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Desempleo Nuestra Palabra | 12 Agosto 2013

Ya sea instalados a las orillas de aceras o semáforos o simplemente pegaditos a líneas férreas, cualquier lugar que les dé la oportunidad de instalar su pequeño changarro es bueno, total se conforman con un par de pesos que puedan medio calmar el hambre. Así se rifan la vida miles de familias hondureñas. Las esperanzas de conseguir un empleo formal se les acabaron luego de varias entrevistas donde la respuesta siempre fue un rotundo NO. O como lo vivido por Doña Martha, quien se cansó de escuchar “usted tiene 50 años, la persona que necesitamos debe tener menos 35 años”. Ella ahora es una de las tantas mujeres que diariamente se instala en un punto de la ciudad de El Progreso para vender tortillas. Allí no le piden cédula para saber su edad, aunque su caminar pausado y sus arugas la delatan. Doña Martha es abuela de 5 niños, sabe que los 100 lempiras que con suerte hará a diario no ajustan para mantener una familia grande. Los padres de los pequeños son otros desempleados que en algunas oportunidades consiguen emplearse en la maquila o en franquicias de comidas rápida pero no pasan de ser dos meses o con suerte seis. ¡Ah! siempre y cuando no exijan ser contratados permanentemente ni quejen de las horas extensas de trabajo, la mala paga o denuncien los acosos y atropellos a lo interno de estos centros laborales. La gente quiere y necesita trabajar. Pero precisamente es el derecho a una chamba digna y bien remunerada el que más se pisotea en Honduras. Esa necesidad empuja a la población a tocar y abrir las puertas que los distintos gobiernos han cerrado. Cada uno de esos dos millones de personas que en la actualidad no encuentra trabajo son dos millones de historias de sufrimiento, de luchas dignas, pero también gente que ingresa a caminos oscuros de la criminalidad obligada por el hambre. Es bajo esta realidad y en tiempos electoreros que no debemos dejarnos dormir por cantos bien entonados de sirenas, donde los mismos siguen pidiendo oportunidades para generar empleos, sacar al país de la crisis profunda que vive, salvarnos de la inseguridad y criminalidad. Son precisamente esos quienes nos tienen metiditos en el hoyo de la corrupción, pobreza, inseguridad, violencia e impunidad. Buscar salir de ese agujero es cuestión de gente verdaderamente comprometida con esta nación llamada Honduras.


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