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“Jamás hemos fracasado en la seguridad” Nuestra Palabra | 18 Abril 2012 Son palabras textuales de Don Porfirio Lobo Sosa. Él muy bien sabe que lo que ha dicho es un exabrupto, quizás no ha querido mentir, y lo que ha expresado es un deseo que lleva por dentro, pero que no congenia para nada con la realidad. Don Porfirio Lobo sabe muy bien que nunca en la historia de Honduras la inseguridad ha sido tan profunda como en los más de tres años que lleva como presidente de la República, y que ha fracasado en su intento por contrarrestar los niveles de violencia. Ya está llegando al final de su mandato, y cuando iba casi a medio camino dijo que se cambiaría el nombre si al finalizar su administración no había disminuido drásticamente la inseguridad. Don Porfirio ya se va yendo de la presidencia. Sí, ya se va. Entró con una sonrisa de triunfo y de satisfacción. Hoy sigue con su sonrisa porque ella es inherente a su rostro, pero la de hoy recuerda más a un rictus macabro que a una sonrisa de haber cumplido bien con su deber de mandatario. Sus expresiones frente a lo que ocurre son más deseos frustrados que conquistas logradas. Don Porfirio se va yendo del escenario público sin ton ni son, más cabizbajo que con la frente en alto. Don Porfirio quiso ser presidente de la República. Soñó con serlo. Y se propuso alcanzarlo sin importar los costos. No se dejó vencer con la batalla primera, cuando fue derrotado por Manuel Zelaya Rosales. Siendo presidente del Congreso había lanzado su campaña electoral con su invento del “congreso móvil”. Se dio cuenta que en la campaña de la pena de muerte no había sido bien asesorado. Y buscó nuevas voces y platicó con mundo y raimundo. Nada parecía que lo llevaría al triunfo en una segunda campaña electoral. Pero un golpe de Estado le cayó como una peluca en una calva, como anillo al dedo, como un plato de comida a un pobre hambriento. El golpe le salió al paso a sus deseos. Y Don Porfirio muy bien lo sabía, por eso, en los momentos más agudos de represión y de condena al golpe, nunca dijo esta boca es mía. Su silencio fue su mejor aporte al favor que le dio el golpe. Ganó las elecciones porque no hubo a quien derrotar, porque se abultaron cifras, porque fue como apalear a un indefenso borrachín. Don Porfirio quiso ser presidente. Y lo logró. Muchos como él lo han querido ser. Todos los políticos aspiran a la presidencia del país, sin importar si hay o no hay Estado desde donde gobernar. Ser presidente es un vicio de políticos. Por eso, solo los que han sido presidentes quieren que haya reelección. El rechazo es general porque hay demasiados que esperan en la interminable fila. A algunos un golpe les sonríe. Uno para serlo, porque ya no pudo por la vía más normal, y el otro para serlo utilizando el golpe para volver a la vía más normal. Poco a poco se va yendo don Porfirio Lobo de su silla. Ya va enrollando su rabo para salir con él entre las piernas. Cabizbajo y con sonrisa triste. No se cansará de decir “jamás hemos fracasado en la seguridad”, como la doñita que una vez que no logró llegar a tiempo, dijo con más nostalgia que verdad: “total, ni me gusta andar en tren”. Ya poco le queda a don Porfirio Lobo. Pero logró lo que quería, estar en el mural con su pintura como presidente de la nación. Aunque eso haya sido a costa de dejar un reguero inimaginable de sangre en todo el territorio nacional.


"Jámas hemos fracasado en la seguridad"