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Guerra de las encuestas Nuestra Palabra | 26 Octubre 2013 Las encuestas representan herramientas valiosas siempre que estén en manos de personas y grupos que buscan incidir con seriedad en los cambios en la sociedad. Son como una fotografía que se toma sobre la situación del país en un tiempo preciso, en una coyuntura específica. Sin embargo, lo que hemos visto estos días en nuestro país, no son encuestas sobre percepciones políticas, sino un circo de encuestas, unos dimes y diretes puestos en clave de números, cifras y porcentajes. La diversidad de resultados sobre una misma realidad política refleja el bajo nivel de la campaña política, y el uso mercenario de las encuestas hasta dejarlas vaciadas de contenidos. Casi en todos los resultados que se han presentado hay un ganador distinto. La pregunta es ¿quién miente? Lo ideal de conocer los resultados de un sondeo o encuesta es provocar cambios de acciones y de estrategias, pero estas encuestas mercenarias lo que provocan son peleas intestinales y agudizan las confrontaciones entre lo que quieren sentarse en la silla presidencial. Y el asunto grave es que estos pleitos por resultados no se quedan solo allá arriba en las cúpulas que pagan las encuestas, sino que arrastran a la población de barrios, colonias y aldeas y hasta provocan peleas con sus propios vecinos de toda la vida. En esta guerra de encuestas las más beneficiadas son las mismas compañías encuestadoras que reciben jugosas ganancias. A ellas no les importan los números y menos las consecuencias. A ellas lo que les importa es quedar bien con quién les paga por la encuesta. El Tribunal Supremo Electoral registró más de 10 empresas que durante el año se dedicaron a hacer encuestas entre la población en edad electoral. Lo peor no es si los resultados son distintos o si va ganando "x" o "y" candidato. El daño mayor de este circo de encuestas es que se convierte en un distractor más en medio de la crisis que vive el pueblo hondureño. Mientras unos discuten y se pelean con pasión en las alturas y en las bajuras defendiendo a capa y espada a su candidato, otro sector de la población lucha y pelea casi siempre infructuosamente por conseguir atención médica en los colapsados hospitales y salvar sus vidas. El colapso en el sistema de salud pública ha llegado a extremos de paralizar las cirugías programadas ante la falta de oxígeno como ocurrió en el segundo hospital de mayor importancia del país, el Mario Catarino Rivas en San Pedro Sula. Y de los candidatos nadie dice ni hace nada. Mucha gente está muriendo o a punto de morir porque en el Catarino Rivas se suspendieron las cirugías por falta de oxígeno; la población sigue muriendo en las violentas calles hondureñas; la gente sigue muriendo de hambre; el desempleo sigue en aumento y la migración cada vez más peligrosa sigue aumentando. Y de todo esto los candidatos no dicen ni hacen nada. Esa es la realidad hondureña en medio de una gama de colores políticos que han demostrado que no representan la solución a las grandes necesidades de la población.


Guerra de las encuestas