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“Dependemos de nosotros mismos” Nuestra Palabra | 26 Octubre 2012 Estamos acostumbrados a escuchar una frase que por ser repetida una y otra vez se hace usual en nuestro vocabulario y pláticas habituales. Decimos sencillamente “dependemos de nosotros mismos”. Proviene del argot futbolístico y de las competiciones deportivas cuando para clasificarnos afirmamos que no dependemos de segundos o terceros competidores. Y, también, lo hemos traslado al lenguaje coloquial tratando de decir que en cualquier tipo de proyecto que realizamos no dependemos de factores externos a no ser nosotros mismos. Con frecuencia en el ámbito del análisis social utilizamos diversos mecanismos para enfrentarnos a la realidad que está ante nuestros ojos. El primero de ellos es la “evasión” de todo tipo de responsabilidad histórica puesto que dejamos en manos de extraños las decisiones que debemos tomar nosotros pues nos afectan profundamente. Tienen que ver con nuestra identidad más profunda, con tomar las riendas de la historia en nuestras manos, asumir el control de los recursos naturales, de nuestros proyectos como nación, de nuestros sueños y de nuestras utopías. Es lo que hemos vivido con las “ciudades modelo” y el “proyecto neoliberal” asumido por nuestros gobiernos donde la activación económica, la inversión y la generación de empleos se deja en manos del capital extranjero, de las transnacionales o de las leyes migratorias del primer mundo. Un segundo mecanismo lo encarnan buena parte de los empresarios y del capital nacional pues “viven a la sombra” y protegidos por el capital extranjero; son burguesías que nunca desarrollan un proyecto propio a nivel político o económico. Son como el “caracol ermitaño” que necesitan de la concha de un molusco o de otro animal para vivir. El que hayamos sido considerados como “república bananera” por muchos lustros da una idea clara de esta realidad. Inclusive la “industria de la maquila” de la que nos sentimos tan orgullosos es un fiel reflejo de esta postura pues a fin de cuentas no somos más que un eslabón de una cadena que nos utiliza, en su origen y en su destino, para crear riqueza en el exterior. Un tercer mecanismo es el “victimismo” de nuestros discursos e ideologías por el cual justificamos todo tipo de coyunturas políticas y económicas. La lectura que se nos quiere imponer de lo vivido en el país a raíz del golpe de estado se orienta en esta dirección. Hemos sido víctimas de gobiernos izquierdistas, del socialismo del siglo XXI, del Alba, de las redes de Hugo Chávez o de una OEA dirigida por el socialista José Miguel Insulza. Y lo concretizamos en la lucha actual entre la agroindustria y la distribución equitativa de la tierra, entre Miguel Facussé y Cesar Ham, como director del INA. Lo mismo decimos del crimen organizado y del narcotráfico. Aunque podíamos mencionar otros mecanismos más que adoptamos social y culturalmente como respuesta a los desafíos de nuestra sociedad, señalamos el único que, con honradez y honestidad, nos haría salir del atolladero en que nos encontramos: para la mayor parte de los problemas políticos y sociales dependemos de nosotros mismos y de nadie más. No deja de ser indignante, injusto y cruel que en medio de esta crisis seamos descartados para acceder a la Cuenta del Milenio, que continúe la corrupción estamental y corporativa militar de grandes dimensiones como el “lanchazo”, o que al cumplirse el primer aniversario del asesinato de Alejandro Vargas y Carlos David Pineda aún no tengamos ningún resultado positivo, que haya obstáculos a la justicia y se utilicen los reglamentos internos que impiden una depuración policial. Lo más perverso es que estos mecanismos socio-culturales están insertos en todos los sectores de la sociedad, y no sólamente en los grupos de poder. Y mientras justifiquen y nos justifiquen como país nunca podremos decir que para construir el presente y el futuro “dependemos de nosotros mismos”.

"Dependemos de nosotros mismos"  

Editorial, Radio Progreso y Eric-SJ

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