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En el Primero de mayo Nuestra Palabra | 01 Mayo 2013 Una vez más celebramos el Primero de mayo. Durante la mañana, con el impulso alegre de jornadas en las calles de las principales ciudades del país, con demandas y consignas, con movilizaciones llenas de coloridos, de gritos, pancartas y canciones. Vivan los mártires, abajo el capital y los capitalistas, esos son los lemas de la consigna popular. Una vez concluidas las consignas y pancartas en las calles, las organizaciones gremiales normalmente tienen destinados presupuestos para las actividades festivas, con barbacoas y diversidad de bebidas. Y con esta alegría de un Primero de mayo más, se retorna el dos de mayo a la triste realidad de la rutina. Los patronos también agasajan a su servidumbre y se esfuerzan por evitar que sus empleados se salpiquen de lucha y demanda popular. Sí los dirigentes gremiales organizan la barbacoa y las cervecitas en la tarde, el patrono, con menos presupuesto, la organiza para en la mañana o al mediodía. Los primeros agasajan a sus bases por haber exigido, los segundos agasajan a su servidumbre por haber obedecido. Tanto el primer paisaje como el segundo ocurren en el ambiente del empleo y el salario. Las demandas que mejor florecen son las conquistas salariales y la defensa del derecho sindical, por parte de los gremios. Lo que el patrono protege es que el empleado sea más fiel a su empleador que a buscar una organización desde donde proteger su estabilidad laboral. Hay otros paisajes, muy alejados de esta bulla de consignas y de olor a carne asada y festejos de gremios y patronos por igual. Es el inmenso y desolador paisaje de subempleados, desempleados, de hornillas apagadas, hospitales atestados de enfermos y de hogares en luto por la violencia criminal. Es un paisaje sin un gremio popular y sin siquiera un patrono visible a quien exigir una demanda salarial. Es una inmensa estepa gris con una población que espera un pedazo de conqué de igual manera como en el verano la gente espera la frescura de las aguas de mayo. Aquí están las mujeres maltratadas, los indios lencas y topulanes, la muchedumbre juvenil con su vista puesta en la pandilla o en el norte carnicero. Aquí están las familias de los cerros, de los pelados cerros que en un pasado remoto los subían y bajaban al “rumor de las selvas hondureñas”. Los primeros dos paisajes concentra a un pueblo explotado pero con algo de conqué para su boca, mientras el tercer paisaje concentra a un pueblo que además de no tener nada que llevarse a la boca, ya dejó de existir para el capital explotador. Y muy poco cuenta, o no cuenta de remate, en la agenda de lucha gremial y popular. Todavía queda un cuarto paisaje por hablar. Son las luchas que se libran en defensa de las aguas y los bosques, la minería, la comunidad y su territorio. Allí emerge primordialmente la bandera de la soberanía nacional en defensa de los bienes naturales. Es la lucha de los negros y los lencas, los mestizos y ladinos de la costa y occidente del país. En la lucha por la transformación de la sociedad, todos los paisajes populares debían articularse en una sola agenda común de lucha. Todas las consignas y demandas debían ser iguales, tanto las de las marchas en la capital y San Pedro Sula como las realizadas en Río Blanco, en donde, con voces de un pueblo en libertad, también se gritará con fuerza ¡¡viva el Primero de Mayo y viva la lucha por la soberanía y nuestra riqueza natural!!

En el Primero de mayo  
En el Primero de mayo  

Editorial, Radio Progreso y Eric-SJ

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