inseguridad. ¡Y que quede claro, que la guerra no es la de pobres entre sí, sino con una realidad social perversa y que debe transformarse!


La guerra de los pobres contra los pobres